El cineasta y dramaturgo sueco reconoció estar fascinado con el silencio y la soledad en su isla de Faaroe, lejos de la ruidosa Estocolmo, aunque admitió extrañar al teatro y sus actores.
Bergman, quien en los últimos decenios ha concedido escasísimas entrevistas, manifiesta al rotativo su opinión de que el cine pertenece al ámbito "de la prostitución y la carnicería" y añade que el teatro "es el comienzo y el fin y, en realidad, el todo".
El legendario director sueco reside en su casa en esa isla, en la costa este de Suecia, vive solo, disfruta del silencio y la soledad y se define a sí mismo como "el viejo de Faaroe".
Su residencia de Faaroe nunca ha sido un castigo sino una fuente de inspiración artística y vital para Bergman, en la que vio nacer el argumento de sus películas y desarrollar sus relaciones personales con distintas actrices.
A fines del 2003, Bergman rompió su vínculo vital con Estocolmo y con el teatro nacional 'Dramaten' al deshacerse de su piso en el aristocrático barrio de Oestermalm en Estocolmo.
Y después de la obra de Ibsen "Gengaangare", decidió que "ya había cumplido y que se había acabado" dijo Bergman, puesto que tenía claro que "no iban a tener que sacarme del teatro, yo me voy solo".