Pablo Milanés y un contacto íntimo con el público porteño

El cantautor cubano se presentó anoche en el estadio Luna Park en un recital emotivo que contó con invitados de la talla de Pedro Aznar, Fito Páez y Juan Carlos Baglietto

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Pablo Milanés regresó a los escenarios porteños después de tres años de ausencia con un recital intimista y emotivo que hizo las delicias de la multitud que colmó el Luna Park y que ofreció su silencio y atención a un repertorio que combinó clásicos con canciones reunidas en su más reciente álbum "Días de gloria".

Integramente vestido de negro y al frente de un correcto sexteto instrumental que nunca presentó, el artista que junto a Silvio Rodríguez y Noel Nicola impulsó el Movimiento Nueva Trova Cubana, gozó de un clima de admiración y respeto casi totalmente ayuno de referencias políticas.

Inmerso en esa tendencia, el vocalista apenas si tocó esa veta testimonial a la hora de los bises cuando entregó otra inolvidable versión de "Yo pisaré las calles nuevamente", el himno propio referido al Golpe de Estado de 1973 que arrancó a Salvador Allende de la presidencia de Chile y engendró una más de las sangrientas dictaduras del continente.

Sin esa carga política y combativa, el trovador abordó la universalidad del amor a partir de una poesía siempre rica en imágenes que brilló en su impecable y dulce decir.

Canciones de su última placa como "Vengo naciendo", "Jacarandá", "Otoño", "Cuánto gané", "En saco roto", "Nostalgias", "Exodo" (que dedicó a "los cubanos que no están viviendo en nuestro país por uno u otro motivo") y "Días de gloria", que compartió con el aclamado Pedro Aznar, fueron el aperitivo hacia un programa más conocido.

Antes de asomarse a varios de las piezas esenciales que creó en casi cuatro décadas de actividad, estrenó, sólo acompañado por su guitarra, el tema "Yo no sé" y entonces arremetió con "Canción" (sobre un poema de su compatriota Nicolás Guillén) y "De qué callada manera".

La presencia de Fito Páez, segundo de los cuatro invitados locales, propició "Sábado corto" e inició una seguidilla de alto impacto integrada por "La soledad", "Comienzo y final de una verde mañana" y, en una nueva dedicatoria a Mercedes Sosa -sentada en la tercera fila de la platea- el precioso "Mírame bien".

Cuando aún no se habían acallado los ecos de ese tributo romántico, el también autor de "La vida no vale nada" y "Pobre del cantor", anunció otra dedicatoria para "La Negra" pero, esta vez, dijo: "Mi reina lo va a cantar desde allá" y se armó un improvisado pero efectivo dueto para recorrer "Años".

La coreada "Yolanda" y la bella "El breve espacio en que no estás" que compartió con el rosarino Juan Carlos Baglietto, prologaron los también conocidos temas escogidos para bises que fueron "Para vivir", "Yo no te pido" y en la que definió como "la canción de una mujer maravillosa de América latina" se despidió con "Gracias a la vida", de la chilena Violeta Parra.

Plenamente recuperado de su enfermedad, el artista, de 61 años, redondeó una actuación a la altura de su presente estético en que lo romántico y lo reflexivo son más protagonistas que lo ideológico y el público, en silencio como en misa, se sumó a esa invitación y celebró la propuesta.

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