Los hombres de ahora ya no son los de antes. Igual que las mujeres, los hombres fueron cambiando al ritmo que les impuso la vida y sus urgencias, las nuevas culturas y sociedades, que hicieron de él un ser menos acartonado y cercano a los afectos genuinos.
En la medida en que el mercado abría sus puertas a la participación de la mujer, lo que solía pensarse como "propio" de cada género se fue desdibujando. Ya no encontramos sólo a la mujer en la cocina criando niños; la hallamos en la oficina en una reunión, mientras en la cocina un hombre disfruta con su hijo de la cena.
El hombre de antes aparece ligado a la formalidad, a la seriedad, a la fortaleza sin suavidades. El hombre de ayer no se permitía llorar, flaquear, ni cambiar pañales o preparar el baño del bebé.
El hombre de antes amaba con la misma intensidad, pero de otra manera. Básicamente debía ser un hombre proveedor: asegurarse de que no faltara nada. Al mundo de los sentimientos lo envolvía una atmósfera casi femenina.
Deportes rudos, competencia, no permitirse la debilidad, ganar. No ha cambiado, es cierto. No se ha tornado un hombre femenino. Ha ganado: se ha tornado un hombre flexible.
La vieja prohibición de llorar
Llorar es cosa de mujeres. Y cocinar, limpiar la casa, cuidar los niños, lavar la ropa. Pero las "divisiones" no atañen exclusivamente a la división de actividades. Nuestra cultura está organizada en torno a definiciones de lo masculino y lo femenino.
De acuerdo a un estudio realizado por el portal Latin Salud, las palabras de fuerte connotación: poder, dinero, trabajo, deporte, ganar; tienen un peso masculino. Son, de hecho, palabras de género masculino: el poder, el dinero, etc. En cambio aquellas palabras que nos introducen en un universo suave, tierno, son palabras que asociamos a lo femenino: ternura, compasión, suavidad, caricia, compañía, contención.
No ignoramos que a la hora de definir roles y funciones, estas "reglas" invisibles presentes en nuestra cultura idiomática tienen peso. Son producto de lo que, en cuanto a sociedad, hemos ido depositando en cada uno de los géneros, favoreciendo una oposición que los tornaba incompatibles.
Los hombres fueron enseñados a ser fuertes, a formarse para mantener el hogar. Y hoy día, se encuentran con que estos principios que organizaron el mundo masculino durante siglos, ya no son exclusivos de él. Las mujeres se vieron compelidas a ser fuertes, a mantener el hogar, a pelear como un hombre en el terreno laboral. Y algunas lo disfrutan y lo integran.
Los hombres están haciendo lo mismo. Se están despojando del prejuicio de lo femenino ligado a determinadas actividades y pudiendo encontrar un espacio, fuente de placer y afecto, hasta entonces vedado
Fuerte pero suave
Duro, pero tierno. Fuerte, pero suave. ¿Quién no ha escuchado estas fantasías en boca de mujeres imaginando al hombre perfecto?
No es perfección, claro, pero es un paso hacia la integridad. Un hombre que se permite a sí mismo descansar de los roles exigidos y atreverse a bucear en otros, es un hombre que tendrá mejores herramientas para enfrentar los cambios.
Un hombre que decide que la educación de sus hijos no es simplemente el relato que la madre haga de ello, o el ejercicio de la autoridad indiscutible, es un hombre que tendrá el beneficio de la confianza y no del temor de sus hijos.
Descubrir la ternura sin pudores, aprender a jugar, parecen razones para mujeres, pero pueden transformarse en un desafío para hombres educados en una tradición competitiva.
Hay hombres que eligen delegar trabajo, oportunidades y dedicar parte importante de su tiempo a criar sus hijos. Y se los ve paseando carritos con niños en los parques, en horario laboral.
Hombres que participan de las reuniones escolares, hombres que se atreven a hablar de su educación con sus propios padres. Hombres que han capitalizado la experiencia dura del divorcio para encontrar un espacio nuevo y único con sus hijos, sin una mamá que medie. Se ven hombres acompañando a sus hijos en el crecimiento, con una compañía más afectiva, no sólo asistencial. Hombres modernos que van encontrando espacios para lo que fue celoso dominio de lo femenino.
Fuente: LatinSlud.com