Completamente remodelado, el Moma de Nueva York reabre sus puertas

La reapertura, a dos años y medio de iniciado el proyecto de ampliación, conmemora el 75 aniversario del Museo, que ostenta la colección de arte moderno y contemporáneo más importante del mundo

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(EFE).- El Museo de Arte Moderno (Moma) reabre sus puertas el 20 de noviembre tras una ambiciosa remodelación de su sede en Nueva York, que viene a aportar un contexto más apropiado para apreciar y albergar su creciente colección.

Elegante, de elevados techos y fachada de cristal y piedra, el  nuevo Moma es una pieza de colección en si misma, obra del  arquitecto japonés Yoshio Taniguchi, conocido por el diseño de otros  ocho museos.

El nuevo edificio, construido a un coste de 425 millones de  dólares, tiene ahora dos fachadas y entradas -una en la calle 53 y  la otra en la calle 54- y su área se duplicó de 35.000 a 58.000  metros cuadrados.

Las galerías y áreas de exhibición se ampliaron a 11.000 metros  cuadrados, mientras que el jardín de esculturas, un oasis urbano que  acoge 31 obras de artistas célebres, como Pablo Picasso y Alberto  Giacometti, se amplió a 2.000 metros cuadrados.

La expansión del Moma comenzó tras el lanzamiento de una campaña  de recolección de fondos a finales de 1998 que permitió iniciar las  construcciones a principios del 2001.

Durante la remodelación, el museo se mudó a una fábrica ubicada  en el condado de Queens, cuyo acondicionamiento se financió con  parte de un fondo de 725 millones de dólares que hasta ahora han  donado y prometido particulares, entes públicos y privados.

La campaña de financiación del Moma tiene como meta 858 millones  de dólares, que cubrirían los costes de construcción y renovación de  la sede, la compra de nuevos terrenos y la instalación de la sede  temporal en Queens, entre otros.

Algunos críticos señalan que el alto coste de la expansión se  cobrará ahora los visitantes con el nuevo precio de la entrada, que  pasó de ocho a 12 dólares, un aumento del 67 por ciento.

"Este precio de entrada convierte al Moma en uno de los museos  más caros del mundo", dicen los activistas de www.freemoma.org, para  quienes los beneficios educativos y culturales del museo podrán ser  ahora disfrutados sólo por la elite.

El diseño de Tanaguchi eleva a seis los pisos del Moma y tiene  como eje central un amplio atrio con un techo de 33 metros de alto,  alrededor del cual se han dispuesto las galerías que albergan su  colección de 150.000 esculturas, pinturas, dibujos y fotografías.

En el atrio se alzan una impactante escultura de Barnett Newman,  "Broken Obelisk", la pintura "Water Lillies", de Claude Monet, y  obras de artistas como Willem de Kooning y Jasper Johns.

La amplitud de las nuevas galerías permite contemplar mejor obras  de escala monumental como "F-111", de James Rosenquist, una pintura  de 26 metros de ancho por tres de alto, y la apropiadamente titulada  "Escultura para una pared larga", de Ellsworth Kelly.

Pero el rasgo distintivo del nuevo edificio son las ventanas que  permiten la entrada de luz natural y que hacen que la arquitectura  de Manhattan sea parte de las galerías.

La amplitud de las salas sin columnas y techos altos elimina la  sensación de rigidez de la "caja blanca" con la que tradicionalmente  se asocia a las galerías.
Es la idea del "museo sin paredes", donde las ventanas dan  respiro a las obras, a las galerías y a quienes las visitan.

"Taniguchi ha expuesto al museo a la ciudad, dejando a los  visitantes crear una nueva relación entre las galerías y el paisaje  exterior a través de las aberturas de cristal dispuestas en las  paredes", dijo a la prensa Glenn Lowry, director del Moma.

El museo abre al público el 20 de noviembre con entrada libre por  ese día y una serie de exhibiciones temporales, incluida una que  presenta los museos diseñados por Taniguchi.

Pero el plato fuerte de la reapertura es la colección permanente,  que se presenta bajo nuevas ópticas de los comisarios de los  departamentos de pintura, escultura, dibujo, fotografía, diseño,  arquitectura y nuevos medios.

La nueva disposición de la colección, más coherente y fluida, es  una placentera experiencia visual que recorre desde los albores del  arte moderno hasta adquisiciones recientes de arte contemporáneo,  entre ellas nueve piezas donadas por los venezolanos Patricia Phelps  y Gustavo Cisneros.