Jenny Mavinga apareció en el piso de A la Barbarossa (Telefe) sin dormir, sin haber comido y con la voz quebrada. La noche del miércoles, la exparticipante de Gran Hermano Generación Dorada había tomado una de las decisiones más resonantes del reality: negarle el reingreso a Carmiña Masi, su excompañera expulsada por comentarios racistas hacia ella. Pocas horas después, esa decisión le costó una madrugada de terror. “Es horrible lo que estoy pasando y en ningún momento pensé que podía vivir lo que estoy viviendo ahora”, dijo ante Georgina Barbarossa y su equipo, con el semblante de quien no había pegado un ojo.
Todo había comenzado en la gala, cuando Gran Hermano sorprendió al anunciar que Carmiña (que había quedado tercera en la votación del público con el 19,8%) recibiría un Golden Ticket con una condición: la decisión final no estaría en manos del programa ni del público, sino de Mavinga. El estudio quedó en silencio cuando Santiago del Moro lanzó la pregunta. La exjugadora oriunda de la República Democrática del Congo buscó con la mirada a su marido Damián en la tribuna. Él le dijo que siguiera su corazón. Y así lo hizo: “Yo a Carmiña la perdoné, pero no”.
La frase ya es historia en el reality. Pero lo que vino después no fue el alivio de haber puesto un límite, sino el inicio de una pesadilla. En cuestión de horas, Mavinga comenzó a recibir mensajes de odio y amenazas que escalaron hasta comprometer su sensación de seguridad y la de su familia. “Tuve mensajes de amenazas por mí y por mi familia”, relató. La situación llegó a un punto en el que la decisión más simple del día, llevar a sus hijas al colegio, se convirtió en un acto cargado de miedo. “A la mañana cuando tuve que llevar a mis hijas a la escuela tuve miedo. Me tuve que poner la capucha para salir afuera”, confesó con la voz entrecortada. Y agregó: “Le dije a mi marido ‘no quiero salir’”. Ante la pregunta de si había dudado en mandar a las nenas a clase, la respuesta fue directa: “Sí, dudé por el nivel de lo que recibimos a la noche”.
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En paralelo, Mavinga explicó los motivos que la llevaron a tomar esa decisión frente a las cámaras. En un video publicado de madrugada en sus redes, con los ojos abiertos y el estrés a flor de piel, contó que al mirar a la tribuna no buscaba la aprobación del público sino la señal de su pareja. “Cuando miré a toda la gente empecé a pensar en los comentarios horribles que yo recibo todos los días por los dichos de Carmiña. Y me imaginé a tanta gente que pasa por lo mismo, por esos dichos horribles. Ustedes no lo pueden imaginar. Es horrible”, describió. También cuestionó el lugar en el que la puso la producción: “¿Por qué tengo que decidir yo? Me pusieron un peso a mí y no me gustó”. Además, el perfil de Instagram de Mavinga dejó de ser público en las horas posteriores a la gala, una señal del nivel de hostigamiento que recibió.
Lo que más sorprendió fue el propio testimonio de Carmiña sobre lo que le dijo en privado a Mavinga tras la gala. Según relató la congoleña, la paraguaya le transmitió algo que no esperaba: “Me dijo ‘Mavi, yo te entiendo, pero a mí me humillaron y a vos te pusieron en un lugar de mierda y la gente te va a odiar por eso’”. Las dos, paradójicamente, terminaron siendo víctimas de la misma dinámica que el programa construyó alrededor de ellas.
Porque Carmiña tampoco guardó silencio. Apenas terminó la emisión, publicó un video en sus historias de Instagram con una frase que resumió todo: “No me merecía”. Y disparó sin filtros contra la producción: “¿Desde cuándo una participante decide el Golden Ticket de otra, señor Gran Hermano? Por favor. Lecciones de moral a mí no. No sos mi papá para decirme ‘Carmiña se portó bien, le voy a dar este Golden Ticket, pero que decida Mavinga’. Humillación así, conmigo no”. Más tarde fue más lejos: “Me siento asqueada. Innecesario humillarme así y exponer a Mavinga con algo que pasó hace un montón y era un tema terminado. Se acabó la margarita estúpida”.
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