Apelan lapidación de nigeriana por adulterio

El tribunal islámico explicó que la mujer fue hallada culpable de tener un embarazo extra marital, lo que la convierte en una adúltera

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(EFE).- La familia de Hajara Ibrahim, joven de 29 años a quien un tribunal islámico del norte de Nigeria sentenció a muerte la semana pasada por adulterio, ha apelado la sentencia diciendo que el supuesto delito no existe ya que nunca se casó.
 
En el caso de una mujer soltera, el delito habría sido de fornicación, punible por la "sharia" con cien latigazos.
 
En su alegato ante el tribunal de apelaciones, el padre de la sentenciada, Ibrahim Auta Liman, dijo precisamente que si bien él entregó en matrimonio a su hija a un hombre del vecino estado de Nasarawa, también en el norte del país, el mismo nunca fue consumado dado que Hajara rechazó a su prometido.
 
La joven confesó durante el juicio que había mantenido relaciones sexuales con Dauda Sani, un hombre de 35 años quien, según ella, le había prometido desposarla, pero el hombre, también acusado del mismo delito, afirmó que ni siquiera conocía a la mujer y fue absuelto inmediatamente por falta de pruebas.
 
Hajara se encuentra en libertad y ha quedado en custodia de su madre hasta que, agotadas todas las instancias de apelación, llegue el momento de su ejecución.
 
El tribunal dictaminó que la sentencia sólo podrá ser aplicada después de que la joven dé a luz y una vez que termine la lactancia del bebé.
 
La mujer expresó su indignación ante la sentencia a muerte emitida por la corte, especialmente porque su compañero de "delito" fue liberado sin más pruebas que sus propias palabras.
 
"Dauda Sani, el único hombre al que he conocido (carnalmente) en mi vida y quien es responsable de mi embarazo, ha sido puesto en libertad por el tribunal", reprochó la joven en declaraciones a un periódico local.
 
Los preceptos de la "sharia", pasados oralmente de una generación a otra, dictaminan las reglas de comportamiento por las que deben regirse los musulmanes.
 
El código prevé condenas como flagelación, amputación de manos y pies, y la muerte por lapidación o ahorcamiento, según la gravedad de los delitos.
 
Ninguna de las sentencias a muerte dictadas contra una media docena de personas, en su mayoría mujeres, ha sido aplicada ya que algunos de los casos están pendientes de confirmación en los tribunales y otros han sido rechazados.
 
El primero de esos casos y que acaparó mayor atención internacional fue el de Amina Lawal, condenada a morir lapidada en marzo de 2002 por un tribunal del estado de Katsina, que también la halló culpable de mantener relaciones adúlteras, de las que nació su hija Wasila.
 
En septiembre del año pasado un tribunal islámico de apelación rechazó la condena "por defectos técnicos".Durante el juicio, Amina, quien se casó por primera vez a los 14 años y tiene otros cuatro hijos, dijo que tras divorciarse a finales de 2000 mantuvo una relación sentimental con un vecino de su aldea pero que sólo tuvo relaciones sexuales con él después de que éste prometiera desposarla.
 
La joven fue detenida por sus propios familiares y vecinos y llevada ante el tribunal, que la condenó de inmediato a morir lapidada pero exoneró a su amante por "falta de pruebas".