"Tengo seis hijas", declaró el príncipe, en estas entrevistas realizadas entre 2001 y 2003 que fueron publicadas el martes en un suplemento especial de 24 páginas con fotos. Un libro que reúne esas conversaciones también salió a la venta este martes.
Oficialmente, el príncipe Bernardo sólo tuvo cuatro hijas, con la reina Juliana: la actual soberana, Beatriz, y las princesas Irene, Margarita y Cristina.
"Una se llama Alexia, la otra Alicia", agregó el príncipe. El nacimiento de Alexia, una francesa de 37 años, era un secreto a voces en Holanda. En cambio, se ignoraba la existencia de Alicia, que vive en Estados Unidos y tiene unos 50 años. "Hay que dejarla tranquila", pidió el príncipe.
En esas entrevistas, relizadas sin que lo supieran el servicio de información del Reino (RVD), la reina Beatriz y el primer ministro Jan Peter Balkenende, el príncipe Bernardo se refiere abiertamente a sus numerosas relaciones extraconyugales.
El príncipe, de origen alemán, sostiene que jamás fue miembro del partido nazi. "Puedo jurarlo con una mano sobre la Biblia, yo nunca fui nazi", insistió.
También desmintió enérgicamente las informaciones sobre la magnitud de la fortuna de la familia de Orange y lamentó que los diversos gobiernos no hubieran luchado más activamente contra lo que calificó de informaciones falsas sobre él.
Un día después de su muerte, se había publicado otra entrevista póstuma en la cual el príncipe Bernardo reconocía haber recibido sobornos del fabricante de aviones norteamericano Lockheed, como se sospechaba en 1976, antes de que fuera rehabilitado.
Esta confesión no afectó el cariño de los holandeses por este príncipe que encabezó la resistencia al nazismo. Más de 40.000 personas hicieron cola pacientemente a pesar del frío la semana pasada para rendirle homenaje, y eran muchos más el sábado a lo largo del recorrido que siguió su convoy funerario para su entierro en Delft.
En el diario Volkskrant, el príncipe afirma que pidió un millón de euros para el Fondo Mundial de Protección de la Naturaleza (WWF), fundado por él y que presidió durante mucho tiempo, y nada para él mismo.
Las confidencias del príncipe en Volkskrant desataron inmediatamente fuertes reacciones en Holanda, donde las declaraciones de los miembros de la familia real son habitualmente muy controladas por el RVD.