Aconsejan aprender a manejar emociones negativas de gente poco amigable y malhumorada, antes de que la situación juegue en contra.
Al parecer, si el comportamiento de un colega interfiere en el trabajo propio deberá encontrarse el camino para solucionar el problema, y si no interfiere habría dos opciones: ignorar la situación o convivir con ella.
Sin embargo, la persona puede desconocer el malestar que causa su actitud, ante lo que habrá que darle la oportunidad para que sepa qué es lo que de su accionar incomoda. Habrá que hacérselo saber, siempre en privado y fuera del ámbito laboral.
Descartado está intentar empezar a resolver el problema con el gerente: a él siempre se le llevan los asuntos resueltos.
Contar hasta diez antes de reaccionar, mantener la calma y pensar cuál será la mejor manera de abordar al colega es lo que aconsejan los profesionales. Como última instancia pedir ayuda para encontrar el mejor camino: un amigo, un compañero u otro supervisor pueden ayudar.
No perder el objetivo principal de vista puede ser otra alternativa a la resolución del conflicto. Es decir, pensar por qué está trabajando en ese lugar (por dinero, crecimiento personal, horario, etc) y evaluar qué se pierde y se gana en caso de no resolver la situación.
Nunca debe referirse a la otra persona con tono acusador. Aunque puede no ser fácil cuando se está enojado, aconsejan no actuar en esos momentos y hacerlo más tarde, siempre siendo firme, al mismo tiempo que afable.
Con la idea clara de que lo importante no es ganar una batalla sino resolver un problema generalmente se aclara el conflicto.
Ahora bien, si después de intentarlo no se consigue cambiar nada, habrá que hablar del tema con el gerente, explicarle la situación lo más objetivamente posible (no intentar convencer al supervisor cuán mala es la otra persona) y pedir ayuda o sugerencias para solucionar lo que preocupa.