Una neoconvertibilidad todavía debe esperar

La pérdida de la moneda en la década del 80 y del crédito público en la del 90, y la inseguridad jurídica derivada de la indisponibilidad, pesificación y reprogramación de los depósitos cuestionan cualquier régimen monetario y cambiario propio para la Argentina.

El resultado de la prueba de fuego virtual de verificar qué composición dólar-pesos elegiría el público si se liberaran súbitamente los depósitos está en la mente de todos: una dolarización de hecho de la economía, es decir, ningún régimen monetario ni cambiario propio.

Lo que hoy es un ejercicio virtual, en el futuro será una certeza. Los depósitos serán liberados, a través del goteo y del cronograma preestablecido o, si ese es el caso, de la amortización de los bonos para ahorristas. La presión actual y esperada, si se mantienen las negativas condiciones actuales, sobre las reservas internacionales, el tipo de cambio y la inflación multiplica las propuestas de retornar ya a una (neo)convertibilidad a un tipo de cambio semejante al actual o ligeramente inferior.

La pregunta relevante es, sin embargo, si una nueva convertibilidad a esos tipos de cambio y en la situación económico-financiera y de expectativas actual sería perdurable.

Presión sobre el Banco Central
Un régimen de tipo de cambio fijo puede establecer una paridad tan baja como se quiera; no se compromete a evitar la expansión del crédito interno (Tesoro y redescuentos). Su sostenibilidad es otro tema. Aun un régimen de convertibilidad como el de 1991 permitió que el respaldo de la base monetaria con reservas internacionales fuera parcial.

Pero una nueva convertibilidad en la crítica situación actual, con las expectativas negativas que la acompañan, no tendría ese grado de libertad.

Después del siniestro ocurrido deberá vencer un enorme escepticismo inicial del público, de los mercados y de la comunidad financiera internacional. Confrontará una fuerte demanda de conversión, y deberá, por tanto, proveer respaldo de divisas a toda la base monetaria actual y proyectada, sin contar con asistencia externa por temor desde el exterior a financiar una fuga de capitales. No es concebible, además, sin eliminar los controles de cambio existentes que reprimen la demanda de divisas.

Y la principal dificultad consiste en que por la insolvencia del sector público y la falta de confianza de los depositantes, existe una fuerte presión para nuevas expansiones del crédito interno del Banco Central.

Si bien es cierto que en los próximos meses -inflación y retenciones mediante- el Tesoro podría mostrar un precario equilibrio de caja, ello no significa gran cosa cuando los intereses del Préstamo Garantizado se pagan pesificados unilateralmente; existen presiones para aumentar los salarios del sector público; se encuentran en default intereses de la deuda pública por u$s4.000 M anuales y no existe en el horizonte financiamiento voluntario para cubrir sus amortizaciones, incluyendo las de los títulos que se coloquen a los depositantes y las de la cartera de los bancos cuyo cobro es esencial para atender la devolución de los depósitos.

A esa presión sobre el financiamiento del Banco Central se agrega la emisión de cuasi monedas, que aumenta la oferta excedente de dinero transaccional.

Del mismo modo, el goteo de los depósitos indisponibles y la devolución de los depósitos reprogramados remanentes del canje, implica una presión sobre los redescuentos, que ya alcanzaron este año cerca del 50% de la caída de los depósitos.

Si esas presiones para la emisión son atendidas en el marco de una nueva convertibilidad, su envilecimiento le hará perder toda credibilidad en forma inmediata. Si, por otra parte, no son atendidas, con las implicancias de que los bancos no puedan devolver enteramente los depósitos y el Estado no pueda honrar los bonos para los ahorristas, o sus compromisos con organismos internacionales o reiniciar aunque sea parcialmente los pagos de intereses en default, recibirá un golpe adicional la confianza, que contagiará el nuevo régimen de convertibilidad.

Y en el medio está el riesgo de que una nueva convertibilidad se comprometa a que no habrá nueva emisión y se genere algo de confianza en el nuevo régimen, pero llegado el momento las emisiones efectivamente se hagan, atrapando en un nuevo colapso de la convertibilidad a los que volvieron a confiar en ella.

Riesgos de decisiones apresuradas
Una neoconvertibilidad ya sólo podría mantenerse bajo el supuesto de que su mera, frágil y aislada implementación permitiera volver a captar la confianza de los ahorristas y generar un aumento significativo de la recaudación a través de la la recuperación de la actividad económica. Pero ello es improbable, en particular si los ahorristas perciben que no recuperarán sus depósitos y los acreedores que no recuperarán sus préstamos e inversiones.

El círculo virtuoso que puede recrear la confianza, el crédito y la recuperación de la actividad económica requiere otras medidas:

a) eliminar la incertidumbre hoy existente respecto del carácter de economía de libre mercado plenamente integrada a la economía internacional de la Argentina;

b) reasegurar la completa vigencia de los derechos de propiedad y reparar los daños infligidos;

c) atender honorablemente los intereses de quienes prestaron a la Argentina;

d) revertir la percepción de discriminación respecto de la inversión extranjera;

e) fortalecer la seguridad jurídica;

f) alcanzar la solvencia fiscal en forma no inflacionaria con una reforma del Estado, y

g) realzar al nivel constitucional las limitaciones al gasto público, al financiamiento del Banco Central al sector público y a su endeudamiento. De otro modo, no habrá neoconvertibilidad que soporte la cuenta de capital del balance de pagos.

Si una neoconvertibilidad no es precedida de esas medidas, se perderá un grado de libertad adicional y no quedará para la Argentina ninguna alternativa que no sea la dolarización de hecho o unilateral, claramente inferiores a una dolarización de jure vía acuerdo integral con los Estados Unidos.

Las políticas fiscales de los 90 asediaron la convertibilidad. Y las políticas improvisadas, precarias y contradictorias de los últimos seis meses han pulverizado las de por sí bajas probabilidades de éxito de una flotación. El grado de deterioro de la moneda local es muy avanzado, y no es descartable que mantener el peso en alguna función requiera volver a pasar transitoriamente por una convertibilidad. Pero si ello es así deberá hacerse cuando se verifiquen condiciones que otorguen al nuevo intento una probabilidad relevante de éxito. No es el caso actual.

(*) Economista. Ex gerente general del Banco Central

Read more!