Airlander 10 o el instrumento volador que mide más que una cancha de fútbol. Sus medidas son demenciales: es la aeronave más grande del mundo. En su bautismo en el aire alcanzó una altura de mil metros en un viaje de dos horas de duración, en su prueba iniciática llevada a cabo en el aeropuerto de Cardington, Reino Unido, curiosamente donde se construyeron los primeros dirigibles británicos durante la Primera Guerra Mundial. Dirigible, avión o helicóptero, es el resultado de una perfecta combinación de formatos: una aeronave híbrida, creación patentada por Hybrid Air Vehicles.
El Martha Gwyn, la denominación del ejemplar que realizó el vuelo, surcó los cielos de Londres emitiendo una inmensa sombra. Sus condiciones físicas deslumbran tanto como el nivel de sus prestaciones y facultades mecánicas. Calificarlo es una tarea compleja: es un zeppelin moderno, dotado con enormes cámaras con helio, hélices de helicóptero y alas de avión. Reproduce las funciones vitales y las cualidades tecnológicas de cada nave aérea. En términos de apariencia, emula las líneas de un dirigible pero una vez cargado no es capaz de despegar y aterrizar en vertical, sino que precisa de una ruta de cien metros para operar en ambas utilidades.
Sus dimensiones son colosales: 92 metros de largo, 43,5 de ancho, 26 de alto y un peso de 20.000 kilos. Mide quince metros más que el avión comercial más grande en la actualidad. A Usain Bolt, el hombre más rápido del mundo, recorrer toda su longitud le demandaría más de nueve segundos. Su sistema de propulsión dispone de cuatro motores turbodiésel V8 de 325 CV, capaces de erogar una velocidad crucero de 148 kilómetros por hora. El resto de su planilla técnica la completa su capacidad de carga de 10 toneladas, un techo de servicio de unos seis mil metros y la posibilidad de permanecer en vuelo durante cinco días si va tripulado y de hasta dos semanas si es operado en remoto.
Una vez en vuelo, el helio que habita en su interior contribuye a mantenerlo suspendido. El Airlander 10 cuenta con una ligera estructura de fibra de carbono y vectran, un hilo de fibra de polímero de cristal líquido (LCP) muy resistente: sus desarrolladores aseguran que podría seguir volando cinco horas hasta aterrizar en un punto seguro en caso de recibir un ataque con más de cien balas. La nave híbrida reúne cualidades que le permiten volar ante inclemencias o situaciones meteorológicas adversas.
Silencioso, de bajo impacto ambiental, consume y contamina menos, y según el fabricante Hybrid Air Vehicles podría emplearse como una excelente plataforma de transporte, comunicaciones, misiones humanitarias y experimentales. El Airlander 10 es el desarrollo final de un diseño cancelado por el Ejército de Estados Unidos. Está basado en el HAV 304, una aeronave que integraba un programa de las fuerzas armadas norteamericanas que planeaba utilizarlo en ejercicios de reconocimiento y vigilancia en Afganistán. Finalmente el proyecto fue abandonado por su elevado costo en 2013 y desde entonces la firma aeronáutica británica aspira a revolucionar la era de las aeronaves, con el pedido de fondos a empresas privadas y departamentos gubernamentales.
El prototipo bautizado Martha Gwyn costó USD 35 millones. La compañía está en pleno desarrollo del Airlander 50, una aeronave que anuncia una longitud de 119 metros y una capacidad de carga de 50 toneladas, aún con pronósticos de lanzamiento sin confirmación. Pero Hybrid Air Vehicles evidencia, de esta manera, una proyección audaz: se estima que poblará el tráfico aéreo con 600 aeronaves para los próximos veinte años.