Testigo clave de triple crimen no pudo declarar por estrés

La mujer, de 73 años, pudo sobrevivir al ataque, en Cipolletti, de un sujeto que todavía no logró ser identificado. En un manuscrito, describió al hombre como ?flaco, chiquito, tenía pelo corto, negro y lacio, de cantidad normal y la piel blanca"

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Ketty de Bilbao, la única sobreviviente del triple homicidio del laboratorio de Cipolletti, ocurrido el 23 de mayo de 2002, no pudo declarar ayer en el juicio a dos hombres por este hecho, debido a que padece un cuadro de "estrés postraumático".

La testigo, de 73 años, es "clave" para poder determinar si el crimen de la psicóloga Carmen Marcovecchio, la bioquímica Mónica García y la paciente del laboratorio Alejandra Carbajales fue cometido por más de un hombre.

La mujer había sido convocada a la nueva audiencia del juicio oral contra David Sandoval y Orlando "Clavo" Sandoval acusados de ser autor y encubridor del hecho respectivamente, ya que logró sobrevivir al ataque de un hombre que aún no ha sido identificado.

En un manuscrito que la mujer envió al juez de la primera etapa de la investigación no dio pistas concretas de quien la atacó con un cuchillo, le disparó un balazo que le rozó la cabeza y la roció, al igual que a las otras víctimas, con ácido asético.

"No quiero acordarme. Es muy triste. Yo entré y estaban en el suelo gritando. Yo le dije qué pasaba y él me dijo que era una desgracia porque yo había ido. Vi el revólver en el suelo y lo pateé. El decía que en 15 minutos lo pasaban a buscar. Me dijo que me arrodillara y yo lo hice ahí", había precisado Ketty de Bilbao.

"Ahí me dijo que me acostara y yo lo hice. Ahí me pegó", describió en esa nota manuscrita.

Describió al atacante como "flaco, chiquito, tenía pelo corto, negro y lacio, de cantidad normal y la piel blanca".

Este relato con algunos detalles más, Ketty de Bilbao los ratificó en la única declaración ante la justicia que prestó el 15 de diciembre del año pasado.

Las secuelas del ataque que sufrió la única sobreviviente del crimen del laboratorio fueron descriptas hoy ante el Tribunal por su hija, Beatriz Bilbao.

"Mi mamá quedó sorda del oído derecho por el ácido, tiene asma crónica, una angustia muy grande. Tiene sensación de culpa y a veces dice que preferiría estar muerta por no poder ayudar", aclaró angustiada su hija.

"No sale, esta sola, encerrada, enferma, no podemos salir como antes a hacer compras, ni asiste a los actos escolares de sus nietos. Mi mamá está privada de su libertad", dijo Beatriz Bilbao.

El día del crimen, Beatriz llevó a su madre al Laboratorio para avisar que al día siguiente se iba a demorar para hacerse un análisis.

En la audiencia de hoy contó que mientras su madre estaba en el interior del laboratorio no notó nada raro. Vio la figura de una persona en el interior pero no le llamó la atención.

Ella estaba junto a sus dos hijos en su vehículo estacionado frente al laboratorio y decidió dirigirse a la entrada cuando vio a un hombre cerrar con llave la puerta.

"Me acerqué porque no entendía por qué razón estaba cerrando la puerta. Era una persona joven, tenía un buzo azul con la capucha puesta y siempre me dio la espalda", explicó la testigo.

Añadió que mantuvo un breve diálogo que recordó textualmente. "¿Y las bioquímicas?", dijo que le preguntó al hombre. "Están adentro", le contestó. "Llámelas", aseguró que le pidió. "Llámelas usted", la respondió en forma lacónica.

Beatriz agregó que luego el hombre tomó una bicicleta que estaba a un lado y precisó que en ese momento pudo distinguir que en una mano tenía una botella que se presume era la que había utilizado con ácido para rociar a sus víctimas.

La defensa de David Sandoval sometió al imputado a dos pruebas frente a la testigo. Le pidió al acusado que levantara sus manos porque la mujer había descripto las manos de esa persona con la que se topó como "delgadas, bien cuidadas".

Las de Sandoval son todo lo contrario y tanto la descripción física de ella como la de su madre no coinciden con las características físicas de Sandoval.

Para el abogado de la querella, José Ignacio Gerez, hoy se reforzó la hipótesis de la participación de otro hombre además de Sandoval, que hasta ahora no ha podido ser identificado.

En cuanto al acusado, para Gerez está claro que estuvo en la escena del crimen por las huellas digitales halladas en el baño y en las canillas del baño del laboratorio.