Las vacaciones de verano suelen ser sinónimo de cambios profundos en la dinámica hogareña. El receso escolar relaja las rutinas, y en muchas familias la convivencia con adolescentes pone a prueba la capacidad de organizar el día a día sin caer en el desorden.
Los expertos coinciden en que este período puede transformarse en una oportunidad para reforzar la autonomía de los jóvenes, siempre bajo el resguardo de límites claros y consensuados.
“El verano es un tiempo necesario de descanso, pero descansar no es sinónimo de suspender todo”. Para comenzar, el médico psiquiatra infanto juvenil y subjefe del servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires Andrés Luccisano (MN 122.284) señaló a Infobae que las vacaciones sirven para recargar energías, aunque “no para abandonar por completo los hábitos que cuidan la salud física y mental”.
De acuerdo con su mirada, sostener ciertas rutinas básicas —como horarios de descanso relativamente estables, una alimentación ordenada, algo de actividad física, espacios de socialización y un uso saludable de pantallas— es fundamental para evitar el caos familiar.
A su vez, advirtió que si estos hábitos desaparecen totalmente, luego “retomar la rutina se vuelve mucho más difícil y genera malestar en toda la familia”.
Ante la consulta de este medio, la licenciada en Psicología especialista en crianza y orientación a padres y coautora de Adolescencia divino tesoro, Lorena Ruda (MN 44.247) consideró que “no hay un modo correcto” de organizarse: “Hay familias más estructuradas y otras no tanto, cada una evaluará cuáles serán las exigencias para con sus adolescentes en este momento de ocio total”.
Para la especialista, lo más importante es que “el adolescente, cansado de las obligaciones del año, quiere aprovechar para estar más desestructurado y a su vez poner a prueba su autonomía”.
La autonomía adolescente: una oportunidad de aprendizaje
El desarrollo de la autonomía aparece como eje central del crecimiento adolescente.
Luccisano subrayó que se trata de “una necesidad central de la adolescencia y no depende solo de las vacaciones”, sino de un proceso progresivo que prepara para la vida adulta. “Aprender a decidir, organizarse y hacerse cargo de sus acciones forma parte de ese camino”, apuntó.
Desde su mirada, la neuropsicóloga clínica, doctora en Neurociencias y directora del Departamento de Neuropsicología y de la Clínica de Adolescencia de INECO Teresa Torralva (MN 20.816) destacó que “el cerebro adolescente todavía necesita marcos externos para organizarse, especialmente cuando se relajan las rutinas como ocurre en el verano”.
Según la autora del libro Adolescencia: una mirada desde las neurociencias, existe un “desbalance evolutivo” en el que “las áreas vinculadas a la emoción, la motivación y la búsqueda de placer se activan con mucha intensidad, mientras que las áreas frontales —responsables de la planificación, el control de impulsos y la anticipación de consecuencias— aún están en proceso de maduración”.
Las vacaciones, según los especialistas, permiten a los adolescentes “organizar su día, manejar su tiempo, acordar salidas o responsabilidades”. Para Luccisano, “todo esto, lejos de ser un riesgo, es una oportunidad de aprendizaje cuando hay acompañamiento adulto”.
Ruda agregó que “fomentar la autonomía es un trabajo del adulto” y que es necesario “ir tomando confianza y adquiriendo herramientas para moverse en el mundo adulto más adelante”. La psicóloga advirtió sobre el costo de la sobreprotección y remarcó que la autonomía “es con acompañamiento y cuidados, no es dejarlos solos a que armen y desarmen, vayan y vengan y hagan su vida como si fueran adultos”.
Límites y reglas: cómo establecerlos y comunicarlos de manera efectiva
El consenso entre los expertos consultados por Infobae es que las reglas y los límites no deben desaparecer en vacaciones, aunque sí volverse más flexibles y dialogados.
Luccisano señaló que el punto clave es “tener empatía”, ya que “muchos chicos y chicas asocian vacaciones con ‘no hacer nada’ o ‘no tener límites’, pero el descanso también implica cuidarse”.
Entre las estrategias que propuso, sugirió tres claves para comunicar límites: “anticipación, planificación y organización”. Según detalló, “conversar las pautas antes de que empiecen los conflictos, acordar horarios y expectativas, y sostener cierta previsibilidad disminuye la ansiedad, el enojo y los enfrentamientos”. El psiquiatra remarcó que “los límites claros, coherentes y explicados suelen ser mejor recibidos que las prohibiciones repentinas”.
Torralva sumó que “más que imponer controles rígidos, es importante acordar pocos límites claros y sostenidos —como horarios de sueño, uso de pantallas y algunas responsabilidades básicas— que funcionen como una estructura previsible que ordena sin asfixiar”.
Para la psicóloga, “el ejemplo adulto tiene un impacto directo: cómo manejamos nuestras rutinas, el uso del celular, la frustración o el descanso enseña más que cualquier norma aislada”.
En este punto, Ruda aportó la importancia de la comunicación sobre los planes de los adolescentes: “Es importante comunicar límites del tipo ‘información sobre el plan’ al que va a tener que responder para ganarse la confianza y también va a darles seguridad”. La especialista sostuvo que los adolescentes “tienen que ir teniendo la libertad de elegir salidas pero con la mirada adulta que ordena, limita y estructura dando seguridad y confianza para que ellos puedan moverse dentro de su libertad pero no a la deriva”.
Negociar libertad y responsabilidades: el equilibrio es posible
El equilibrio entre permitir libertad y sostener límites es uno de los mayores desafíos del verano. Luccisano explicó que “el equilibrio no es un punto fijo al que se llega, sino algo que se construye todos los días, con paciencia, ensayo y error”. Subrayó que el primer pilar es “una comunicación clara y empática, adecuada a la edad y a la personalidad de cada adolescente”, y que “comunicar no es solo hablar, también es escuchar de verdad”.
Al respecto, Torralva planteó que “no solo es posible, sino necesario” encontrar ese balance. “La firmeza brinda contención y previsibilidad; la libertad habilita el aprendizaje. El equilibrio se construye con reglas claras pero flexibles, ajustadas a la edad y al contexto, y con adultos disponibles para revisar acuerdos cuando algo no funciona”, aseguró.
Ruda sugirió que una forma concreta de negociar responsabilidades es no desligar a los adolescentes de tareas dentro de la casa: “Si hacen planes con amigos en su casa, que la dejen ordenada cuando todos se van. Distintas maneras de mostrarles que tienen libertad pero dentro de un marco”. La psicóloga mencionó que “uno va negociando el ‘hasta dónde’ según cómo vayan respetando los acuerdos”.
Aprendizaje y preparación para la vida adulta
El verano representa un entorno propicio para que los adolescentes practiquen habilidades y responsabilidades que serán fundamentales en el futuro. Torralva afirmó que “preparar para la vida adulta no significa exponerlos sin red, sino entrenar habilidades con acompañamiento”. Según la especialista, es posible trabajar “la organización del tiempo, el manejo del dinero, el cuidado del cuerpo, la toma de decisiones y la regulación emocional”.
En la misma línea, Luccisano recomendó aprovechar el receso para “enseñar responsabilidades concretas: participar en las tareas del hogar, cocinar, ordenar, hacer mandados, cuidar espacios comunes”. Para el psiquiatra, estas actividades “fortalecen la autonomía y transmiten que formar parte de una familia implica colaborar”.
Para Ruda, las vacaciones familiares “exponen a negociar constantemente sobre las decisiones que ellos quieren tomar por su cuenta y las que se tienen que acomodar al plan”. Señaló que “en algunos lugares hay salidas nocturnas también y siempre nos manejamos con las mismas normas, estemos donde estemos”. En el caso de espacios seguros, como complejos o clubes, sugirió que se puede dar mayor libertad para que los adolescentes “vayan de a poco probando cómo es moverse solos”.
Consejos para padres: gestionar el caos sin perder de vista el bienestar
Frente al cansancio y la ansiedad que puede generar la falta de rutina, los especialistas propusieron estrategias de autocuidado y comunicación. Luccisano aconsejó “asumir que el equilibrio no aparece solo: es una decisión consciente”. Agregó que ayuda “tener claras algunas prioridades, tanto en vacaciones como durante el resto del año”, y que “aceptar que el verano implica flexibilidad también es clave”.
Torralva recomendó a los adultos “correrse de la lógica del ‘todo o nada’”. La psicóloga sostuvo que “un equilibrio saludable se construye con acuerdos claros, presencia adulta consistente y expectativas realistas”. Y aclaró que “entender cómo funciona el cerebro adolescente no elimina el cansancio ni resuelve todos los problemas, pero sí devuelve calma y criterio para atravesar una etapa intensa, transitoria y profundamente transformadora”.
Sobre el final, Ruda resumió el desafío: “La línea delgada entre la autonomía y el abandono o el control y la sobreprotección se ponen en juego permanentemente en esta etapa y es un desafío para cada familia cómo atravesarla con cada hijo”. Para la especialista, “no perder de vista que su insistencia en cambiar todos los planes que nosotros proponemos tiene que ser respondida como ellos quieren porque ‘es típico de adolescente’”, aunque esto no implica dejar de intervenir ni dejar de estar atentos.