Luis Salinas deslumbró con su guitarra en el Teatro Colón

Ante 3.500 espectadores, el guitarrista y compositor argentino fue el encargado de abrir el VII Festival Internacional de Música de Buenos Aires, en un espectáculo que conjugó tango y folclore. El ciclo presentará 11 días de artistas, clínicas y talleres

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Una infinidad de aplausos, varias ovaciones y repetidas muestras de aprobación cosechó el guitarrista Luis Salinas en el Teatro Colón, al presentar el repertorio de su trabajo "Música Argentina", en la apertura del VII Festival Internacional de Música de Buenos Aires.

En su primera actuación propia en el templo mayor de la música nacional (en 2002 había acompañado al bandoneonista Dino Saluzzi), Salinas se presentó junto a una sólida banda, en donde se destacaron la capacidad de Javier Lozano para crear climas y atmósferas desde los teclados y la austera pero envolvente percusión de Alejandro Tula.

Un Salinas suelto e inspirado, y ciertamente feliz de estar tocando en el Colón ("He cumplido otro sueño, gracias por compartirlo conmigo", dijo al final) volvió a poner de manifiesto la extrema ductilidad con que maneja el instrumento y su capacidad de incursionar en distintos géneros, haciendo un amplio repaso por el folclore y el tango y dotando a las composiciones de su sello particular, generalmente con logrados climas y, de a momentos, con excesivos riffs y arranques casi rockeros.

A las 20.35, vestido de negro y con una cruz de plata, Salinas ingresó al escenario de la sala principal del Colón para entregar un primer set de guitarra criolla sola, en el que enhebró, sin solución de continuidad y, al modo de un popurrí, estrofas de "El último café", "Volver" y "Uno".

Ya al frente de su banda, que completaron el guitarrista Horacio Avilano y el bajista Juancho Farías Gómez, también notables, el conjunto entregó "Zamba triste", "Desde lejos" y una serie de valses, ganando en intimidad, contacto y entrega musical.

La aproximación de Salinas a la música folclórica le permite transitar tanto los códigos establecidos como saltar hacia otras mixturas, donde los valses criollos asumen aires de bossa nova, las chacareras se tejen endiabladas y algo eléctricamente y el chamamé asume aires de soft jazz.

Luego de un intervalo de 15 minutos, Salinas volvió al escenario, ahora acompañado por Avilano, recreando en dúo de guitarras tangos, milongas y candombes, en los que pulsaron todas las cuerdas, tocaron rápido, lento, acompasados y rabiosos en un diálogo lúdico, que por momentos pareció una exhibición desmedida de virtudes y que fue aclamado por el público.

El bello "Chamamé para mi viejo", de su autoría, "Para Troilo y Salgán" y la zamba de Robustiano Figueroa Reyes "Mujer, niña y amiga", que Salinas se animó a cantar (sin desentonar pero sin lucir) completaron el programa con toda la banda en escena.

La presentación que acercó nuevos públicos al Colón, logró momentos de fuerte emotividad y despertó una aprobación sin límites que embriagó la satisfacción del guitarrista, que se formó de manera autodidacta y que hace 20 años transitaba las trasnoches de Oliverio Jazz, tocando para una decena de amigos y habitués.