"Tienen un regalito", le dijeron a la familia de Ariel Strajman

Esa fue la escalofriante frase utilizada por los secuestradores del muchacho cuando avisaron del envío en una caja con el dedo ensangrentado que le acababan de amputar a la víctima para presionar por el pago del rescate

Los secuestradores no conformes, le agregaron una pregunta cargada de sadismo e ironía: "¿El pibe tiene la obra social al día?".

Las frases con las que los delincuentes torturaban psicológicamente a la familia Strajman durante los angustiantes días de su cautiverio fueron relatadas ayer entre sollozos por la madre y el hermano de la víctima, ante el auditorio consternado que sigue el juicio oral -que continuará el lunes próximo a las 9- contra los acusados de ese aberrante delito.

El estremecedor relato de la madre de Strajman tuvo, luego, un correlato más macabro aún, cuando Martín Strajman, hermano de la víctima, describió el momento en que encontró el dedo amputado en una caja de cartón depositada en un cesto de basura.

"Había un tacho, un paquetito de galletitas y adentro una cajita de cartón...cuando la abro, veo que era un dedo, que había sangre y reconozco la uña de Ariel", evocó.

Incluso el propio Ariel y sus familiares directos pudieron escuchar la grabación de una de las escuchas que obran en la causa en donde se escucha a uno de los secuestradores hablando con el hermano de la víctima.

"Te digo 'de onda', andá buscando un donante de sangre porque se está desangrando pobrecito... Me imagino que tiene la obra social al día, ¿no?", decía el "verdugo", mientras Martín Strajman, hermano de Ariel, clamaba entre sollozos: "No lo maten; por favor, es mi único hermano, tiene 28 años, háganle un torniquete".

El crudo diálogo que se escuchó en el cuarto día de audiencias indignó a los familiares de Ariel, que se movilizaron en sus butacas desde donde siguen el juicio oral, mientras insultaban a los imputados: los hermanos Adrián y Pablo Sommaruga, su hermanastro, Diego Sibio, sus padres Alberto Sommaruga y María Gottig, y los considerados "patovicas" Diego Ferreyra, Osvaldo Keroa, Nicolás Barlaro y Claudio Abeiro.

Más tarde, los jueces Mario Costa, Martín Federico y Jorge Gettas interrogaron a los policías de la división Delitos Complejos que, encabezados por el entonces jefe, el comisario Carlos Sablich, rescataron al joven y lograron detener a los nueve acusados por el secuestro extorsivo. Precisamente, la madre del chico había dicho momentos antes que no le alcanzaban las palabras para agradecer a la "bendita policía" que había salvado a su hijo.

Torturas a toda la familia
Apenas 24 horas después de que Ariel Strajman contara la pesadilla que soportó en manos de sus captores, el tribunal escuchó cómo la familia del chico también fue torturada.

Beatriz Ponteprino, madre de Ariel, contó que el 16 de octubre de 2002, el día en su hijo desapareció, un hombre la llamó a su casa y le dijo: "Mire señora, si usted hace lo que nosotros le decimos, todo va a ir bien".

La familia pagó mil dólares, 400 pesos y joyas, pero los captores se comunicaron de nuevo para exigir 30.000 dólares y que no llamaran a la Policía. Y para presionarlos les dejaron en un cesto de basura, a pocos metros de su casa, una cajita con la falange del dedo meñique de Strajman que le habían amputado horas antes.

"Por favor, quiero a mi hijo", imploró Ponteprino, a lo que los secuestradores respondieron: "Las órdenes las damos nosotros, a ustedes les vamos a sacar mucha plata".

Martín, el encargado de encontrarse el macabro "regalo" de los secuestradores, llamó de inmediato a un médico amigo para preguntarle qué hacer y éste le recomendó guardar la "prueba de vida" en un freezer, aunque fue tanto el tiempo que pasó entre la amputación y la liberación que fue imposible reimplantarlo.

Martín también reveló las ocho llamadas de los secuestradores fueron cada vez más perversas: "Este pibe tiene la obra social al día?", "andá a buscarlo que se está desangrando".

La última llamada fue cuando ya habían comenzado las detenciones y pasaron la dirección de la vivienda de Pilar donde el chico estaba cautivo.

Hasta allí, recordó el comisario retirado Sablich, llegó su gente para rescatar al joven, quien les abrió la puerta a los policías -tras liberarse de las ataduras- y les dijo "soy Ariel".

"Tenía la cara transformada, los ojos llorosos, era un calco de la situación que había vivido", graficó su hermano.