El verano europeo encontró a Zaira Nara y sus hijos, Malaika y Viggo, lejos de la rutina habitual y el ruido mediático. Apenas finalizó su labor cubriendo el Mundial 2026 en Estados Unidos, la modelo y conductora decidió cambiar de escenario y regalarse una experiencia distinta: armó valijas y voló rumbo a Madrid, eligiendo la capital española como refugio de descanso, juego y complicidad familiar. Esta vez, la protagonista fue la intimidad cotidiana, con una galería de momentos simples y entrañables junto a sus dos pequeños, fruto de su relación con Jakob Von Plessen.
Instalada en la ciudad y bajo el calor típico de julio en esa parte del hemisferio, Zaira compartió a través de sus redes sociales una galería de postales y videos que muestran su costado más familiar. El termómetro madrileño marcaba 34°C, pero ni el calor ni el bullicio turístico impidieron que la rutina de madre e hijos encontrara su propio ritmo. En una de las historias, Viggo sonrió con una camiseta de la selección argentina mientras sostiene una bebida con el logo del oso y el madroño, el emblema indiscutido de Madrid, dejando en claro la combinación de orgullo nacional y curiosidad viajera que caracteriza a la familia.
El día comenzó con un desayuno en la cama, bajo la mirada de la infanta Margarita retratada en un cuadro clásico del reconocido pintor Diego Velázquez, una escena que mezcla la intimidad de lo cotidiano con detalles propios de un hotel madrileño. La modelo se mostró relajada junto a sus hijos, ambos vestidos con camisetas deportivas, disfrutando del momento sin prisa. Malaika, de celeste y con una expresión risueña, se robó el protagonismo en un video donde su madre le pide un “movimiento la cadera” para bailar. La reacción de la niña, una mezcla de timidez y gracia, regaló una sonrisa contenida y una postura reservada, lejos de cualquier actuación forzada.
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La agenda de la escapada incluyó paseos por el Parque del Retiro, uno de los pulmones verdes de la ciudad y parada obligada para quienes buscan sombra y aire fresco en pleno verano. Entre árboles, senderos y fuentes, Malaika se dejó ver distendida, con una bolsa de semillas en la mano, mientras Zaira aprovechaba para tomar fotos y selfies que capturaron la complicidad entre madre e hija. En una de esas imágenes, ambas aparecieron de perfil relajado, con miradas limpias y el fondo verde del parque como único decorado.
El recorrido siguió por otros rincones emblemáticos de Madrid, donde el entusiasmo de Viggo por el fútbol se hizo sentir. El pequeño, identificado con la camiseta argentina, no ocultó su pasión por la pelota ni su energía para sumarse a cada propuesta de su madre. Mientras tanto, Zaira alternó paseos, meriendas refrescantes y hasta una visita a la casa del Ratón Pérez, dejando en claro que, lejos del ritmo frenético del trabajo y las cámaras, su prioridad es el tiempo compartido con sus hijos.
Esta escapada familiar llegó justo después de unos días de máxima exposición mediática: Zaira había cubierto la Copa del Mundo, una experiencia que la dejó exhausta pero feliz. “Me voy con 100 años más de cansancio, el día que vuelva a dormir 8 horas subiré hermosas fotos de estos días juntos. Pero nada de lo que suba va a representar la felicidad que me llevo de estos días juntos”, escribió al finalizar su cobertura, resumiendo en una frase el saldo emocional de aquella experiencia. Dos semanas después, ya en Madrid, la modelo demostró que su energía nunca se agota cuando se trata de estar cerca de Malaika y Viggo.
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Así, entre paseos bajo el sol, meriendas y juegos improvisados, Zaira Nara dejó en claro que, más allá de la fama y los compromisos laborales, lo verdaderamente importante es el disfrute genuino en familia. Madrid fue, durante unos días, el escenario donde la modelo eligió bajar el ritmo, reconectar con sus hijos y regalarles una pausa hecha de afecto, ternura y recuerdos compartidos.