Así fue el doble homenaje de Andrés Calamaro al Indio Solari en su show en Buenos Aires

En la cuarta cita de la gira Como cantor, el músico celebró con imágenes y palabras a su amigo, fallecido el pasado viernes

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En su show en Buenos AIres, el Salmón recordó al líder de Los Redondos, tres días después de su muerte (x.com/mchiquipereyra)

Al principio y al final. El show de Andrés Calamaro en el Movistar Arena de Buenos Aires comenzó y terminó con referencias al Indio Solari. A tres días de su muerte, y 24 horas después de la multitudinaria despedida en Villa Domínico, el mítico cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota estuvo omnipresente en el recital de El Salmón, tanto en las palabras del cantante como en el fervor del público.

La relación entre ambos comenzó en los sótanos de los 80 y se profundizó en los 2000, con intercambios epistolares de los que se encargaba la cocinera del estudio en el que Andrés ensayaba con Bersuit Vergarabat sus shows de El regreso. Años después, el Indio hizo una excepción a su filosofía y registró una versión de “El salmón” en el disco homenaje al rock nacional craneado por Lito Vitale. Luego lo invitó a participar en “Veneno paciente”, tema de Porco Rex, y también a los conciertos de presentación en el único de La Plata, donde tocaron además, el clásico ricotero “Esa estrella era mi lujo”.

Apenas después de las 21, se apagaron las luces y sin demasiada parafernalia, Calamaro y sus músicos tomaron el escenario y ocuparon sus respectivos lugares para dar inicio al concierto. En ese momento, el frontman tomó la palabra para recordar a su amigo entre los aplausos del público que colmó el recinto de Villa Crespo.

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“Muchas gracias. Nuestro amor y recuerdo se une a la figura de El Indio. A Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, a la familia Solari, todos los rockeros de primera hora, a los músicos que pasaron por Los Redondos también”, enumeró Calamaro, antes de dar paso a los motivos personales: “Agradecido por estar, la confianza, la confidencia y el aporte enorme para la cultura del rock”.

Las palabras fueron interrumpidas por la ovación de un público en el que se multiplicaban las remeras con la cara del Indio. Andrés dejó unos segundos ese sonido ambiente y dio inicio a “Todavía una canción de amor”, el primero de una batería de hits de todas las épocas. Sus comienzos como solista, temas de Los Abuelos de la Nada, de Los Rodríguez y de su consagración post Alta suciedad.

El Salmón despidió al cantante de Los Redondos con una mención especial (Youtube: @diegomelamed)

Andrés estuvo menos locuaz que en otras oportunidades. Apoyado en la justeza de una banda que cada día canta mejor, solo se salió del libreto para presentar a los invitados: Pablo Lescano a pura cumbia en el medley “Tres Marías” / “Mil horas”, y Facundo Soto, de Guasones, para sumarle más pulso rockero a “Me arde”.

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Así llegaron los bises rutinarios de esta etapa de su carrera. Primero “Estadio Azteca”, con citado al Martín Fierro incluido. Y después “Los chicos”, esa elegía rockera inspirada en la muerte de Rodrigo Bueno que se volvió obituario en permanente construcción de diferentes personalidades. Y esta vez fue casi en exclusiva para el Indio.

Luego de las imágenes de Combatientes de Malvinas, Hebe de Bonafini, Nora Cortiñas y las rondas de Madres de Plaza de Mayo, llegó la figura de Solari. Fue el único músico. De espaldas, apenas difusa pero inconfundible, proyectada en la inmensa pantalla; imponente desde la simpleza, sin textos impresos ni menciones desde el escenario. Fueron algo más de dos minutos y medio de un trance hipnótico, con el público entre aplausos y algunas lágrimas y la banda incendiada en la coda, replicando el coro de “al infierno un poco”. Encantador en este caso.

La despedida fue a puro pasodoble torero, en la última faena de Andrés Calamaro antes de abrazarse con su banda y dejar el escenario. Así terminó el cuarto show de esta tanda de conciertos, agotados y vibrantes, que casi en simultáneo anunciaba un quinto para el 20 de octubre. El de ayer, el del 8 de junio de 2026 quedará en la historia como el primero de un mundo sin el Indio Solari. Y Andrés Calamaro lo abrió y cerró con la despedida a ese artista que, según sus palabras, lo honró con su amistad.