10 vinos blancos para acompañar platos de otoño y disfrutar en cualquier época del año

La evolución permitió una gran diversidad de calidades y estilos, permitiendo que acompañen tanto mariscos y carnes como guisos y otras y preparaciones

La oferta de blancos nacionales abarca múltiples perfiles y niveles, perfecta para acompañar preparaciones otoñales y comidas caseras (Imagen Ilustrativa Infobae)

A esta altura del año, las vacaciones quedaron atrás, lejos en el tiempo, y el clima nos indica que el 2026 avanza a paso firme. Los primeros sacudones del nuevo ciclo ya pasaron y las rutinas se empiezan a asentar. Algunas recuperadas del año anterior y otras nuevas, impuestas por la coyuntura. Pero son esas “sanas” costumbres las que vuelven a poner en escena algunos elementos como, por ejemplo, el vino tinto ya que luego del período estival, en el cual quedan relegados por las bebidas más frescas, regresan con todo y recuperan terreno perdido. Sin embargo, algo está cambiando, porque cada vez son más los que siguen disfrutando los vinos blancos a lo largo del año.

Claro que no se podría hablar de una estacionalización, como la que sucede con los vinos espumosos, cuyo pico de consumo siguen siendo las fiestas de fin de año. Con los blancos y los tintos, siempre fue más parejo a lo largo del año. Pero el tema es que hoy existen cada vez más y mejores exponentes a partir de uvas blancas que, por sus características, bien pueden consumirse en cualquier ocasión, incluso si hace frío y el plato es una comida de olla.

Hace algunos años que existen vinos blancos tan buenos, o incluso mejores, que muchos tintos. Y esto es el resultado de la evolución, que tuvo al Malbec como gran locomotora del vino argentino. Pero la Argentina está para más, quizás no para tener otra uva emblemática reconocida en el mundo como lo es el Malbec, pero sí para ampliar su propuesta, pensando en la consistencia y en la alta calidad. Porque vinos correctos, blancos y tintos, abundan. Lo novedoso es que ahora hay blancos que se le animan de igual a igual a sus pares tintos.

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El Chardonnay lidera entre las variedades blancas, por su capacidad de adaptación y expresión en diferentes climas y suelos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para ello, la uva más elegida es la Chardonnay por ser la reina de las variedades blancas en el mundo y la protagonista de los mejores exponentes. Es originaria de la Borgoña francesa, de donde provienen los legendarios Grands Crus Montrachet, Corton-Charlemagne, Chevalier-Montrachet, Batard-Montrachet y Meursault, entre otros.

Ese fue el espejo de todos los viticultores que buscaron hacer un gran blanco en sus lugares de origen. Pero luego llegó el conocimiento de los suelos y, con más experiencia, comenzaron a surgir vinos que quieren ser el fiel reflejo de su entorno. Es decir que ya el modelo de la Borgoña no es emulado, aunque sigue siendo fuente de inspiración y aprendizaje para los hacedores.

No obstante, la Chardonnay tiene atributos que otras uvas blancas no tienen, más allá que ya es una cepa reconocida en el mundo. Su expresión suele ser austera y eso es lo que se busca en los grandes vinos que diciendo poco signifiquen mucho. Además, se adapta muy bien a diversos climas, suelos y paisajes. Y en bodega también se puede jugar elaborándola en vasijas de concreto o de roble de distintos formatos ya que por tener buen cuerpo integra muy bien todos los componentes ganados durante la fermentación y la crianza.

La Semillón y la Torrontés ofrecen vinos con cuerpo y aromas distintivos, sumando alternativas nacionales de alta calidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero no es la única. La Semillón también da vinos con buen cuerpo y aromas austeros, con un paladar que también puede llevar a ser tenso y consistente. La Torrontés hace rato dejó de ser solo un símbolo vínico para recibirse de gran vino -siempre apoyado en sus perfumes florales- y con un carácter único ya que la uva es propia de aquí. Sauvignon Blanc, Chenin Blanc, Pinot Gris, Tocai Friulano, Viognier, Riesling, Albariño y Gewurztraminer, entre otras, son también variedades de uvas blancas con más o menos exponentes en función de la cantidad de hectáreas implantadas de cada una.

Claro que no todas se dan igual de bien en todos lados, ya que sus ciclos vegetativos difieren, siendo algunas más adaptables a los terruños desérticos, típicos del pedemonte cordillerano, y otras a viñedos con influencia oceánica.

Pero si detrás de un blanco hay serias intenciones, así como pasó primero con los tintos, empezó a suceder ahora con los blancos. Porque estos vinos quieren hablar más del lugar que de su composición, a través de su carácter y sus texturas. Así surgen muchos blancos con mensaje propio. Y esto, sin dudas, es el principio de una revolución dentro de la industria porque ha cambiado la forma de ver y de pensar al vino blanco. Hoy, estos quieren reflejar su lugar de origen en las copas. Y, a medida que se suma conocimiento de esos lugares, más definida será su expresión.

Hoy existen etiquetas blancas que igualan o superan a muchos tintos, gracias a la innovación y el trabajo de los enólogos locales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El lugar seleccionado debe tener las condiciones óptimas (clima y suelos) para lograr los mejores resultados de la o las variedades elegidas para el vino blanco en cuestión. Al no contar con el aporte de los hollejos durante la vinificación, resultan más frágiles y, por ende, precisan de una acidez natural bien marcada, sobre todo si pretende trascender en el tiempo.

Hasta hace poco tiempo, casi nadie hubiera imaginado que uno de los mejores vinos argentinos sería blanco. Sin embargo, hoy hay cada vez más etiquetas porque los hacedores ya saben que, con las variedades adecuadas y, sobre todo, en las alturas ideales, las uvas maduran con una acidez tan firme que dan vinos con personalidad propia y gran longevidad, ideales para disfrutar todo el año y con cualquier tipo de comida. Por ejemplo, con los guisos más famosos de otoño en la Argentina: el de lentejas (el clásico indiscutido), la buseca (guiso de mondongo), la carbonada criolla (en zapallo), el guiso de arroz con pollo y el locro, entre otros. A todos ellos, una copa de un blanco de paladar amplio y texturas untuosas, con buena frescura y sabores equilibrados, le va de maravillas.

10 Vinos blancos que se pueden disfrutar a lo largo del año

Los vinos blancos argentinos se destacan por su frescura, acidez natural y longevidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Alta Yari Gran Torrontés

Alta Yari, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $42.000

Cada vez hay más Torrontés que se animan a desafiar los grandes vinos blancos sobre la base de variedades más tradicionales como Chardonnay y Semillon. Este es un blanco de aromas frescos y florales. Paladar tenso y franco, obviamente expresivo y jabonoso, pero delicado. También se perciben frutas blancas, hierbas y muy leves dejos maduros. Con pocas cosechas en el mercado, se ha consagrado como uno de los grandes exponentes del varietal.

Montesco Agua de Roca Sauvignon Blanc

Sitio La Estocada, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $55.000

En los últimos años, este Sauvignon Blanc se afianzó como referente de la variedad y de la zona, porque marcó un rumbo desde su cosecha fundacional (2011). Y el tiempo les dio la razón, al vino y a su hacedor (Matías Michelini). Es de partida limitada porque proviene de la misma parcela. De aromas expresivos y paladar tenso; su acidez bien marcada aporta un nervio que sobresale. Eso le da carácter y un gran potencial de guarda.

Una copa de vino blanco resalta la frescura de los mariscos y aporta equilibrio a recetas del mar, creando combinaciones sutiles y elegantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Salentein Single Vineyard Las Secuoyas Chardonnay

Salentein, Mendoza, Valle de Uco, IG San Pablo $84.000

Es notable el trabajo que vienen realizando en este viñedo extremo Pepe Galante y su equipo, desde la cosecha 2019. Y, si bien en sus primeras ediciones este vino y sus pares de línea se sentían “más atrevidos”, se nota cómo el conocimiento del lugar dio paso al equilibrio, sin ceder expresiones. De aromas delicados que hablan de la variedad. En boca resulta muy armónico, con buen cuerpo y una frescura que habla del lugar y que aportará longevidad.

Susana Balbo Signature Limited Edition Blanco de Gualtallary Torrontés

Susana Balbo, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $87.000

La intención de Susana Balbo, sobre todo con este vino, es demostrar que su querido Torrontés está para competir en las grandes ligas de vinos blancos. Por eso, el foco está más puesto en el lugar que en la tipicidad varietal. Claro que se nota la tipicidad, pero muy delicada. El vino está muy bien apoyado en la frescura y sus texturas. Y en boca es delicado, pero con la fuerza del lugar, una frescura marcada, y la crianza en madera está cada vez mejor integrada.

El conocimiento de los suelos y la selección de parcelas permitieron la aparición de blancos con personalidad definida y alta calidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Convicciones Chardonnay

Michelini I Muffato Cantina, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $94.600

Este vino nace de una selección de parcelas de una finca de 120 años de edad. Como los demás vinos de Andrea Muffato, acá hay un carácter distintivo. Con fruta que no es fresca, tampoco madura. De buen volumen, no es profundo, pero sí tiene un mensaje particular. Hay frescura que resalta lo mordiente de su trago. No quiere ser elegante, su acidez no lo deja, pero aporta persistencia y longevidad.

Credo Semillón

Escala Humana, Mendoza, Valle de Uco, El Peral $98.000

Para Germán Masera, El Peral es la usina del Valle de Uco, y de allí vienen los dos Semillón que dan vida a su gran y reconocido vino blanco. Que siempre se muestra equilibrado y seco, con buen volumen y una frescura certera, que equilibra su paso algo meloso. Con cierta complejidad en su mensaje, por sus notas de frutas secas y paso seco. Hay equilibrio y austeridad en el final de boca.

Los vinos blancos argentinos muestran gran diversidad de estilos y calidades, ideales para maridar con recetas de otoño y platos de olla (Imagen Ilustrativa Infobae)

Zuccardi Botánico

Familia Zuccardi, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $105.000

Este Chardonnay, elaborado 50% en concreto y 50% en barricas de 500 litros, sin fermentación maloláctica, es uno de los máximos exponentes nacionales. Un vino de paraje, elaborado con uvas de las fincas Las Cerrilladas y Las Jarillas. Sus aromas bien austeros reflejan la búsqueda de un vino de lugar y no de un varietal. Mantiene una frescura tensa e integrada. En boca, la juventud va cediendo y la acidez aporta siempre verticalidad. De trago amplio y refrescante, con buen carácter de frutas blancas ácidas y suaves dejos herbales. Profundo, limpio y texturado.

Otronia Chardonnay

Otronia, Chubut, Sarmiento $110.000

Blanco que nace en viñedos orgánicos ubicados en el corazón de la Patagonia en el paralelo 45’33, sobre suelos calcáreos. Y, para lograrlo, las uvas provienen de bloques elegidos, lo que explica su mensaje austero y fresco. De paladar amplio y cierta madurez bien llevada por su acidez integrada que siempre es protagonista. Y esto no solo le proporciona más equilibrio, sino también un potencial de guarda más delicado.

Una mano sostiene una copa de vino mientras se vierte vino blanco espumoso desde una botella oscura, creando burbujas en el líquido dorado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Linterna El Tomillo Estate Chardonnay

Bemberg Estate Wines, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $127.200

Elaborado solo con uvas de una parcela, el enólogo Daniel Pi logra un blanco de aromas delicados que recuerdan una fruta blanca sutil, con leves dejos de crianza. En boca despliega una frescura integrada, con buen equilibrio y texturas suaves, domadas por el trabajo con las lías que, sin llegar a ser graso, armonizan su trago. También hay algo de frutas secas en su persistente final de boca, en el que la crianza está sumamente integrada y aportará más longevidad.

Filos Chardonnay

Luigi Bosca, Mendoza, Valle de Uco $174.000

Gran vino blanco argentino, elaborado con uvas de Gualtallary y El Peral, con foco en el carácter de montaña. De ahí la frescura del vino, que se explica por su acidez “filosa”. Así, el enólogo Pablo Cúneo demuestra su expertise con vinos blancos. De aromas austeros y equilibrados, paladar en línea, con volumen y buena vibra en su trago. Hay carácter, con fuerza de juventud y delicadeza de gran vino. Ideal para lucirse en la mesa.

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