Además, es el día en que festejan o festejarían hoy John Flaxman, escultor inglés (1775-1826); Frida Kahlo, artista mexicana (1907-1954); Nancy Reagan, ex primera dama norteamericana (1923--); Janet Leigh, actriz norteamericana (1927---); Della Reese, cantante y actriz norteamericana (1932--); Dalai Lama, líder tibetano en exilio (1935--); Sylvester Stallone, actor y productor norteamericano (1946).
Una historia y un protagonista
Cuando el 20 de enero de 2001 George Walker Bush juró su cargo como 43º presidente de los Estados Unidos, todo indicaba que el país más poderoso del mundo se iba a replegar sobre sí mismo. Su doctrina internacional consistía en dejar que cada uno se ocupara de sus propios asuntos. Washington no volvería a ser el 'bombero' que acudiera a cualquier lugar del globo a apagar incendios que en nada les iban ni les venían a los ciudadanos americanos.
Dos años después, el hijo del vicepresidente de Reagan ha convertido en el eje de su política exterior -y de sus índices de popularidad interior- una intervención militar con escasos apoyos internacionales. Tras el 11-S, Bush Jr. pareció creer que Dios en persona le había elegido para cumplir una misión trascendente.
Era lo que cabía esperar de un hombre con profundas creencias religiosas, que había pasado de ser la oveja negra de la familia -mal estudiante, alcohólico y con problemas policiales-, a convertirse en el segundo hijo de ex presidente que a su vez llegaba a la Casa Blanca. El primero, 175 años antes, había sido John Quincy, hijo de John Adams.
Nacido en Nueva Inglaterra en 1946, el hijo mayor de George y Laura Bush tuvo una infancia cómoda en Houston, a la sombra de los negocios petroleros de su padre. A pesar de su mal expediente, se graduó en Historia por Yale. Tras su paso por el Ejército del Aire, hizo carrera en la industria petrolífera, en parte debido a grandes dosis de suerte.
Tampoco le fue mal en el mundo del deporte. En 1989 compró el equipo de béisbol de los Texas Rangers, de Dallas. Cinco años después lo revendió y ganó 20 veces lo invertido. Y fue entonces cuando decidió meterse en política.
El gobierno de Texas no era un reto fácil. El estado sureño sólo había tenido dos gobernadores republicanos desde 1870. El dinero, el béisbol y el nombre de su padre ayudaron para que en 1994 derrotara a la demócrata Ann Richards. Su reelección en 1998, con casi el 70% de los sufragios, hay que atribuírsela a sus propios méritos: integración de los hispanos, importantes recortes de impuestos y 152 condenas a muerte.
Estos éxitos lo llevaron en 1999 a la carrera presidencial. Parecía imposible que pudiera imponerse a Al Gore. Sus meteduras de pata, su 'conservadurismo compasivo' y su equipo de antiguos colaboradores de su padre tenían, a priori, poco que hacer contra el culto y preparado vicepresidente de Bill Clinton. Pero Bush caía más simpático, el ciudadano medio se identificaba más con él y fue ganando terreno en las encuestas.
El 7 de noviembre de 2000 Bush, con 300.000 votos menos que Gore, era el ganador oficioso, gracias a unas papeletas dudosamente atribuidas en Florida, el estado gobernado por su hermano Jeb. Se sucedieron las demandas, las acusaciones de fraude y hasta Fidel Castro se permitió hacer chistes con el sistema democrático más antiguo del mundo. Dos meses después, George W. Bush fue investido presidente.
La paz
Para celebrar la ocasión, los tibetanos se dirigieron masivamente al principal templo del Dalai Lama en Dharamsala, una estación montañosa del norte de India donde reside habitualmente el religioso. Pero el Dalai Lama no participó en las ceremonias por consejo médico.
Sus servicios habían declarado la semana pasada que su salud no estaba en peligro, pero que debía reposarse hasta mediados de julio y anular una visita prevista a España debido a una tos atrapada durante sus incesantes desplazamientos.
El sábado, efectuó una visita de cortesía al nuevo primer ministro indio, Manmohan Singh, y a la dirigenta del partido del Congreso en el poder, Sonia Gandhi, declaró el portavoz del religioso, Tenzin Takla.
India acoge al Dalai Lama desde que escapara del Tíbet en 1959, tras el fracaso de una sublevación contra el poder chino.
Las celebraciones de su cumpleaños en Dharamsala se realizaron en presencia del primer ministro del gobierno tibetano en el exilio, Samdhong Rinpoche, quien declaró que el Dalai Lama deseaba una "amistad sincera, la comprensión mutua y el respeto entre los peuplos tibetano y chino".
El Dalai Lama se pronunció por un Tibet autónomo dentro de China, pero Pekin publicó en mayo pasado un libro blanco exigiéndole que renuncie a su "posición a favor de la independencia".