Cuarenta años de trayectoria, más de 50 millones de discos vendidos y una presencia en la ceremonia inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en la Ciudad de México. Así llega Maná a su cita más esperada en la Argentina: el 10 de diciembre, la banda de rock en español más popular de todos los tiempos pisará por primera vez el Estadio Monumental de River Plate en Buenos Aires, el escenario más grande del país, en el marco del Vivir Sin Aire Tour.
La gira que traerá a Fher Olvera, Alex González, Sergio Vallín y Juan Calleros recorre cinco países de Latinoamérica —Colombia, Perú, Chile, Argentina y México— con una producción de estadios diseñada para celebrar cuatro décadas de historia. Antes de Buenos Aires, el tour pasa por el Estadio Vive Claro de Bogotá (28 de noviembre), el Estadio San Marcos de Lima (2 de diciembre) y el Estadio Monumental de Santiago de Chile (5 de diciembre), para cerrar en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México el 17 de diciembre. Para el público argentino, la fecha del 10 de diciembre será la gran oportunidad de ver a la banda en el país durante 2026.
Alex González, baterista, uno de los fundadores del grupo y, sin dudas, quien le da el sonido a la agrupación mexicana, atendió la charla desde la oficina que montó en su casa en Guadalajara, con una hilera de los 13 premios Grammy que ganaron (entre Latinos y globales) y las “lenguas” de MTV como fondo, entre otros galardones. Apodado “Animal” desde los tiempos de Sombrero Verde, la banda que precedió a Maná, González habló del significado de tocar en River, del desafío de armar el repertorio para los 40 años, de su amor por la batería, del estreno ante millones en el Mundial y de los planes de la banda para el futuro.
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— ¿Qué significa para Maná tocar por primera vez en el Estadio Monumental de River Plate?
— Imagínate qué bestial. Era algo que a veces ni nos planteábamos, porque hay bandas tan icónicas como Soda o, más recientemente, Airbag —increíble lo que han hecho—, los mismos Rolling Stones, AC/DC... No es cualquier estadio, es uno de los más emblemáticos e importantes a nivel mundial. Poder llegar ahí, tocarle a la gente y pisar un lugar casi sagrado, con tanta historia no solo en el fútbol sino también en la música popular, estamos encantados. Y sí, venimos con la producción más grande que Maná ha tenido en exteriores en toda su carrera. Queremos que todo el mundo escuche y vea bien, y eso para Maná no es negociable. Traemos la producción que estamos usando en la gira de Estados Unidos y la llevamos a versión gigantesca para estadios.
— ¿Van a documentar esta gira de alguna manera?
— Siempre grabamos, siempre estamos grabando video y audio. Nos gusta documentar y tener todo por cualquier cosa. Hay muchas ideas y planes, no sé cuándo exactamente, pero a lo mejor pronto, de hacer una especie de documental de nuestra historia. Más que nada queremos que sea una historia de inspiración, para las futuras generaciones que quieren armar una banda y que vean que, aunque tengas casi todo en tu contra, si hay trabajo, talento, mucha garra, hambre y profesionalismo, se puede. No es fácil, no va a llegar de la noche a la mañana, pero si estás ahí, tarde o temprano llega.
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— Con 40 años de carrera y tantos hits, ¿cómo arman el repertorio para el show?
— Como dicen ustedes, es todo un quilombo (Ríe). Es difícil porque, afortunadamente, tenemos muchos hits y también canciones que nunca salieron en la radio pero que los fans más hardcore quieren escuchar algún día en directo. Tendríamos que tocar más de tres horas para hacer algo así. Pero ya estamos tocando más de dos horas quince, a veces hasta dos horas y media. Vamos a tratar de llegar con un repertorio muy balanceado, muy rico, tocando temas de todos nuestros discos. Siempre es un reto porque siempre va a faltar alguna canción. Hay unas que no pueden faltar porque si no nos linchan (Ríe), Pero hasta ahora Maná ha podido satisfacer al fan. Y vamos a hacer algo interesante: queremos que los fans de Argentina nos manden qué les gustaría escuchar, no los hits —esos ya los sabemos—, sino las canciones que nunca salieron en la radio pero que el fan ama y dice: “Nunca lo han tocado en vivo, sería increíble escucharlo”. Eso es un reto bonito para nosotros.
— ¿Y a vos personalmente, qué canciones te gusta tocar?
— Muchas cosas, canciones que nunca hemos tocado en vivo, desde los primeros discos hasta los más recientes. Pero es como decir cuál hijo o hija amás más. Los amás igual a todos. Cada canción tiene su historia, desde lo musical hasta lo literario. Yo creo que es más que nada el feeling de los fans lo que quieren oír. Me encanta de verdad todo lo que hemos hecho y de eso se trata hacer música: primero satisfacerte a ti mismo y a la banda. Si a ti te gusta, esperás que ojalá a la gente le guste. Es lo único que podés hacer cuando hacés música honestamente.
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— Para algunos es demodé, pero vos seguís haciendo tremendos solos de batería en tus shows y tu público lo agradece...
— Sigo haciendolos, me encanta. Yo vengo de la vieja escuela. Crecí escuchando a John Bonham de Led Zeppelin, a Keith Moon de The Who, a Neil Peart de Rush, a Stewart Copeland... Ringo Starr, que fue la razón por la que empecé a tocar la batería cuando tenía cinco años. Terry Bozzio también hacía solos y sigue haciéndolos. Un solo, primero, es un buen momento para dejar que el cantante se recupere, que es válido e importante para poder seguir cantando bien. Y para mí no es tanto demostrar lo técnico, es un momento musical mío que comparto con la gente. Lo veo casi como una pieza musical, un poco al estilo de los bateristas de jazz, porque gran parte es improvisado. Tengo como cuatro momentos marcados, pero sobre eso es muy, muy improvisado. Hay un principio y un final. Eso mantiene las cosas muy en vivo: no hay dos solos idénticos en dos noches distintas. Es muy divertido porque me mantiene la mente trabajando, y esa interacción con el público es fantástica.
— ¿Quién te puso el apodo “Animal”?
— Fher. Antes de Maná teníamos otro grupo que se llamaba Sombrero Verde. Yo entré con quince años. Llegó un momento, creo que rondaba los veintiuno o veintidós, en que ya le estaba dando con mucha fuerza a la batería, muy recio. En un concierto Fher voltea y dice: “Es que es un animal”. Como que la iba a destruir, no de abusar, sino por el ataque. Muy bestial, muy primitivo. [Ríe.] Y aparte, de chiquito crecí viendo los Muppets y Animal es el baterista. No hay un baterista en el planeta que no ame a Animal. Los fans me avientan muñequitos de Animal y me encanta. Tengo un montón guardados.
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— ¿Cómo conviven en vos el baterista de Maná y el que tiene un lado más heavy metal?
— Afortunadamente crecí en un ambiente musical donde escuchaba de todo. Mi mamá es cubana y mi papá es colombiano, así que en casa había mucha música latina. Luego me metí en todo lo relacionado con el rock: el rock pesado de los setenta, el rock de los sesenta, el rock progresivo —Yes, Genesis, King Crimson, de quien era megafan de Bill Bruford—, el new wave, el punk, los Ramones, el reggae con Bob Marley y Peter Tosh, el heavy metal de los ochenta con Quiet Riot, Guns N’ Roses, Mötley Crüe. El único estilo que nunca practiqué, aunque lo aprecio profundamente, fue el jazz. Entonces, como baterista, eso te da la libertad de poder tocar géneros distintos si tenés la habilidad. Yo nunca me quise encasillar en un solo estilo. Eso me permitió, por ejemplo, hacer un proyecto de rock pesado junto a Andrés Giménez, que es un querido hermano y amigo argentino. La música es para divertirse y crear cosas interesantes.
— Desde “Cama Incendiada” no lanzan material nuevo. ¿Piensan grabar un disco?
— Sí lo hemos hablado. Cuando terminamos la gira de Cama Incendiada, a finales de 2016, teníamos pensado empezar a trabajar en un álbum nuevo, pero la gira se extendió. Justo cuando pensábamos que iba a ser el momento, vino el COVID. Se paralizó el mundo completo y no sabíamos qué iba a pasar. Al poder regresar, a finales de 2022, la primera necesidad fue volver a tocar en vivo: extrañábamos estar frente a un público y la gente extrañaba esa sensación de escuchar música en vivo, estar todos abrazados y cantar. Por eso nos hemos enfocado tanto en las giras. Salió el proyecto de Noches de Cantina, que Fher ya traía en la cabeza, invitando a artistas que ni habían nacido cuando Maná ya tenía discos. Pero sí hemos estado hablando de cómo y cuándo grabar. No sabemos si vamos a soltar canciones de a poco, sacar un EP o un álbum completo. Lo que sí puedo decir es que hay intención de hacer música nueva.
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— ¿Cómo se adaptaron al modelo de Spotify y los sencillos sueltos?
— Yo te voy a ser honesto: sé que Spotify es una plataforma muy importante, pero personalmente no la uso. Yo sigo comprando música, sigo comprando vinilos, apoyo a bandas nuevas. Soy de esa generación. Pero más allá de las plataformas, lo más interesante es ver cómo nuestra música se fue pasando de generación en generación gracias a los papás, los abuelos, los hermanos, los tíos. Eso fue algo natural, no fue una estrategia de marketing. Así es como Maná ha podido estar vigente. Y otra cosa: Maná gira mucho y toca mucho. En la gira por Estados Unidos, que arrancamos en septiembre del año pasado, ver chicos y chicas de entre cinco y doce años en los conciertos —con sus hermanos, con sus padres— es alucinante. Ahí te das cuenta de que la música pasó de generación en generación. Te ven en vivo y ahí es donde flipean. De eso se trata ser una buena banda: que cuando toqués en vivo, la gente tenga ganas de volver a verte.
— ¿Cómo fue la actuación en la ceremonia inaugural del Mundial?
— Fue una locura. Nunca nos imaginamos abrir la inauguración de una Copa Mundial en México. De adolescentes nos tocó vivir México 86 en Guadalajara y fue algo muy bonito. Cuando nos avisaron que querían que Maná abriera la inauguración, fue como un sueño. Fue muy emotivo, muy alucinante. La FIFA al principio solo nos quería dar un minuto y tuvimos que pelear. Nuestro mánager pudo sacar más de dos minutos. Hicimos una versión muy potente en vivo y Fher, que sabe cómo calentar al público, fue increíble. Nunca nos imaginamos ver esa reacción: cómo cantaron en el estadio y afuera. Con los monitores de oídos, el volumen de la gente cantando sobrepasaba al de la música. Fue algo muy lindo. Y cuando después te dicen que te vieron 1.200 millones de personas en el mundo, ahí es cuando decís: “¡¿Qué?!” Qué bueno que no nos decían esas cifras antes de tocar. La repercusión positiva ha sido una publicidad para Maná a nivel mundial impresionante.
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— ¿Sos futbolero?
— Soy futbolero, pero no soy fanático. Soy de Chivas de Guadalajara, aunque mi compadre Rafa Márquez era del Atlas, el otro equipo de la ciudad. Me encanta la pasión de los argentinos por el fútbol. Tuve la oportunidad hace muchos años de conocer a Messi, cuando jugaba en el Barça. Un tipazo. Fher tuvo la oportunidad de conocer a Maradona. La relación del fútbol y Argentina es algo que no se puede desconectar. Está en su sangre, en su ADN, y es algo muy fuerte culturalmente. Yo siempre digo: el que gana es el que le metió más ganas en la cancha.
— Tenés una relación muy estrecha con músicos argentinos. ¿El proyecto con Andrés Giménez va a continuar?
— Es un proyecto que queremos muchísimo. Se hizo con el gran deseo de tocar juntos. Grabamos un disco hace un par de años que fue muy bien recibido y estuvo nominado para un Latin Grammy. Lo difícil, que siempre supimos, no era juntarnos a grabar y crear: el gran problema iba a ser cómo íbamos a poder salir a girar. Andrés acaba de sacar dos discos y anda girando por todos lados. Estamos hablando a ver si hay posibilidad para el año que viene de juntarnos para tocar en festivales en Latinoamérica, que sería increíble. Como dicen, de lo bueno, poco. Es un proyecto al que le queremos seguir dando seguimiento. No pierdan la fe.
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— Maná siempre fue una banda con mucha conciencia ecológica en sus letras. ¿Cómo sigue el trabajo de la Fundación Selva Negra, que patrocinan?
— Seguimos trabajando muy duro. Seguimos con los campamentos tortugueros, que es un proyecto hermoso. Tenemos un vivero impresionante en La Primavera, que es el pulmón de Guadalajara y de toda la zona metropolitana. Llevamos más de ocho años con ese vivero, con guardabosques propios por si hay un incendio. También seguimos apoyando una reforma migratoria para los inmigrantes latinos en Estados Unidos. El medio ambiente y la ecología siguen siendo un problema muy importante porque todos estamos en el mismo barco. El calentamiento global sigue ahí. Yo creo que puede haber un balance entre infraestructura y respeto al medio ambiente. Imagínate si algo tan sencillo como que cada persona sembrara un árbol o dos se convirtiera en una mentalidad colectiva a nivel mundial. Qué verde estaría Buenos Aires, qué verde estaría la Ciudad de México. Ahí es donde nosotros le estamos metiendo mucho punch.