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Quién es la argentina que cumplió 110 años y está entre las mujeres más longevas del país

Desde la infancia en Calamuchita hasta la familia que la acompaña en Tafí Viejo, la historia de Silvia Angélica Sánchez Martínez ejemplifica fortaleza, fe y lazos afectivos que atraviesan generaciones

Silvia Angélica Sánchez Martínez nació en Calamuchita, Córdoba, el 31 de julio de 1916 y ya cumplió 110 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

La longevidad en Argentina tiene en Silvia Angélica Sánchez Martínez uno de sus casos más singulares. Nacida el 31 de julio de 1916 en Calamuchita, provincia de Córdoba, cumplió recientemente 110 años y ocupa el tercer puesto nacional entre las personas vivas de mayor edad.

Su historia atraviesa más de un siglo de vida argentina y se inscribe entre las trayectorias más extensas registradas en el país, según el sitio LongeviQuest, una organización internacional dedicada a rastrear, validar y estudiar a los supercentenarios.

Infancia y raíces familiares

Su infancia transcurrió en el seno de una familia numerosa. Fue la sexta de once hermanos en un hogar marcado por el altruismo de su madre, María del Rosario Martínez.

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Desde pequeña aprendió a ofrecer ayuda y cobijo a quienes lo necesitaban. Dos de sus hermanas ingresaron en la vida religiosa y la fe católica quedó como uno de los pilares de su historia personal.

En 1947 contrajo matrimonio con el doctor José Luis Cuezzo, médico oriundo de Tucumán. La pareja se radicó en esa provincia, donde formó su familia y crió a sus dos hijas, Silvia y Susana.

Aunque se formó como maestra, optó por dedicarse al hogar y a la crianza. A esa rutina sumó tareas artísticas como la pintura, el tejido, la costura y el bordado. Su entorno señala que siempre encontró actividades para mantenerse ocupada y activa.

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La devoción religiosa acompañó cada una de sus etapas. Tuvo una fe especial en la Virgen María y en San Expedito, a quienes encomendó plegarias y agradecimientos.

La fe católica acompañó la vida de Silvia Angélica Sánchez Martínez, con una devoción especial a la Virgen María y a San Expedito

Su vida cotidiana estuvo marcada por la serenidad y el equilibrio emocional, rasgos que familiares y allegados vinculan con su longevidad. Cuando hijos y nietos le preguntan “¿Cómo estás, Alita?”, ella responde: “Siguiendo adelante”.

No hay recuerdos de reproches o enojos en su trato cotidiano. Quienes la rodean la describen con una actitud resistente a la adversidad, ajena a la queja y al desaliento. También cultivó una discreción coqueta respecto de su edad. Incluso ante familiares y conocidos, siempre acostumbró a ocultar su edad.

Atesoró cada visita de sus seres queridos, mantuvo el contacto con hermanos y sobrinos y conservó el hábito de regresar de manera periódica a su Córdoba natal.

Celebraciones y legado familiar

Hoy reside en Tafí Viejo, en Tucumán, al cuidado de su hija y de su yerno. Su círculo familiar incluye seis nietos y 16 bisnietos, además del apoyo cotidiano de médicos, enfermeras y cuidadores de la Clínica Aliviar.

Fue allí donde la familia la visitó el pasado 31 de julio para celebrar su cumpleaños. La puerta de la habitación ya lucía decorada con una cortina de tiras metálicas plateadas que cubrieron casi toda la superficie. Se destacaron globos dorados que formaban la palabra “FELICES” y el número “110”. También había un globo adicional en forma de corazón, con tonos rosados y dorados.

El registro oficial ubica a Silvia Angélica Sánchez Martínez en el puesto 224 entre las personas vivas de mayor edad y en el 198 entre las mujeres más ancianas del mundo

Rodeada de todos sus seres queridos, la cumpleañera estaba acostada sobre la cama de la habitación con los ojos y labios pintados para la ocasión. Llevaba puesta una banda dorada con letras en color verde que dicen “FELIZ CUMPLEAÑOS” y en la cabeza lució una corona a tono.

La torta fue decorada con abundante crema blanca en su superficie y bordes, pequeños trozos de fruta y velas doradas en forma de número que formaban el número “110”.

Silvia Angélica Sánchez Martínez ocupa actualmente el puesto 224 entre las personas vivas de mayor edad y el 198 entre las mujeres vivas más ancianas del planeta. En Argentina aparece como la tercera persona viva más longeva y la 14ª en la historia nacional: el primer lugar lo ocupa Angélica Tiscornia (22/08/1912) y le sigue Evangelista Luisa López (26/11/1915).

Su historia suele asociarse con factores como una vida tranquila, una alimentación equilibrada y fortaleza emocional. La familia la describe como una figura serena, capaz de atravesar las dificultades sin resentimiento, y ella misma evocaba a su madre con una frase que resumía ese legado: “Mi madre era una santa”.