
En la actualidad ya no es una novedad que, a lo largo del mundo, la población de personas de 65 años o más está aumentando. Este fenómeno podría asociarse a las mejoras en la atención de salud que se han producido en el último siglo, lo cual ha derivado en una disminución en la mortalidad y un incremento en la expectativa de vida. De hecho, a nivel mundial, en el año 2018 las personas de más de 65 años superaron por primera vez a la población de niños menores de 5 años, hecho vinculado también a la disminución en las tasas de natalidad.
Un problema relacionado a esta situación es el aumento de enfermedades asociadas a la edad, como por ejemplo el Alzheimer y otras demencias. “Las enfermedades neurodegenerativas en la actualidad constituyen una verdadera pandemia. Algunos datos vinculados con ello registran que cada 3 segundos se realiza un diagnóstico de demencia y que existen aproximadamente 50 millones de personas con dicho diagnóstico en el mundo”, afirmó la doctora Florencia Vallejos, miembro del Departamento de Geronto-Neuropsiquiatría y de la Clínica de la Memoria de INECO.
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A su vez, la profesional agregó: “Sin embargo, por otro lado, también sabemos que, a nivel mundial, se estima que un 75% de los casos de demencia no son diagnosticados y que 1 de cada 4 personas cree que no se puede hacer nada para prevenir la demencia”.
En ese sentido, y en conmemoración con el mes del Alzheimer, los expertos de INECO buscarán, a lo largo de septiembre, concientizar sobre las medidas que se pueden tomar en las diferentes etapas de la vida para prevenir el deterioro cognitivo y la demencia. Para introducirnos en el tema, la doctora Vallejos compartió una serie de sugerencias para tener en cuenta a la hora de hablar sobre el envejecimiento y la demencia:
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Existe un mito vinculado con el envejecimiento, en el cual se tiende a creer que al envejecer es normal o esperable tener problemas de memoria, estar confundido, deprimirse o sentirse ansioso. Ese mito y el estigma asociado a las enfermedades mentales impiden que las personas puedan realizar a tiempo la consulta con un profesional de la salud que les permita arribar a un diagnóstico y desarrollar un tratamiento adecuado para mejorar su calidad de vida y la de sus seres queridos.
Por ese motivo es importante entender que existe un envejecimiento normal, en el cual no habría una enfermedad cerebral, y un envejecimiento patológico, en el cual se puede producir un deterioro cognitivo y una demencia, producto de una enfermedad que hay que diagnosticar y tratar.
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En el envejecimiento normal es esperable que diversos órganos del cuerpo vayan disminuyendo su funcionamiento. Esto ocurre también con el cerebro, que a lo largo de los años va presentando cambios en su estructura, que se acompañan de algunos cambios en las funciones cognitivas.
Se sabe que algunas funciones, como la velocidad para procesar la información y algunos tipos de memoria, pueden sufrir un leve “declive cognitivo”. Como resultado, algunas personas pueden estar más lentas para recordar cierta información a comparación con cómo lo hacían antes. Esto se traduce en lo que de denominan “olvidos benignos”, que no se relacionan a la presencia de una enfermedad cerebral.
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Los olvidos que sugieren la posible existencia de una demencia tienen características que ayudan a diferenciarlos de un olvido benigno. En principio, son progresivos, es decir que tienden a ser cada vez más importantes y frecuentes. Por otro lado, suelen preocupar más a la familia o el entorno de la persona que los presenta, que a la persona en sí.
Es muy común que la persona que está desarrollando una demencia, trate de disimular o minimizar sus síntomas. Finalmente, y lo más importante es que empiezan a interferir en la independencia de la persona (aparecen, por ejemplo, dificultades para recordar adecuadamente tomar la medicación, para manejar finanzas, etc.).
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Ejemplos concretos de cambios cognitivos que pueden relacionarse a la presencia de una enfermedad del cerebro, y ante los que se debe estar alerta, son: olvidar frecuentemente situaciones vividas recientemente, perder objetos cada vez con más frecuencia, tener dificultad para recordar palabras de uso común o nombres de personas conocidas, como también para comunicarse y hablar, perderse repetidas veces en tiempo o lugar, tener problemas para aprender nuevas habilidades o completar tareas habituales, mostrar retraimiento social o pérdida de la iniciativa y presentar cambios en la personalidad o en la conducta.

Los profesionales especializados en problemas cognitivos o de la conducta, que pueden ser médicos neurólogos, psiquiatras o clínicos, podrán diferenciar los cambios cognitivos asociados al envejecimiento normal, de aquellos que puedan formar parte de una enfermedad. Asimismo, buscarán evaluar el origen, ya que si bien se tiende a pensar que demencia es sinónimo de enfermedad de Alzheimer, la realidad es que existen muchas causas de demencia.
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La palabra demencia, no nos habla de una causa en particular, sino que hace referencia a un conjunto de signos y síntomas que se caracterizan fundamentalmente por la presencia de un deterioro en 2 o más de las funciones cognitivas (memoria, atención, lenguaje, funciones ejecutivas, habilidades visuoespaciales, gnosias, praxias y habilidades sociales), que es lo suficientemente importante como interferir en la independencia o autonomía de la persona que lo padece.
La enfermedad de Alzheimer, que es una enfermedad neurodegenerativa, es la demencia más frecuente, y corresponde a alrededor del 70% de todas las causas de demencia, pero no es la única.
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Muchas veces se cree que no se puede hacer nada para prevenir el deterioro cognitivo o la demencia, y que la herencia es lo más importante para su desarrollo. Sin embargo, las demencias hereditarias, es decir las que se traspasan de generación en generación por la presencia de un gen alterado, son las menos frecuentes (siendo menos del 5% de los casos en el caso de la enfermedad de Alzheimer).
Las demencias más frecuentes, se relacionan al resultado del interjuego entre diversos factores de riesgo, de los cuales cada vez se conoce más el efecto que tienen tanto en su desarrollo como en su prevención. Según una publicación de la revista The Lancet en 2017, actuando sobre diferentes factores de riesgo a lo largo de la vida, se podrían llegar a prevenir o retrasar las manifestaciones de hasta el 40% de todas las demencias. Este punto será desarrollado por los profesionales de INECO en los próximos ejercicios de esta serie.
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