La actriz Inés Estévez compartió en televisión detalles poco conocidos sobre la cotidianeidad de criar a sus hijas, Cielo y Vida, ambas con diagnósticos neurodivergentes. La artista se refirió a los desafíos y aprendizajes que surgen en una maternidad que, según sus palabras, no cuenta con manuales ni caminos preestablecidos.
Quienes conviven con infancias neurodiversas suelen encontrarse con escenarios cambiantes, donde cada día exige adaptaciones nuevas. Estévez lo sintetizó en una frase que caló hondo: “Hay momentos en los que no das más, pero cada día es una cosa diferente porque lo que funcionó hace un mes no funciona más y ves que la necesidad es otra”, reconoció durante su paso por el ciclo Almorzando con Juana.
El relato de Estévez evidenció la constante reinvención a la que se ven sometidas muchas madres y padres en contextos similares. “Pienso en las maternidades atípicas, las maternidades neurodiversas en las que no hay ningún manual escrito, es artesanal y es muy creativo en el buen y en el mal sentido”, reflexionó la actriz, quien en los últimos tiempos se pronunció públicamente sobre las dificultades que atraviesan las familias de personas con discapacidad.
El caso de Vida, la hija mayor, muestra cómo la organización diaria se entrelaza con la atención terapéutica y la gestión del tiempo libre. “Vida va al colegio y hace tres terapias semanales, por lo que le queda poco tiempo para las pantallas”, comentó Estévez, aludiendo a la manera en que equilibran obligaciones y recreación.
Las rutinas de fin de semana se viven con reglas propias y recursos que la familia fue creando. La actriz aportó detalles sobre esos momentos: “La lucha es los fines de semana, pero ella misma (Vida) se autorregula y tiene recursos que inventó y es de escuchar música con el celular, tiene un parlante y mientras recorta papelitos”.
Para quienes se preguntan por el día a día de Inés Estévez con sus hijas, la actriz describió una realidad dinámica y exigente. La maternidad neurodiversa implica ajustes constantes, creatividad y la necesidad de escuchar a los niños para acompañarlos en su desarrollo. El proceso puede ser agotador, pero también abre la puerta a formas únicas de vínculo y aprendizaje, tanto para los hijos como para los adultos a su cargo.
Particularidades y desafíos con Cielo y Vida
La vida cotidiana de Cielo, la hija menor, presenta desafíos distintos. “Cielo, que tiene parálisis cerebral, tiene una dificultad más grande porque sus intereses son más acotados, le gusta meterse al agua, andar en auto y ver a Topa”, detalló Estévez, revelando cómo cada niño traza su propio mapa de intereses y necesidades.
En el hogar de la actriz no hay televisor, pero sí tecnología adaptada a los gustos y posibilidades de las niñas: “En mi casa no hay tele, pero ella tiene su tablet y ahí está la música y las películas que le gustan”, contó sobre Cielo.
Una de las mayores preocupaciones para quienes cuidan a chicos con discapacidad es el impacto de los cambios en sus rutinas. “Los chicos con discapacidad se desregulan mucho cuando les alterás el ritmo. Vida tiene 17, pero es como que tiene entre 6 y 12 años”, explicó Estévez, poniendo el foco en la importancia de respetar los tiempos y espacios de cada uno.
Hay momentos festivos que también ponen a prueba la flexibilidad de la familia. Mientras Vida disfruta de socializar y participa hasta el final de las reuniones, las necesidades de Cielo son otras: “A Cielo si no le das de comer a la hora exacta, en un lugar tranquilo… a la hora de dormir enfila para su cuarto”, relató Inés.
La experiencia de Estévez demuestra que en la crianza de niños con discapacidad no existen fórmulas universales. Cada jornada puede presentar desafíos inéditos y lo que resulta efectivo en un momento puede perder vigencia poco después.
Con su relato, Inés Estévez pone sobre la mesa la complejidad y la belleza de una maternidad lejos de estereotipos. “Hay momentos en los que no das más”, pero en ese devenir, la actriz encuentra también fortaleza y motivos para celebrar cada pequeño logro junto a Cielo y Vida.