Aunque vive en un pequeño pueblo junto a su madre, este gigantón de 33 años fue descubierto por un grupo de periodistas de la Associated Press que se enteraron de su existencia, y uno de sus artículos llamó la atención de un alemán que dijo ser pariente lejano y lo invitó a visitarlo. Este hombre, que sólo se identificó como Volodymyr, vino a recoger a Stadnik en una camioneta adecuada a su tamaño.
El viaje a la casa de Volodymyr cerca de Baden Baden, en el sudoeste de Alemania, tardó 25 horas y, una vez allí, el grandote tuvo que dormir sobre una mesa de billar. Aunque tuvo que sacrificar muchas cosas, para este hombre todo esta salida al mundo real valía la pena. Los adolescentes alemanes le pedían autógrafos y los médicos querían examinarlo.
Stadnik, cuyo crecimiento descontrolado empezó a los 14 años después que una operación del cerebro al parecer le estimuló la glándula pituitaria, sigue creciendo. No hay indicación de cuándo alcanzará los 2,72 metros a los que llegó el estadounidense Robert Wadlow, de Alton, Illinois, el hombre más alto de que se tiene constancia, que murió en 1940.
Aunque las medidas más recientes indican que Stadnik ya mide 18 centímetros más que el tunecino Radhouane Charbib, que el Libro Guinness de Récords Mundiales señala como el hombre más alto del mundo, la compañía no planea hacer cambios hasta el momento.