La vida y carrera de Antonio Ríos resaltan por su trayectoria en la música tropical y por las historias personales que acompañan su fama. Invitado de lujo al ciclo “Nunca me faltes” de Infobae, Ríos, conocido como “El Maestro”, tiene 71 años y nació en La Escondida, provincia del Chaco. Ha dedicado más de tres décadas a la música, con más de 1.400 canciones compuestas, un éxito internacional sostenido con -precisamente- “Nunca me faltes” y un reconocimiento marcado tanto por su obra como por su vida familiar, con 22 hijos biológicos y tres “del corazón”.
Antonio Ríos es uno de los íconos más importantes de la música tropical argentina. Sus orígenes humildes, el salto a la popularidad, las giras por diferentes continentes y una vida personal fuera de lo común —incluyendo veinticinco hijos y vínculos intensos con el público— fueron abordados sin reservas en la entrevista realizada por Manu Jove, el cantante comparte anécdotas, confesiones íntimas y reflexiones sobre su legado musical y familiar.
—Nunca me faltes no perdió vigencia. ¿Cuándo la grabaste, pensaste en la dimensión que alcanzaría?
—La grabé hace como treinta y cuatro años. No dejó de sonar. Es mi gran éxito. Se escucha en Barcelona, Inglaterra y Francia. Amigos me cuentan que la pasan en boliches y la gente enloquece.
—¿Imaginabas que tu carrera llegaría tan lejos?
—Jamás. Nunca pensé ni siquiera en llegar a Chile cuando empecé. Ahora viajo seguido a Chile, Uruguay, Brasil, Australia, Noruega y Suecia. De La Escondida, en Chaco, al otro lado del mundo.
—Hoy seguís de gira y con shows. ¿Cómo vivís esta etapa a tus 71?
—Voy a cumplir setenta y dos en agosto. Sigo igual, siempre sobre el escenario. La gente me recibe bien y yo les devuelvo el cariño. No me siento famoso, soy sencillo. Si me falta el escenario, me muero de tristeza.
La familia y los hijos de Antonio Ríos
—A lo largo de tu vida fuiste formando una familia particular. ¿Cuántos hijos tenés y cómo están organizados?
—Son veintidós biológicos, doce mujeres, diez varones, y tres hijos del corazón, así que veinticinco en total. Los hijos del corazón son de parejas previas de las madres; me hice cargo de todos. Como decía mi mamá: si te gusta la vaca, tenés que aceptar el ternero.
—¿Cómo es el vínculo entre todos?
—Se llevan bien. Al ser tantos, no los veo juntos seguido, pero mantengo contacto con ellos. La más grande tiene cincuenta años y la más chica veintitrés. Hay doce mujeres, diez varones y los tres hijos del corazón.
—¿Con cuántas madres se organizó esta familia?
—Con cinco mujeres diferentes. Incluso reconocí una hija de grande, después de un estudio de ADN.
—¿Es verdad que hasta los cuarenta tenías solo cuatro? ¿Qué pasó?
—Sí, hasta los cuarenta tenía cuatro hijos. Después llegó la fama, mucha fama, y eso tuvo que ver. Las chicas se entregaban. ¿Viste? Y yo no quería pasar por pavo...
—¿Tus hijos te pidieron que te hicieras una vasectomía?
—Mis hijos me insistían: “Papá, dale, pará un poco”. Me operé después de hablarlo con ellos. Aprovecharon una internación mía por el estómago para recomendarme la vasectomía. Ahora sí, la fábrica está cerrada.
—¿Lograste sostener a todos económicamente?
—Gracias a Dios, nunca les faltó nada. Siempre di todo lo posible. Sigo trabajando, aunque ahora hay menos shows que antes porque ya no hay tantos bailes.
—¿Fue complicado acompañar momentos importantes con una familia tan numerosa?
—Intenté estar presente, pero a veces era difícil por el trabajo y la exposición. Cuando mi primera esposa enfermó, hasta el hospital se llenaba de gente pidiéndome fotos. Fue duro, pero traté de estar para ellos.
Fama, relaciones y adicción al sexo
—¿Te pasaste de rosca con el tema de las mujeres?
— Cuando era verdulero ya era mujeriego, pero después, con la música, se potenció, me volví adicto, no podía parar. Las chicas se acercaban tras los shows, me pasaban sus teléfonos; si me gustaban, las llamaba.
—¿Cómo viviste esa etapa tan intensa?
—Llegué a convivir con cuatro mujeres al mismo tiempo, alternando días en cada casa. Fue de los cuarenta hasta los cuarenta y siete años.
—¿Ellas sabían de esta dinámica?
—En parte lo sabían y en parte se hacían las que no. Dormía en distintas casas, un día en cada lado. Hay que saberla llevar.
—¿No te generaba estrés tanto movimiento?
—Sí, pero me la bancaba. Nunca tomé ni fumé. El sexo era mi única adicción.
—Me imagino que con cuatro mujeres en simultáneo, hay que cumplir en todo sentido, también en la cama, ¿verdad?
—Claro. Porque a la mañana tenés que cumplir con una. Después, al mediodía cumplís con otra. La merienda, otra... La tenés que saber llevar.
—Un esfuerzo… con razón estás tan bien físicamente hoy a los 71. Le metiste entrenamiento...
—Sí. Tener sexo todos los días te rejuvenece. (risas)
—¿Tus hijos cómo vivieron tu historia?
—Por ejemplo, mi hijo Diego al principio no me hablaba mucho. Después, cuando él también fue famoso, me entendió. Reconoció que tenía razón en el tema de las mujeres y la fama.
—¿Tras la vasectomía, cambió algo en tu libido?
—Sí, disminuyó bastante. Ahora estoy más tranquilo.
—¿Tuviste algún período de sequía?
—No, nunca tuve sequía. Por algo tengo tantos hijos. (risas)
La música y la vida después de la fama
—¿Cómo es tu rutina de shows hoy? ¿Cambió?
—Hay menos bailes, pero sigo trabajando. Antes tenía treinta shows por fin de semana; ahora pueden ser hasta cinco por semana. Cuando voy a Salta o Jujuy hago más, hasta diez en una gira.
—¿Tus hijos siguen tus pasos en la música?
—Sí. Dos hijas bailan conmigo y Nicolás, que es baterista, ahora también canta. Está iniciando su camino como solista y sale en televisión los sábados.
—¿Qué es lo que nunca te puede faltar en la vida?
—La música, por encima de todo. Aunque las mujeres son importantes, la música es lo que más me ha sostenido.
Fotos: Adrián Escandar