Las pausas en las redes sociales impulsan más mensajes directos entre amigos y familiares

Especialistas en bienestar digital explican que dicha conducta puede favorecer conversaciones más directas y aumentar el contacto personal, al reemplazar el seguimiento pasivo por intercambios intencionales

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Las pausas en redes sociales reducen la exposición a notificaciones y fomentan conversaciones uno a uno, según expertos en bienestar digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dejar las redes sociales por un tiempo puede generar un efecto inesperado: en lugar de aislar a las personas, suele aumentar el contacto directo con amigos y familiares. Los habituales “ya vi lo que publicaste” o “me enteré por tus historias” empiezan a ser reemplazados por mensajes, llamadas y conversaciones genuinas.

Según especialistas en bienestar digital, cuando desaparece la ventana de actualización permanente que ofrecen las plataformas, las relaciones dejan de sostenerse de forma pasiva y vuelven a requerir gestos intencionales para mantenerse vivas.

Una experiencia relatada por CNBC ilustra este fenómeno. Tras eliminar las aplicaciones de redes sociales durante 30 días, la autora no solo redujo la cantidad de notificaciones y distracciones diarias, sino que también comenzó a recibir más mensajes personales. Después de avisar a su círculo cercano sobre la pausa, empezaron a contactarla personas que antes seguían sus novedades a través de publicaciones e historias, pero rara vez iniciaban una conversación.

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El resultado fue una dinámica diferente: menos tiempo dedicado a mostrar la propia vida en pantalla y más intercambios reales con quienes formaban parte de ella.

Por qué salir de redes puede activar el contacto real

Al dejar de publicar y revisar contenidos de forma constante, muchas personas reciben más mensajes, llamadas y contactos directos de amigos y familiares (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los expertos describen un mecanismo simple: cuando alguien deja de publicar y de mirar historias, quienes lo rodean ya no pueden “acompañarlo” con un vistazo. Esa ausencia vuelve más probable el mensaje directo, porque la alternativa, se vuelve evidente.

Lizzie Irwin, especialista en comunicación de políticas del Center for Humane Technology (organización sin fines de lucro con sede en San Francisco), sostuvo que desconectarse puede empujar a otros a “alcanzarte” de manera activa en lugar de observar tu vida de forma pasiva.

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Esa transformación se da, además, en un contexto en el que las plataformas priorizan cada vez más el consumo de contenido y menos la interacción entre conocidos. Irwin señaló que el uso cotidiano implica atravesar anuncios y publicaciones de cuentas que el usuario no sigue, un diseño que desplaza el propósito original de conexión y refuerza una relación más pasiva con lo que ocurre en el entorno cercano.

La idea también aparece en datos de hábitos digitales citados por CNBC: según GWI, una firma de análisis de audiencias digitales, disminuyó la proporción de usuarios que entra a redes para conectarse con amigos y creció la de quienes abren las aplicaciones de manera refleja para desplazarse y “matar el tiempo”, de acuerdo con un informe publicado por el Financial Times.

En paralelo, la sobrecarga de notificaciones y la sensación de falta de tiempo empujaron a parte de los usuarios a recortar su presencia.

Qué funciona, para quién y cómo medir si hace bien

El crecimiento del consumo de contenido y la sobrecarga de notificaciones modificaron el uso de las redes sociales, donde cada vez menos usuarios buscan conectar con conocidos y más las utilizan para pasar el tiempo (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todos se vuelven “más sociales” al cerrar aplicaciones. John Torous, profesor asociado de psiquiatría en Harvard Medical School y director de la división de psiquiatría digital del Beth Israel Deaconess Medical Center, advirtió que el resultado depende de la calidad y el tipo de relación previa: si las redes eran un canal para vínculos existentes, es más probable que el contacto continúe por fuera; si eran la vía para tratar con desconocidos o conocidos lejanos, esos intercambios pueden desaparecer.

En un estudio pequeño que Torous codirigió con adultos de 18 a 24 años que tomaron pausas de una semana, los participantes reportaron mejoras en ansiedad, depresión e insomnio, mientras que la soledad se mantuvo, en promedio, sin cambios.

Su recomendación fue tratar la pausa como un experimento: registrar cambios en ánimo, sueño o actividad física para identificar qué mejora y qué no.

Para quienes no quieren irse del todo, Irwin sugirió una medida de impacto inmediato: recortar o desactivar notificaciones para reducir la apertura automática de aplicaciones. Y, si el objetivo es recuperar vida social, la estrategia es deliberada: escribirle a entre tres y cinco personas y sostener en el tiempo las conversaciones que se armen, sin depender de la actualización pública como reemplazo del contacto.