El nuevo dilema del Vaticano: los gatos de Benedicto XVI

Si bien el Papa ya se instaló en la tercera planta del Palacio Apostólico, aún no se sabe si los dos felinos que lo acompañaban se mudarán con él

El Papa Benedicto XVI se instaló ayer definitivamente en la tercera planta del Palacio Apostólico Vaticano, sin que trascendiera aún si lo acompañarán los dos gatos que tenía en su anterior residencia.

De Joseph Ratzinger se sabe que le gustan los gatos y que en su apartamento en la plaza Cittá Leonina, cercano al Vaticano, había dos de esos felinos.

También la familia Ratzinger tenía gatos cuando Joseph era pequeño, un interés por los animales que el actual Pontífice mantuvo en el transcurso de los años.

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Si bien de su apartamento anterior Benedicto XVI se llevó todas sus pertenencias, en especial libros, se desconoce si los dos gatos forman parte de ese bagaje y si a partir de ahora se les verá por los pasillos del Vaticano.

La mujer encargada de cocinar para el Papa, la alemana Agnes Heindl, señaló en días pasados que el Pontífice "ama a los gatos, los acaricia y los tiene en brazos. Parece que con él siempre están a gusto".

El cardenal Tarcisio Bertone, actual arzobispo de Génova y en el pasado vecino de edificio de Ratzinger, confirmó esa afición por los felinos domésticos.

En una reciente entrevista a un diario italiano, aseguraba que cuando el anteriormente cardenal Joseph Ratzinger veía un gato por la calle, "lo saludaba y le hablaba y el gato, fascinado, le seguía, hasta el punto de que a veces lo acompañaban hasta el Vaticano una docena y tenían que ser alejados por los guardias suizos".

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