Hoy Griselda Siciliani es una de las figuras argentinas con una sólida carrera dentro de la industria del cine y las series de nuestro país, como internacional. En Envidiosa, interpretando a Zulema Yoma en Menem o en la serie biográfica sobre Moria Casán, la actriz trabajó con directores como Alejandro González Iñarritu, Cesc Gay y Alex de la Iglesia. En una entrevista con Sebastián de Caro, recordó cómo decidió quedarse sin viaje de egresados para formarse como actriz.
Siciliani recordó que su primer amor fue la danza desde muy pequeña. “A los diez años entré a la Escuela Nacional de Danzas. O sea, a los diez yo ya sabía que quería ser una bailarina. Y a los doce, más o menos, conocí dentro de la Escuela Nacional de Danza la danza contemporánea”, rememoró. “Ese era mi sueño mayor. Dentro de la Escuela Nacional de Danzas teníamos música, teníamos un montón de cuestiones, pero cuando terminé la escuela quería cantar”, señaló, en una charla con Por favor, rebobinar (Olga).
Griselda destacó cómo su formación fue dentro de instituciones públicas y expresó su apoyo a la educación pública, luego de la Marcha Federal Universitaria del 12 de mayo. “Entonces, yo dije: ‘Bueno, para estudiar canto, entonces tengo que ir al conservatorio’. Para entrar al conservatorio tenés que estudiar un montón para aptar ese examen y entrar. Bueno, estudié un montón, sola y con amigos que me ayudaban porque para entrar al López Buchardo o al Manuel de Falla tenés que dar exámenes, que tenés que leer música”, rememoró. “Y así la vida de estudiante compulsiva. Fui al conservatorio un año. Después dije: ‘¿Qué hago acá si yo...?’. Estudiaba canto lírico en el conservatorio", pormenorizó.
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“Así me fui formando un poco y después armando como mi propia intérprete. Entre lo que había estudiado ahí, entre la danza, la actuación, me armé esta ‘multimierda’ que soy”, señaló Siciliani. Luego recordó los docentes de actuación que fueron clave en su vida y en su formación artística. Miguel Cavia, Silvia Kanter y Nora Moseinco, fueron algunos, pero Hugo Midón fue clave.
“Siempre me inclinaba por esos maestros. O sea, quería ir a estudiar con Nora, no quería ir a estudiar con Augusto Fernandes. Pensaba: ‘No, ahí van los actores, yo soy una bailarina’. Esa era siempre mi sensación. Yo siempre estudié actuación porque era una bailarina que quería saber”, contó. El descubrimiento de Vivitos y coleando, la icónica obra de Hugo Midón y Carlos Gianni, generó su fanatismo por el destacado autor y director. Tanta era su admiración que decidió sacrificar su viaje de fin de curso.
“Yo tendría, no sé, 17 años, ya había hecho toda la escuela de danza y era realmente profesional de una cosa. Empecé a ver cómo cantaban, bailaban y actuaban todo al mismo tiempo, pero además con una gracia y hacían reír. Me conmovió de una manera esa liviandad... Como que la danza ahí no tenía algo más pesado, más solemne. Sentí que eso que hacían me convocaba. Y ahí fui a hablar con Midón. Por supuesto, no podía pagar las clases del estudio de Midón, que eran caras”, contó, sobre el factor económico en su deseo.
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Hija de Norberto Siciliani, psicopedagogo, escritor y docente, y de su madre, Ida, profesora de educación física, y con cinco hermanos, la intérprete recordó el pedido especial que le hizo a sus padres. Ellos habían ahorrado el dinero que tenía como destino el viaje de su hija. “Midón me becó, pero porque no fui a mi viaje de egresados. Les pedí a mis padres que me dieran la plata que habían pensado para el viaje de egresados. Eso me alcanzó para pagar el primer año, lo pagué y Midón nunca supo”, expresó, mientras De Caro remarcaba su actitud decidida a tan corta edad. “Después, me becó para segundo, tercero y cuarto año”, resaltó, sobre la generosidad del prestigioso artista.