El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha recibido críticas por su aparente gusto por las bebidas alcohólicas, hizo un brindis con aguardiente en un homenaje en Brasilia a su homólogo ruso, Vladimir Putin, quien no bebe.
"Aunque el presidente Putin diga que no aprecia las bebidas con alto grado alcohólico, vamos a conmemorar su presencia en Brasil con una cachaça típicamente brasileña", declaró Lula tras un almuerzo que ofreció al gobernante ruso en el Palacio do Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.
El mandatario brasileño, quien bebió un típico aguardiente nacional, con el que se prepara la "caipirinha", que también lleva azúcar y zumo de limón, se molestó bastante con un reportaje publicado en mayo pasado por el diario estadounidense "The New York Times", que aludía a supuestos problemas de Lula con el alcohol.
La indignación del gobierno brasileño fue tal que decidió en esa ocasión cancelar el visado de trabajo del corresponsal del rotativo en Brasil, Larry Rohter, que ante esa situación debía abandonar el país.
No obstante, la presión de varios sectores de la sociedad y el envío de una carta en la que Rohter explicaba que no tuvo la intención de ofender a nadie, la cual fue interpretada por el gobierno de Brasilia como un pedido de disculpas, hicieron que Lula suspendiese tal cancelación.
Durante el almuerzo en la sede de la Cancillería brasileña, Lula aseguró haber aceptado una invitación de Putin para visitar Rusia, pero no fue fijada ninguna fecha.
Recordó que cuando era líder sindical en los años 80 intentó varias veces hacer una gira por ese país, pero no obtuvo el visado correspondiente.
Putin, quien llegó a Brasil ayer, domingo, y hoy acordó con Lula impulsar una mayor integración comercial y tecnológica entre las dos naciones, viajó esta tarde a Río de Janeiro, desde donde tiene previsto dejar mañana, martes, el país.