La historia se repitió, pero esta vez con personal de seguridad de por medio. Steffany “Campanita” Pereira protagonizó el jueves 27 de agosto uno de los episodios más tensos de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe): la producción la expulsó junto a Danelik Galazán tras el violento encontronazo que ambas tuvieron la noche anterior, y la paraguaya volvió a negarse a abandonar la casa, tal como ya había hecho cuando fue eliminada por el voto del público. Esta vez, la situación escaló hasta que una oficial de seguridad femenina tuvo que ingresar al predio para persuadirla de retirarse.
El origen del conflicto que desencadenó la doble expulsión fue un episodio ocurrido el miércoles por la noche. Campanita sacó de la habitación las fotografías de los hijos de Solange Abraham y de Jennifer “Pincoya” Galvarini, un gesto que desató una pelea que casi terminó en una agresión física. La decisión de Gran Hermano fue tajante: ambas debían abandonar la casa de inmediato, sin posibilidad de apelación.
Las reacciones de las dos expulsadas fueron completamente opuestas. Danelik Galazán aceptó la sanción sin resistencia y se retiró por la puerta giratoria sin mayores inconvenientes. Campanita, en cambio, estalló. “¡Ay, no, amado! Ahora sí que no me voy a ir. No me voy a ir. Ahora sí que no me voy”, dijo la joven en el momento en que se le comunicó la decisión. Y fue escalando: “Me parece horrible. No, no, no. No me voy a ir de ninguna manera porque me parece horrible, amado. Nunca en mi vida agredí a nadie. Nunca hice eso. Me parece muy injusto”.
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Mariela Prieto, la participante que había habilitado el ingreso de Campanita a la casa tras su eliminación por el público, intentó hacerla entrar en razón. No lo logró. Gran Hermano también advirtió que su postura podía perjudicar a la propia Prieto en el juego, pero tampoco eso modificó la actitud de la paraguaya, que se dirigió al confesionario para continuar con su descargo lejos del resto de las participantes.
Desde el confesionario, la paraguaya sostuvo su versión de los hechos con firmeza y entre lágrimas. Negó haber agredido a alguien y cuestionó la decisión de la producción: “Yo no me voy a ir de ninguna manera porque me parece horrible, amado. Yo nunca le agredí, amado. Nunca ni a nadie en mi vida le hice eso”, dijo. También enumeró una serie de situaciones previas que, a su entender, habían quedado sin sanción: “Me quitaron mis cosas varias veces. Ella tiró mi rama de flores en el basurero. No dije nada. Quitaron mi tapete. Nunca dijiste nada, amado. Siempre dijiste que no podías interferir”.
Sobre el episodio de las fotografías que desencadenó el conflicto, Campanita ofreció su propia lectura: “Guardé cuidadosamente las fotos y quería hacer un intercambio con mi maquillaje nada más, no arrugué, no hice nada con las cosas de nadie”, sostuvo. Y volvió a insistir en que jamás habría llegado a la agresión física: “Una vez una chica me pegó y ni aún así le pegué yo. Nunca hice eso en mi vida. Eso es la cosa más horrible”.
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Los minutos pasaron y la situación no se desbloqueó. El conductor Santiago del Moro había anticipado al aire, antes de que ocurriera, que había personal femenino de seguridad listo para intervenir si Steffy seguía sin acatar la orden. Fue lo que ocurrió. Una oficial ingresó a la propiedad y tras una extensa charla con la participante, logró persuadirla. La invitada rompió en llanto, abrazó a la oficial entre lágrimas y finalmente abandonó la casa por la puerta de atrás, fuera del aire.
No era la primera vez que Campanita se resistía a cumplir una orden de retiro. La misma actitud había tenido cuando fue eliminada por el voto del público en una gala anterior, en un episodio que también había generado tensión dentro y fuera de la casa. Aquella eliminación había marcado el pico de rating de la temporada, y este nuevo capítulo volvió a poner a la paraguaya en el centro de la escena de Gran Hermano Generación Dorada.
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