"Una joven de vestido blanco abandona el vaso sobre la mesa del salón bailable y sale corriendo con la chaqueta de un hombre sobre los hombros. Él, que acaba de conocerla, la sigue. Es medianoche y la mujer se adentra en el cementerio. La pierde de vista y recupera luego sólo su rastro: la chaqueta abandonada con prisa sobre una tumba, la tumba de ella, que era nada más que un fantasma", afirma la prensa en los EE.UU.
Se trata de la introducción a un nuevo tour que proponen para Buenos Aires. El tour fantasmagórico o Visitas a fantasmas.
Recorre "envenenadoras", refiriéndose así a lugar en el que habitaba la temible Yiya Murano, que envenenaba a sus acreedoras. Mujeres enterradas vivas, hombres obsesionados por matar a infantes, ánimas del Museo Fernández Blanco, parejas de recién casados arrollados por el tren y valses del más allá en medio de la noche son sólo algunos de los puntos del recorrido.
Todos ofrecen las historias de sus vidas a través del relato de una cuentista en los novedosos ?ghost tours? de Buenos Aires.
Estos recorridos turísticos nacieron en medio de la búsqueda de ofertas alternativas para hacer frente a la gran cantidad de turistas que visitan actualmente la ciudad. Según datos oficiales, en las últimas vacaciones de invierno (en julio pasado) fueron 542.310 las personas que visitaron Buenos Aires ?un 14 por ciento más que el año pasado?, de las cuales el 51 por ciento provino del exterior.
Los que se animan a realizar este circuito se suben a un ómnibus especialmente ambientado, con telarañas colgadas del techo, guirnaldas de esqueletos y música de películas de terror como telón de fondo. El viaje al horror dura tres horas y recorre distintos barrios de Buenos Aires, desde las iluminadas avenidas hasta los barrios periféricos y oscuros.
?La dama de blanco?, como se conoce actualmente a la joven que desaparece entre las tumbas del cementerio de la Recoleta, es una de las historias que más conmueve.
Se llamaba Rufina Cambaceres, tenía 19 años y un novio muy buen mozo en el que aparentemente también había puesto los ojos su propia madre, la suegra. Cada noche, la señora entrada en años daba a su hija un somnífero para poder disfrutar del joven pretendiente. Pero una vez, la dosis fue demasiado alta y Rufina murió.
El cajón con su cuerpo fue depositado en la bóveda familiar. Desde entonces, Rufina asusta con ruidos extraños a los cuidadores del cementerio. El féretro tiene arañazos y rastros de golpes de la joven, sepultada en vida. El novio se suicidó poco después.
Los vecinos del barrio de Parque Lezama sentaron sobre uno de estos dramas una tradición que lleva ya años y que consiste en colgar cada 30 de enero pañuelos blancos en las rejas de una iglesia semiabandonada.
Los pañuelos enjugan las lágrimas de Felicitas Guerrero, muerta ese día de 1876 en ese lugar, por un amor nunca correspondido. El fantasma deambula detrás de las rejas. La iglesia es el lugar de Buenos Aires donde menos bodas se celebraron.
Santos Godino, conocido como ?el Petiso Orejudo?, es quizás uno de los asesinos reales más populares y siniestros de Buenos Aires. De niño, su padre lo entregó un día de 1906 a la policía, diciendo que no podía controlar más sus ansias de torturar y matar animales, entre otras costumbres.
Tras salir del reformatorio, de los animales pasó a los niños. Los arrastraba a sitios desolados para ahorcarlos con un hilo muy fino. A su última víctima, le enterró después un clavo en la cabeza para cerciorarse de que estuviera bien muerto. Godino fue asesinado años después por sus colegas del penal de Usuhaia porque había quemado al gato del presidio.
Son sólo algunas de las historias que forman parte del tour los fantasmas del museo Fernández Blanco, desaparecidos que bailan en una disco cercana a la ESMA; casonas de Belgrano y abadías antiguas.
Una pareja de novios se dirigía a una mansión para celebrar la boda y murió aplastada por el tren, que corría junto al edificio. Cada tanto, se oye el vals de la fiesta y los vecinos más antiguos de Belgrano R no dejan de escucharlo.
Una vieja casa sobre Marcelo T de Alvear no puede permanecer habitada por la misma familia durante mucho tiempo. Es a la altura del 2600. La inmobiliaria tiene el cartel de venta o alquiler hace años. Los inquilinos no soportan los ruidos y los pasos en las paredes y los techos, una y otra vez. ¿Almas sin paz? Acaso.
El mismo espanto rodea al edificio que ahora guarda su secreto, tras haberse convertido en sede diplomática de Alemania, sobre Luis María Campos. Ahora está cercado, pero las hiedras que lo circundan hablan por sí solas.
La abadía cercana también dibuja una sonrisa de temor a los que acuden. Dicen que hay monjes paseando, rodeados de gatos negros. Con mirar las cúpulas y las telarañas en los muros, basta. Como éstas, hay más. Y parece que a los turistas les encanta.