Ricardo Arjona regresó al escenario principal luego del breve set en el secundario, en el que eligió en modo a la carta algunas canciones que le pidieron los fans. Habían pasado “A ti”, “Quiero”, “Marta”, “Desnuda” y “Pingüinos en la cama”, en un concierto que ya andaba por las dos horas. Se sentó al piano y se puso a juguetear con los acordes de “Brindis”, el tema que popularizó Soledad Pastorutti. “Hoy es un día especial para este país, que raro que no me lo hayan pedido”, dijo en alusión al 25 de mayo. “Sería bueno invitarla a quien lo hizo conocido”, siguió con la broma, y los aplausos presagiaron el ingreso de la de Arequito pero para hacer “Fuiste tú”, el dueto para el que guatemalteco invitó diferentes cantantes a lo largo de los shows, y su presencia puso la rúbrica a una noche repleta de emociones.
Fue el guiño a la Argentina, uno más de los tantos que Ricardo Arjona hizo a lo largo de su carrera al país en el que fue artista callejero y hoy es pasión de multitudes. Este show del 25 iba a ser su despedida después de casi un mes, con 14 fechas agotadas en el Movistar más otras dos en la cancha de Instituto de Córdoba, pero a esta historia le faltan algunos capítulos. Por ahora serán tres, el 1°, 2 y 5 de julio, luego de que el músico pase por Uruguay, Chile y Perú, como parte del tour Lo que el Seco no dijo, que no es otra cosa que un recorrido biográfico y a corazón abierto por su vida.
Seco es el apodo que tenía Ricardo en su infancia, derivado de su delgadez. Es el disco más personal de un artista que, luego de un accidente que puso en riesgo su carrera, eligió mirar a lo más profundo de su historia. Y para ello, diseñó un espectáculo entre aquellos hits que fue cosechando y las novedades, con climas íntimos y otros más festivos y una inmensa pantalla que cubre a lo ancho y a lo alto el escenario y que funciona como hilo conductor.
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Cuando se apagaron las luces, el clima se planteó como un juego de opuestos. El público en ebullición y el cantante y su banda levantando temperatura de a poco. Primero sonó “Iluso”, solo en modo audio, mientras ingresaban uno a uno los músicos. El último fue él, naturalmente, para interpretar “Gritas”, una arenga que el público respondió de inmediato, demostrando que tiene bien aprendidas las canciones de Seco. Ya a velocidad crucero, “Ella” y, sobre todo, “El problema”, reflejan a un Ricardo desatado con la guitarra al hombro y recorriendo el escenario de punta a punta.
“Aquí nadie pregunta cuándo nos vamos sino cuándo volvemos” exclamó Arjona al comienzo de su larga intervención al público de cada recital. Aquí contó la historia de su familia, de inmigración y desarraigo; las cartas de amor de sus padres y del chico tímido que enfrentaba los rechazos y las humillaciones por su origen humilde apoyado en sus canciones. El relato desembocó en “El que olvida”, donde “el tipo que vive adentro mío y tiene mejor memoria que yo”, corre a un lado el filtro de rencor para saldar algunas cuentas pendientes. “Acompáñame a estar solo” -dedicado a una fan de la primera fila enfundada en la camiseta de la selección- y “Apnea” cerraron esta primera parte del concierto.
El ambiente se tornó más colorido en el set playero caribeño y sus visitas a “Si el norte fuera el sur”, “Lo poco que tengo” y “Despacio que hay prisa”, antes de cambiar radicalmente el tono del concierto y sumergirse en el clima de las baladas. Pero solo por un rato, claro. “Dime que no”, “Cuándo”, “Cómo duele” y “Te conozco” dan pie al momento más cinematográfico de la noche. “Historia de un taxi” y toda esa carga de fábula urbana, con el auto en el escenario y la rubia encarnada en la bailarina Midalys Perdigón Alvarez, que lideró una improvisada clase de salsa abierta al público.
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En “Tarde”, Arjona compartió por primera vez en la noche los aplausos gracias a la performance de Virginia Alves a puro flamenco y sentimiento, como corolario de la versatilidad de una banda impecable, donde también se destacan la versatilidad del guitarrista Luis Rey, la multiinstrumentista Ellen Story y las percusiones de la argentina Gala Celia. “Mujer de lujo” en clave tanguera y la personalísima “Todo termina”, donde reflexiona su vida en un diálogo abierto con su hijo y con su padre.
Después llegó el set en el escenario alternativo, una manera de estar cerca del público y una mirada más cercana a los pedidos de las fans para el ritual de la “Señora de las cuatro décadas”. Hace tiempo ya que Arjona selecciona a una seguidora entre los cientos de carteles, globos, vinchas y demás estrategias para llamar la atención y compartir aunque sea un rato el escenario. “No soy la rubia del taxi pero sí la señora de las 4 décadas”, decía la pancarta que enarbolaba Mariela, y que tuvo su momento de gloria abrazada al cantante, mientras el solo de saxo de Hammadi Bayard despedía a uno de los éxitos más grandes de su carrera.
Y entonces llegó La Sole. Ambos artistas habían dado indicios en las redes de lo que podía pasar: él con una foto comiendo locro musicalizado por “Brindis”, ella con un ramo de flores, una carta anónima que firmaba “felices de tenerte, mi respeto y admiración” y una pregunta abierta: “¿Quién será?“. Los caminos condujeron a las tablas, donde Soledad hizo propia su parte de “Fuiste tú”, en un dueto cara a cara, a pura chispa y oficio, que terminó fuera de todo protocolo. Ella le regaló la prenda con la que hizo historia y que él se puso de inmediato, dejando a un lado el total black que había usado durante el concierto: “¡Un poncho Argentino te abriga para siempre!“, escribió la de Arequito en el post de agradecimiento.
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Después de ese encuentro cumbre de la música popular latinoamericana solo había lugar para los bises, los habituales de esta parte del tour. “Minutos” y “Mujeres marcaron el final de una noche soñada, en la que el público se perdió en una Buenos Aires entre brumosa y fantasmagórica, mientras los parlantes despedían ”Barcelona“, canción que abre Seco, con una frase que describía a la perfección la escena: “Dejamos todo en su lugar para volvernos a encontrar / Y la distancia le ganó a la maravilla”.
Así Arjona se despidió formalmente de Buenos Aires, aunque a esta historia le falte un bis que serán de momento tres, alcanzando los 17 conciertos en el Movistar que marcan un nuevo récord en su carrera. Pero que, más allá de los números, ratifican el amor incondicional y mutuo con el público argentino, ese que lo conoció sin saberlo en su época de artista en la calle Florida, que creció y latió con sus canciones y que hoy acompaña, y se refleja, en esta retrospectiva de su vida.