La exposición frente al poder tiene su precio y se manifiesta en el cuerpo de quienes lo detentan. El paso tiempo es un gran depredador y se acelera frente al estrés. Desde la llegada al poder -hace un año- Mauricio Macri vivió diversas problemáticas comunes a la vida de un jefe de Estado, que desencadenaron en problemas de salud.
Un estudio realizado por el British Medical Journal concluyó que un presidente envejece con mayor rapidez que el resto de los ciudadanos con responsabilidades menores.
Consultado por Infobae, el psicólogo Gervasio Diaz Castelli, sostuvo que "un cuerpo sometido a estrés crónico acelera una multiplicidad de factores biológicos", además agregó que "en todos los casos, el poder da señales en el cuerpo, hay presidentes que lo escuchan, otros que no".
Durante el primer año de gestión, Macri sufrió problemas de diversa índole de salud. "Todas las tensiones que atraviesa las personas en el poder ejecutivo dispara patologías de base a partir de la sobrecarga", detalló el especialista, que recibe a menudo consultas de funcionarios sobre el manejo de estas situaciones.
A mediados de junio pasó por el quirófano del Instituto del Diagnóstico para operarse los meniscos de la rodilla derecha después de una lesión sufrida en un partido de pádel en la quinta de Olivos. A principios de ese mes, también había sido derivado a la Clínica de Olivos, a metros de la residencia presidencial, por una arritmia que luego no pasó a mayores. Ahora el mal que aqueja al presidente es un pólipo en las cuerdas vocales para recuperarse de una disfonía, que lo llevó nuevamente al quirófano.
Más allá del estrés causado por la fuerte exposición y el trabajo cargado de obligaciones y responsabilidades "un presidente, recibe enormes caudales de agresividad y eso genera una serie de efectos en el cuerpo, nadie está blindado", enfatizó Díaz Castelli. A su vez, la agenda de un líder "está muy por encima de la capacidad humana de tolerar y procesar las tensiones".
A ese desgaste no ha sido ajeno al jefe de Gabinete, Marcos Peña. Donde los consecuencias visibles de la exposición al poder se reflejan por ejemplo en la aparición de cabellos blancos y rasgos de expresión más marcados. "Si bien se espera que un mandatario tenga sangre fría, no deja de ser un ser humano", explicó el especialista.
En el terreno internacional, también se manifiesta esta problemática, Franz Olivier Giesbert, director de Point, resume la transformación del presidente Barack Obama con una frase: "Hace cuatro años, los americanos eligieron a Will Smith y ahora han reelegido a Morgan Freeman", resaltó la edición francesa de El Huffington Post.
El fotógrafo Dan Winters captó la evolución de Obama durante los 8 años de gestión y los cambios son evidentes. En 2008 con su llegada a la Casa Blanca, tenía un aspecto más joven, sin tanta marcas de expresión aparentes.
Según el especialista, Diaz Castelli, nadie está inmune al estrés del poder, la única inmunización frente a los efectos sería poseer vínculos intrafamiliares sólidos, que podrían aminorar el daños.
LEA MÁS: