La promiscuidad, otra faceta de la China moderna

Según una encuesta, los chinos lideran un particular ránking de países. El dato causa conmoción en una sociedad conservadora

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Los chinos se convirtieron en líderes en promiscuidad en 2004, por delante de los brasileños, y aumentaron su preocupación por el sida y la duración de sus coitos, según una encuesta internacional.

Realizado entre 350.000 personas de 41 países por el fabricante de preservativos "Durex", el estudio revela que los chinos, que confiesan haber tenido una media de 19,3 parejas, son los más promiscuos del mundo, por delante de los brasileños (15,2), y de sus tradicionales enemigos, los japoneses (12,7).

El dato, de ser cierto, es chocante en una sociedad que durante milenios ha venerado la castidad, tiene en la familia uno de sus pilares fundamentales, es conservadora de forma recalcitrante y, en 2002, registraba un 70 por ciento de chinos fieles a una única pareja sexual.

"Aunque volvernos más conscientes sobre el uso del preservativo no hace daño a nadie", añadía el artículo de opinión al referirse a otro de los resultados.

Los chinos han pasado de encabezar la lista de sexo sin protección con un porcentaje de hasta el 70 por ciento en 2003, a ser de los más precavidos del mundo en 2004, cuando sólo un 31 por ciento confesó no usar un preservativo en su primer encuentro sexual con una pareja desconocida.

Si la frecuencia con que los chinos hacen el amor se ha reducido desde 132 coitos anuales en 2003 hasta los 90 actuales (la media mundial es de 103), la duración se ha prolongado hasta 20,1 minutos, situándolos en el puesto 13 y no lejos de los campeones británicos (22,5 minutos), un dato que rompe con clichés sobre China.

Sin embargo, su porcentaje de orgasmos por coito, 19 por ciento, los sitúan al final de la lista (junto con la mayoría de países asiáticos), este año encabezada por Italia (61 por ciento), mientras que la media mundial es del 35 por ciento.

El perfil sexual de los chinos, según Durex, es revelador: se inician a los 18 años, muy lejos de los precoces islandeses (15,7), pero reciben educación sexual a los 13,7 años (los alemanes a los 11,3), la mayoría en la escuela (26 por ciento) o por enseñanzas paternas (22).

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