Un camillero acusado de violar en el baño de una habitación del Hospital Privado Regional (HPR) de Bariloche a una paciente de 91 años en junio del año pasado -hecho por el que pasó 10 meses preso- fue absuelto ayer por la Cámara Segunda Penal local.
La sentencia se basó en la "absoluta" falta de pruebas, tanto para sostener la existencia de la violación de la anciana como para demostrar la culpabilidad del imputado, Enrique Baeza, de 36 años, casado y padre de tres hijas.
La abuela denunciante falleció 10 días después de haber sufrido la supuesta violación, por la enfermedad que la llevó al HPR, un mal que le provocaba hemorragias vaginales.
El acusado por la presunta víctima permaneció 10 meses en la cárcel y ayer a las 15,30 quedó inmediatamente en libertad, en medio de un emocionado festejo de sus familiares, amigos y compañeros de trabajo del hospital.
El juez César Lanfranchi, redactor del voto al que adhirieron sus colegas Miguel Angel Lara y Héctor Leguizamón Pondal, destacó las contradicciones del testimonio más contundente contra Baeza, brindado por la compañera de cuarto de la presunta víctima, otra anciana.
Esta mujer había dicho que la abuela fue llevada por Baeza al baño en dos oportunidades, y tras la puerta cerrada escuchó a la mujer quejarse porque le introducía algo duro.
Agregó que al salir e irse el camillero de la habitación, la abuela rompió en llanto. Y que al preguntarle qué le pasaba, respondió que había sido violada por el camillero.
Lanfranchi demostró cómo la testigo fue modificando su declaración desde que la realizó ante la policía en la clínica, y meses después, ante el juez de instrucción y luego frente al tribunal. Cambió aspectos esenciales y magnificó sus dichos.
El juez contrastó la declaración de la compañera de la presunta víctima con testimonios de un médico que estuvo en la habitación entre las dos violaciones denunciadas, y con dichos de enfermeras y personal de la clínica.
En todos los casos, el análisis de Lanfranchi resultó en descrédito del testimonio de la compañera de la presunta víctima, poniendo en evidencia su falta de verosimilitud.
Así arribó a las declaraciones de la denunciante. Primero ante la policía, en el HPR, donde dijo que había sufrido sólo un manoseo, sentada en el inodoro, que le produjo un ardor.
Luego, meses después, de nuevo ante la policía pero en una comisaría, aseguró que el enfermero la puso de pie, de cara contra la pared, y le introdujo algo "como un caño en la cola".
También en este caso el juez entendió que la mujer fue cambiando y agigantando su percepción de la historia, además sugestionándose en charlas con su compañera de habitación.
Además, una pericia mal realizada al camisón y a la bombacha de la abuela por el servicio forense de los tribunales barilochenses, hizo pensar en principio a los funcionarios judiciales que había semen en las prendas.
A eso se sumó que la anciana también tenía una lesión anal, que podía deberse a un abuso sexual, o bien al paso de un bolo fecal producto de un estreñimiento.
Una bioquímica, primero, y el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la UBA luego, desarmaron el estudio original, señalando que no podía asegurarse que fuera semen la muestra analizada.
Entonces el juez concluyó, en base a un estudio médico forense, que la lesión se debió a la liberación del estreñimiento.