La inesperada muerte de Rubén Rada sigue generando conmoción en el mundo del espectáculo y la música popular. El músico uruguayo, referente absoluto del candombe y figura clave en la historia de la música rioplatense, falleció tras un mes de lucha contra una neumonía bilateral. Su partida dejó un vacío difícil de llenar, pero también motivó una ola de homenajes, palabras de cariño y recuerdos por parte de colegas, amigos y fanáticos de varias generaciones. Entre todos los tributos que se multiplicaron en los últimos días, uno de los más sentidos fue el que le dedicó Divididos durante su show en el Teatro de Flores.
La banda liderada por Ricardo Mollo se presentó el miércoles por la noche en su habitual reducto del barrio porteño de Flores y sorprendió al público con un homenaje espontáneo al mítico músico uruguayo. En medio del concierto, Mollo tomó la palabra y, guitarra en mano, entonó unas estrofas de “Blumana”, uno de los temas más reconocidos de Rada. “Tocá che Negro Rada. Tocá grita la hinchada. Tocá y cantá tranquilo. Que acá no pasa nada”, cantó el guitarrista, mientras la audiencia acompañaba con respeto y emoción.
El homenaje no quedó sólo en la música. Mollo interrumpió el tema para dedicarle unas palabras a Rada, con un tono de afecto y gratitud: “Negrito querido. Te vamos a extrañar mucho”. El músico continuó rasgueando su guitarra durante unos segundos, hasta dejar el instrumento a un costado y cerrar con una frase que resumió el sentimiento de la noche: “Gracias. Ha dejado tanta música que va a ser difícil no sentir su presencia todo el tiempo”. La ovación fue inmediata y el público respondió con un aplauso que se extendió durante varios minutos, en señal de respeto y admiración.
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El tributo de Divididos no fue casual. Rada supo dejar su huella en el mundo del rock argentino y forjó lazos profundos con sus protagonistas. A lo largo de más de seis décadas de carrera, el músico uruguayo nunca entendió las fronteras entre géneros como límites, sino como puentes para crear algo nuevo. Su vínculo con el rock local fue especialmente fuerte: compartió proyectos y grabaciones con Charly García, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez, León Gieco, Litto Nebbia y los propios Divididos, entre muchos otros. En 2009, editó Fan: Pa’ los amigos, un disco dedicado a versiones de canciones de artistas que admiraba —entre ellos, Charly, Spinetta, Fito, Gieco, Nebbia y Andrés Calamaro— y en 1990 grabó junto al fundador de Los Gatos Las aventuras de Rubén Rada y Litto Nebbia, un álbum que fusionó el candombe, el rock y la canción de autor en un cruce irrepetible.
El legado de Rada se sostiene en esa capacidad de reinventar el lenguaje musical, de tender puentes y de transformar la tradición en algo contemporáneo. Pero también en su calidez humana y en el cariño que despertó en colegas y amigos. El propio Mollo tiene una relación especial con el ambiente artístico uruguayo: su pareja es Natalia Oreiro, con quien tiene a su hijo Merlín Atahualpa, y en numerosas ocasiones manifestó su admiración por la cultura del país vecino. Oreiro, de hecho, fue otra de las figuras que despidió a Rada con un mensaje conmovedor. La actriz y cantante eligió una foto en blanco y negro junto al músico, y compartió la letra de “Botija de mi país”, convertida por Rada en un himno generacional: “Botija de mi país, espero que seas feliz vistiendo de amor a tus hermanos. Botija reí, reí, que el tiempo que vos vivís mañana será un lindo pasado. Botija de mi país si un día te recibís déjate embriagar por los tambores, sólo dejate llevar y nunca lo olvidarás, tu vida será siempre un candombe...”.
En ese mismo posteo, la actriz sumó sus propias palabras: “Querido Negro... no tengo palabras, fuiste, sos y serás lo más grande del Uruguay... como artista, como persona, como amigo. Inteligente, cálido, generoso y ocurrente. A vos no se te va a extrañar, porque cada rincón, cada canción, te tendrá siempre presente en todos los corazones de los que te amamos y admiramos profundamente”.
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