La Met Gala, celebrada cada año en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, reunió este 2026 a figuras clave de la moda y el arte bajo un tema central. Madonna, una de las invitadas más recurrentes y comentadas desde 1997, volvió a ser protagonista en la nueva edición al presentarse con un atuendo inspirado en Leonora Carrington y rodeada de siete modelos.
La cantante eligió a cada integrante de su séquito, destacando la selección de la modelo Charlie Nishimura tras un riguroso proceso de revisión de imágenes y aprobación personal. La artista supervisó todos los detalles del vestuario y la puesta en escena.
Cuando Charlie Nishimura recibió el mensaje de su agente preguntándole si quería asistir a la Met Gala junto a Madonna, pensó que se trataba de una broma.
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La propuesta, inesperada, marcó el inicio de una experiencia que la modelo aún describe con asombro: “No esperas que algo así te pase”. Tras días de incertidumbre, llegó la confirmación: “Madonna te ha elegido”.
La elección de Nishimura no fue fruto del azar. Según la propia modelo, la cantante fue meticulosa en cada detalle, exigiendo ver fotografías de todas las candidatas y aprobando personalmente el vestuario y la presencia de quienes la escoltarían.
“Ella misma hizo el casting, lo cual es algo muy especial de escuchar”, destacó Nishimura en diálogo con Vogue, subrayando el carácter selectivo de la artista. “Se siente especial ser elegida, pero probablemente es todavía más especial cuando quien te elige es Madonna”, agregó.
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La cantante, de 67 años, no solo supervisó la selección, sino que se involucró en los ensayos y preparativos previos. Tres días antes del evento, Madonna reunió en su casa de Manhattan a Nishimura y a las otras seis modelos para reproducir la escena central de la pintura La tentación de San Antonio de Leonora Carrington, de 1945.
Allí se conocieron por primera vez y, según Nishimura, la artista se mostró “sumamente cordial, una profesional consumada y una verdadera diva en el sentido positivo”.
El proceso de preparación y la implicación de Madonna
Madonna fue una de las invitadas más aplaudidas por su interpretación literal de la obra surrealista de Carrington, un despliegue visual que combinó moda, arte y performance en la alfombra roja.
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Durante la etapa de ensayos, la cantante y su equipo asignaron posiciones a cada modelo y practicaron la coreografía en cuatro ocasiones antes del evento. El sombrerero Philip Treacy participó en los preparativos mediante videollamada para ajustar el tocado central del atuendo.
La atmósfera en la casa de la cantante era de entusiasmo y complicidad, con todas las participantes admirando los vestidos de sus compañeras antes de partir hacia el Met.
El día de la gala, el grupo se preparó en el espacio de ensayo de Madonna, desde donde una van las trasladó directamente al Metropolitan Museum of Art. A su llegada, evitaron la fila de celebridades y diseñadores, accediendo sin demora a la alfombra roja.
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Para Nishimura, la experiencia resultó menos intimidante de lo esperado: “El momento no era sobre nosotras, sino sobre el colectivo, lo que hace que todo sea mucho menos aterrador”.
La propuesta estética de Madonna recreó fielmente el cuadro de Carrington, donde una figura real, la Reina de Saba, aparece con un instrumento de viento y un vestido sostenido por asistentes. Madonna trasladó esa imagen al mundo real portando un vestido largo de satén y encaje negro, cubierto por una capa de organza violeta translúcida. Sobre su cabeza, un sombrero negro con herrajes plateados sostenía una maqueta de barco fantasma, cubierto por un velo gris semitransparente.
Siete modelos, cada una con un vestido largo de encaje en un tono pastel distinto y un accesorio ocular translúcido, sostenían los extremos del velo, replicando la escena de la pintura. El look se completaba con botas de plataforma de cuero negro, guantes de ópera hasta el codo y dos anillos llamativos. Madonna portaba un instrumento de viento dorado, elemento central en la pintura original y en su interpretación.
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El maquillaje, realizado por Marcelo Gutierrez con productos de KIKO Milano, y la peluca semipersonalizada, de textura larga y caída natural, añadieron matices que evocaban las raíces italianas de Madonna y la estética onírica del surrealismo.
El diseñador Anthony Vaccarello, director creativo de Yves Saint Laurent, supervisó la confección del conjunto en colaboración con la artista.
La entrada de Madonna a la Met Gala destacó por la originalidad y fidelidad conceptual de su atuendo, así como por la puesta en escena: la cantante tuvo las escaleras del museo para sí durante una breve performance, acompañada de una banda sonora personalizada.
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Madonna recurrió en otras ocasiones a la obra de Carrington como fuente de inspiración; según Vogue, la pintora británica-mexicana también influyó en el videoclip de Bedtime Story (1994).