Hace 50 años, en agosto de 1954, apareció el primer volumen de la trilogía de "El Señor de los Anilllos", del por entonces desconocido profesor inglés John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973).
Tolkien era un loco profesor que solía asustar a sus vecinos con un hacha, vestido de vikingo, o al ir de compras alguna vez puso su dentadura postiza junto con el dinero sobre el mostrador o que hablaba en sus clases sobre duendes.
En ese contexto el editor Rayner Unwin consideraba la obra "un gran riesgo", y temía con su publicación perder mil libras, informa hoy la agencia alemana DPA.
El propio Tolkien ya había advertido antes de su publicación que la novela era "muy larga y muy complicada". El estilo narrativo llano y un poco como de cuento de abuelo estaba fuera de moda y el contenido abarcaba magos, elfos y enanos, algo muy poco común en una obra para adultos.
Por eso, algunos críticos calificaron la primera edición del libro de 3.500 ejemplares de "una mezcla entre Richard Wagner y el oso Winnie the Pooh".
Pese a lo cual el editor cambió pronto de opinión y en vez de temer la pérdida de mil libras pasó a pensar que podía ganarlas.
Con 160 millones de ejemplares, "El Señor de los Anillos" es hoy uno de los libros más vendidos de la historia y está considerado como el origen de todas las novelas y del cine fantásticos.
Hollywood le debe además un gran éxito. Tan sólo la tercera parte de la película de Peter Jackson obtuvo once Oscar, recaudó unos 960 millones de dólares y se convirtió en la más exitosa de todos los tiempos después de "Titanic".
Aunque Tolkien quería fundar su relato en las tradiciones mitológicas anglosajonas con el modelo de las leyendas germanas y escandinavas, la lucha contra el malvado y oscuro Sauron se volvió pronto un espejo de todos los conflictos reales: Durante la guerra de Vietnam, los soldados estadounidenses se encontraron en una parte aislada del país con habitantes que habían pintado carteles con el ojo de Sauron.
Un elemento fundamental de la fascinación de la trilogía de Tolkien es que las extensas explicaciones y los mapas que incluye en sus libros le dan una apariencia casi científica.
El escritor inventó el "élfico" y decenas de otros idiomas con su propia gramática antes de siquiera empezar a escribir "El Señor de los Anillos". Cada ornamento de su mundo lanzaba nuevas preguntas que él buscaba responder con la seriedad y el fervor de un investigador.
Este hecho fue la causa de que en sus últimos 20 años de vida Tolkien ya no publicara nada importante, pese a que siguió trabajando.
Con "El Silmarillion" quería profundizar aún más en la historia de la Tierra Media, pero aunque empezó con ello ya después de la I Guerra Mundial, no conseguía terminarlo: su fantasía llegaba cada vez más lejos. Al final, el libro fue editado de forma póstuma en 1977 por su hijo.