El revuelo entre las chicas que armó el músico durante su fugaz visita a la Argentina fue intenso. Mucho se habló sobre la afortunada que pasó la noche con él en la lujosa suite del Four Seasons. Se rumoreó que Williams quedó encantado con la belleza de Silvina Luna y que la habría invitado a acercarse hasta el hotel donde se hospedaba. También se habló sobre un supuesto affaire con la pulposa Luciana Salazar.
Sin embargo, la elegida por el ex Take That fue Amalia, una joven oriunda de Rosario de 23 años de edad, que acudió al recital de Videomatch como una mera espectadora de tribuna.
La muchacha contó en Radio 10: "Me invitó un amigo que yo tengo en la producción del canal. Cuando llegué al estudio, me senté en uno de los costaditos. Robbie nunca reparó en mí porque yo estaba más bien escondida?.
Lógicamente, y como era de esperar, el cantante centró su atención en el grupo de modelos que Marcelo Tinelli había invitado a su programa.
?Una vez que finalizó el programa, mis conocidos de la producción me invitaron al hotel a llevar unas cosas, y después de ahí, iban a llevarme a Retiro, donde me iba a tomar el colectivo a Rosario?, contó Amalia, aún sin creer lo sucedido.
Según la joven, cuando arribaron al hotel se sentaron en una mesa del lobby, lejos de la muchedumbre que agasajaba al músico. Fue en ese momento, cuando él hizo su aparición. ?Estábamos charlando cuando, de repente, todos los que estaban conmigo dejaron de hablar. Miro para al costado y veo, a mi lado, a Robbie?.
Era el mismísimo Robbie Williams, a quien Amalia le ofreció (siempre traductor mediante) enseñarle a bailar cumbia, moviendo la cola y los hombros. ?Vos tenés que mover la cola?, murmuraba la rosarina. El, se reía.
Diez minutos más tarde, ocurrió lo esperado. Gente del artista se acercó a buscarla, con la excusa de que había quedado ?encantadísimo? con ella y que, ?sin ningún compromiso?, quería conocerla.
Sin pensarlo dos veces, la Cenicienta aceptó la propuesta y, una vez en la habitación, conversaron ?de todo? a través de dos notebooks que tenía el músico (él habla poco castellano y ella, poco inglés).
Si bien todos quieren saber qué ocurrió cuando las palabras empezaron a sobrar, pero la joven optó por dejar la cuestión en suspenso. Tan sólo se animó a develar que estuvieron juntos desde las dos hasta las nueve de la mañana y que pasaron una magnífica noche. Habló sobre la caballerosidad del carismático astro, quien todo el tiempo le preguntaba cómo estaba, qué necesitaba, si se sentía bien...
Pero, como todo cuento de hadas, llegó la mañana siguiente, y con eso, la despedida. Bye bye, Robbie.