Alejandra Majluf irrumpió en la pantalla de Gran Hermano Generación Dorada como la nueva figura en reemplazo de Gladys La Bomba Tucumana. Su llegada, acompañada de una declaración llamativa —“Este año viene con todo porque es del signo de Acuario”—, marcó el regreso de una personalidad que supo dejar huella en la televisión argentina durante la década del 90 y que ahora se presenta ante una generación que quizás no conocía su historia previa.
Su desembarco en el reality de Telefe representa un cruce entre el presente de la farándula televisiva y el pasado de una carrera multifacética, construida tanto en la pantalla chica como en el teatro. La elección de Majluf no solo sorprende por su perfil profesional, sino también por la promesa de revivir un estilo irreverente y audaz que se destacó en épocas en las que la televisión argentina era mucho más rígida y formal en sus formas.
La trayectoria de Majluf se remonta a sus años de juventud, cuando debutó en un ciclo infantil emitido por Canal 7. Tras esa primera experiencia, decidió profundizar su formación en el Conservatorio de Arte Dramático, donde consolidó las bases de su oficio.
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Su primer gran desafío llegaría poco después, al interpretar a una villana en Clave de sol, una ficción juvenil que marcó el inicio de una presencia sostenida en la pantalla. Este papel la posicionó en un espacio de visibilidad que fue creciendo a lo largo de los años siguientes, hasta alcanzar un lugar de referencia en el medio artístico local.
Durante los años posteriores, participó en numerosas producciones televisivas, como Verano del ’98, Rebelde Way, Tiempo Final, Casi Ángeles y Esperanza mía, donde compartió elenco con otros nombres reconocidos como Gabriela Toscano. Este recorrido, que alternó la actuación con la conducción y la docencia teatral, revela una versatilidad poco común y una búsqueda permanente de nuevos desafíos profesionales.
El punto de inflexión en la carrera de Majluf llegó con la creación de su personaje “La Colada” en el programa Fax, conducido por Nicolás Repetto y María Laura Santillán entre marzo de 1991 y diciembre de 1992 en Canal 13. Su estilo transgresor y fresco generó impacto en un contexto televisivo que todavía no había abrazado la informalidad que hoy caracteriza a muchos ciclos de entretenimiento.
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Allí, llevó adelante coberturas que se volvieron icónicas, en las que “La Colada” se convirtió en un símbolo de ruptura con las formas tradicionales del notero televisivo. El ciclo consagró a Majluf como referente de una nueva generación de cronistas.
La propia actriz reconoce la influencia de su trabajo en el desarrollo posterior del periodismo televisivo: “Los noteros de CQC son hijos míos. Ya es momento de decirlo porque ¡fue lo único que inventé! Y si no lo digo yo, ¿quién lo va a decir?”.
Este enfoque pionero se consolidó en una época en la que la espontaneidad y el humor eran excepciones y no la regla.
Durante su paso por Fax, Majluf también vivió episodios personales que marcaron su historia. Entre ellos, el vínculo con Sebastián Borensztein, a quien conoció mientras realizaba una nota para el programa:
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“Él no era conocido, cuando voy a hacerle una nota, me dice: ‘Pedime cinco minutos en algún momento’. Entonces, yo: ‘Ay, el Woody Allen del subdesarrollo, me das cinco minutos que quiero hacerte una entrevista?’ Y me da un chupón. Yo me quedé pálida, miré a cámara y dije: ‘Esto no va a quedar así’. Y continué la entrevista en su casa. Fui con el camarógrafo, el productor... Ese día nos convidó algo para tomar y yo después lavé las tazas. Desde ahí empezó a llamarme a casa hasta que salimos. Fuimos a ver Alice y nos quedamos hablando hasta las siete de la mañana. Después de ahí, no nos separamos más. Estuvimos varios años de novios. Por eso te digo que La Colada me dio grandes alegrías”.
No obstante, el éxito también trajo consigo cierta saturación. Majluf relató en entrevistas que en determinado momento prefirió alejarse del personaje: “En un momento no quise saber más nada con La Colada. En el 92 podría haber hecho un montón de cosas. Me equivoqué mucho. Porque al final esos espacios los ocuparon otros; muy bien ocupados”.
El reconocimiento de su labor llegó incluso a oídos de figuras consagradas del humor político, como Tato Bores, quien la convocó en 1992 para sumarse al elenco de Tato de América. Allí, participó en sketches que acompañaban el análisis político característico del ciclo.
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La vida personal de Alejandra también se vio atravesada por encuentros y romances con personajes destacados de la música y el espectáculo argentino. Uno de los relatos más recordados es el de su relación con Fito Páez: “Yo estaba haciendo teatro en Mar del Plata y cayó Fito Páez, que venía de España, con el pelo largo, la calza de chifón. Y bueno, tuvimos una relación hasta que se fue a Punta del Este, conoció a Cecilia Roth y nunca volvió. ¡Todavía lo estoy esperando! Me dejó por ella”.
Durante su paso por Fax, Majluf también compartió momentos con otras figuras como Gustavo Cerati, cuando Soda Stereo tuvo su primera presentación en el ciclo.
“Fue un touch largo. La que atendía el teléfono en casa era Rosita -mi mamá-. Ella estaba chocha. Me decía: ‘Ay, Ale, me preguntan si está la princesa. ¡Creo que es Cerati!’”.
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En el caso de Pappo, la anécdota tomó otro tono, más humorístico y distante: “Yo estaba haciendo Rumores, con Ricardo Darín y venía Pappo a la puerta del teatro, con las cadenas. Y Ricardo le decía: ‘No, no, la nena no vino’. ¡Yo tenía 25 años! Llamaba a casa y le decía a Rosita: ‘Soy vegetariano, me estoy comiendo el apio del bloody mary que me tomé anoche’. A Rosita no le gustaba. ‘Ese es un borracho’, me decía”.
Estos relatos, cargados de humor y nostalgia, ilustran el entramado de la farándula argentina de los años noventa y la posición que ocupó Majluf en ese universo mediático.
Luego de una extensa etapa en el teatro y la televisión, donde incluso fue parte del reality de famosos Reality Reality, tomó la decisión de mudarse a Madrid junto a su pareja de entonces. En la capital española, se mantuvo vinculada a la producción teatral y gestionó un espacio cultural en el que, además, daba clases de actuación. Esta experiencia europea añadió una nueva dimensión a su carrera y le permitió profundizar su labor docente.
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El regreso a la Argentina se produjo en el contexto de la pandemia, un período que Majluf aprovechó para reinventarse nuevamente. Fue entonces cuando creó el personaje de “La Chofera”, con el que realizaba entrevistas durante traslados y que luego compartía en redes sociales. Esta propuesta, adaptada al formato digital y a las restricciones sanitarias, evidenció su capacidad de adaptación y su interés por explorar nuevos lenguajes y plataformas.
La participación de Majluf en Gran Hermano 2026 representa un punto de reencuentro entre su historia personal, su experiencia profesional y el fenómeno televisivo contemporáneo.