Disputa entre judíos y musulmanes por el deterioro del muro de Jerusalén

El peligro de que se desplome el muro meridional que contiene el Monte del Templo judío, la colina de Haram as-Sharif, donde se hallan las mezquitas de Al Aqsa y de Omar, se convirtió en un nuevo foco de fricción en Jerusalén

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El alcalde de la ciudad, Ehud Olmert, declaró hoy que "existen razones fundadas para sospechar que el muro puede desmoronarse" y causar una tragedia si no es apuntalado, pero para ello, dijo a la prensa, se requiere la cooperación de las autoridades islámicas.
 
Arqueólogos de la Dirección de Antigüedades de Israel, que desde hace dos años advierten acerca del peligro, atribuyen la presencia de un abultamiento del muro a la construcción de una mezquita con capacidad para 10.000 feligreses.
 
"Dudo que el muro aguante hasta el fin del próximo invierno", declaró hoy a la radio pública la arqueóloga Eilat Mazar, portavoz del Comité contra la Destrucción de Antigüedades en el Monte del Templo, donde -según la tradición judía- estuvo el de Salomón.
 
El portavoz del Movimiento Islámico de Israel, Hashem Abdel Rajman, afirmó el domingo pasado a esa emisora que Haram as-Sharif y la mezquita de Al Aqsa -tercera en importancia después de las de La Meca y Medina en Arabia Saudí- "son de los musulmanes", y negó que los antiguos templos judíos hubiesen estado en esa colina.
 
Mazar dijo que ingenieros de la Dirección de Antigüedades inspeccionaron el muro por fuera, pero el Wakf, el Comité Superior autónomo que administra los santuarios y bienes islámicos, controlado por la Autoridad Nacional Palestina, se opone a que revisen el muro por el interior de la mezquita para determinar las causas del abultamiento.
 
En noviembre próximo, cuando comience el mes musulmán de Ramadán, decenas de miles de personas se concentrarán en las mezquitas de la colina y en la que se erige al otro lado del muro, donde algunos arqueólogos creen que estuvieron los establos de Salomón.
 
El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Simón Peres, solicitó la mediación de Egipto, Jordania y otros Estados musulmanes para reparar el muro, pero el Wakf impide el ingreso de los ingenieros israelíes, según la prensa local.
 
La tensión no sólo puede agravar la crisis con los palestinos sino también con la comunidad árabe del Estado israelí, que cuenta con más de un millón de miembros, más del 90 por ciento de los cuales profesan el Islam.
 
El pasado fin de semana se concentraron 45.000 musulmanes en Haram as-Sharif bajo el lema de que la mezquita de Al Aqsa "está en peligro", ante el temor de que la reparación del muro sea una excusa de Israel para dañarla, algo que el Gobierno israelí desmintió.
 
La pared hace ángulo con el "Muro de las Lamentaciones", el principal santuario del pueblo judío, que se encuentra al pie de esa colina, sobre la cual se encuentra la explanada de las mezquitas.
 
"Sólo pudimos investigar el abultamiento producido en el muro desde afuera y vemos que no es algo estático, eso avanza", dijo el alcalde Olmert, "y por tanto, creo que el Gobierno israelí no tendrá otra alternativa que tomar una decisión al respecto", añadió.
 
La decisión -explicó- debe basarse en que "nosotros ejercemos nuestros derechos naturales en relación con el Monte del Templo, y que por ello actuamos para impedir un terrible desastre histórico, arqueológico y humano" si se desplomara ese muro de contención.
 
En el trasfondo de la polémica entre las autoridades israelíes y el Wakf islámico por "el bulto" en ese antiguo muro se halla la disputa en torno de la soberanía política en esa colina y en el casco antiguo de Jerusalén, un kilómetro cuadrado donde se encuentra la cuna de las tres grandes religiones monoteístas.