(Enviado especial a Mar del Plata) Apenas dejó Buenos Aires para instalarse en Mar del Plata, Matías Alé inició una nueva etapa personal y profesional. Al regresar de su luna de miel junto a Martina Bignolo, el actor se afianzó en la ciudad con el objetivo de buscar tranquilidad, enfocarse en el teatro y, principalmente, alimentar su renovado deseo de paternidad.
—¿Cómo te recibió Mar del Plata, una ciudad con la que ya tenías mucha historia?
—Bueno, de hecho yo me mudé a Mar del Plata, estoy viviendo en Mar del Plata. Soy código postal siete mil seiscientos ahora. Martina es ser marplatense. Nosotros nos casamos y propusimos que nuestro primer proyecto personal sea hacer base en Mar del Plata, más allá de la temporada. En marzo yo no vuelvo a Buenos Aires. Vuelvo para terminar de desarmar el departamento, para entregarlo, que lo vendí, y alquilamos un departamento acá yendo para el lado de Constitución, sobre el mar, y estoy viviendo acá. Nos mudamos a Mar del Plata y para mí es un paraíso, es una ciudad que yo vine... Yo venía a veranear con mis viejos acá, desde la panza de mi mamá y a Miramar. Y si algo me faltaba a mí para ser marplatense era... así como a veces te dan la green card si te casás con una gringa. Bueno, yo me casé con una marplatense y me dieron la marplacard. Así que nada, feliz, feliz, contento. Es una ciudad que amo y bueno, hacer base acá. Después veré de qué laburo, qué hago, iré a Buenos Aires, vendré, algo saldrá. No es un tema secundario, pero la tranquilidad y la calidad de vida... Y uno ya se pone más grande y ya buscás que la persona que te rodea y la gente que está cerca tuyo estén felices y yo ver a Marti feliz. Por ejemplo, yo estoy acá trabajando y ella está... se fue a ver a la hermana, a la playa.
—Entonces, por lo que decís, ¿no fue difícil venir y adaptarte?
—No, no, es un gusto. Yo siempre soñé con vivir en Mar del Plata, siempre lo soñé, siempre. No pensé que se me iba a dar tan, tan, tan ahora. Pensé que esta vez iba a ser más de grande o, si Dios me da vida y tiempo, era venir ya un poco más retirado, a poder caminar por la costa, recorrer los lugares que, que es donde aprendí a andar en bicicleta, los balnearios que iba con mis amigos. No pensé que se me iba a dar ahora. Y cuando lo propusimos con Marti, yo le dije: “¿Cómo te ves viviendo en tu ciudad?”. Se puso a llorar, se emocionó. Así que fue una decisión que tomamos en conjunto y que estamos los dos muy felices.
—¿Cómo es la vida cotidiana en Mar del Plata para ustedes hoy?
—Mientras tanto, alquilamos un departamento, estamos viviendo ahí los dos, un departamento chiquito con nuestro Salchicha, que además, ¿sabés lo que es cruzarlo y que salga corriendo a la playa? Yo imagino, por ejemplo, en mayo, un frío, que la playa esté vacía, y que el perro corra, vaya y venga, ya está, es calidad de vida. Y si ojalá el día de mañana viene algún Alecito o alguna Alecita, que yo pueda llevarlo a pasear por la costa y eso... Yo ya hice un montón de cosas y ya está, uno se da cuenta a veces que menos es más. Antes me preocupaba mucho si decía: “Uy, esta semana salí en dos programas de televisión”, nada más. O si no iba a comer a Puerto Madero, me sentía que no pertenecía a algo. Pero el auto alemán descapotable ya lo tuve y no me decía “te amo” cuando yo cerraba el techo. Hoy busco otro ritmo de vida, otras cosas.
—¿Cómo viviste el arranque de la temporada teatral y tus proyectos en Mar del Plata?
—Volvimos de la luna de miel el 18 de diciembre, nos fuimos cincuenta días. Nos casamos acá en Mar del Plata, el 24 de octubre del año pasado. Estrenamos la obra con Roberto Peña, Martina, Federico Giacomantonio, un grupo de bailarinas, el 29 de diciembre. El 1 de enero trabajé en Mirador del Cabo, haciendo la conducción de la fiesta de fin de año, que ya es el tercer año consecutivo que lo hago, y el 2 de enero estrenamos la otra obra también en el Teatro Olimpia, “Aya Caliente - En lo musical”, con Karna, Martina, Martín Cosci, actores transformistas. Después empecé en Canal Ocho, que siempre hago los móviles los sábados. Y después empecé haciendo “Alegrate el verano”, que es el programa que viste hoy, todos los días de quince treinta a dieciséis cuarenta y cinco en la pantalla de ANTeT, en vivo desde el muelle.
—¿Cómo te organizaste para producir y ensayar dos obras al mismo tiempo?
—Yo con Peña soy coproductor, entre Un Toque, que es su productora, y Primer Acto Productora, que es la mía. Ya la habíamos armado, estaba escrita, dirigida por él, así que era cuestión de venir y ensamblarla. “Aya Caliente” es producción mía, con Andrés Canales, mi socio. La ensayamos todo agosto, todo septiembre y los primeros días de octubre. Ya la teníamos lista, era también montarla en el escenario y salir a la cancha.
—¿Qué balance hacés de la temporada, en comparación con otros años?
—Tenemos dos éxitos. La verdad que es una temporada que no ha sido fácil, mucha menos cantidad de gente, y vos lo ves en la playa, lo que han sido otros veranos. Dicen las estadísticas que hay mil personas menos por semana en Mar del Plata. Hay que ser realista, pero nuestro teatro está sobre la Rivadavia. Pasa mucha gente y de alguna manera la gente ya nos compra por estar presentes. Yo hago venta en hoteles previamente, me paro en la puerta, estoy dos horas, además me gusta el contacto con la gente. Eso genera que la sala de “Función Imposible” con Roberto Peña esté todos los días llena.
—¿Podrías contar algo sobre los elencos y los personajes de las obras?
—En “Función Imposible” está Federico Jago Mantoni, Martina Bignolo, mi pareja, que es nuestra jefa, y un cuadro de bailarinas muy bueno. Somos dos agentes que nos enteramos que hay un artefacto explosivo en la sala y los actores no quieren actuar porque tienen temor. Entonces nuestra jefa, la agente Martinoff, nos manda a nosotros a hacer que somos actores, pero en realidad somos agentes. Nos sale todo mal, la magia, la música, el canto, el baile, todo. Está muy divertida y llenamos. Después la otra propuesta es “Aya Caliente, el no musical”, con Karna, Marti Vignolo, Martín Coscia, Alejandro Vidal, Alejandro Garloso, Soraya, que es producción mía. En esa soy el rey David, un actor porno retirado. Se empieza con una película muy buena que participó Cristián Sancho. Estamos casi llenos también, esperando que febrero venga muy bien.
—¿Tuviste que tomar alguna decisión difícil en medio de la temporada?
—No fue una polémica, fue una decisión absolutamente pensada, medida y tomada por mí. Ya no hablo más del tema. Yo estoy feliz y además nos está pasando que evidentemente no era fácil, primero la calle con este señor y ni la boletería tampoco. La gente no tiene empatía con Santiago, como le digo yo. Le quise dar una oportunidad para trabajar conmigo, la obra ya estaba escrita por Ana J. Ribeiro, ya estaban los personajes asignados. Lo que más me molesta es que me equivoqué conmigo, porque mucha gente me dijo: “No, ya el año pasado tuvo un problema con este actor”. Y dije yo: “Bueno, lo metí, le quise dar una oportunidad y me pasó lo mismo”. Entonces, nada, estoy feliz de la vida. El elenco volvió esa energía que nosotros siempre tuvimos, fluye. Yo sigo hace veintiséis años, veintisiete. No soy un paracaidista, sé qué quieren mis actores, sé qué quiere la gente, me gusta, disfruto. No estoy contabilizando cuántos seguidores tengo para saber quién soy. Para mí, con la gente y en la calle sobre todo, no se jode.
—¿Cómo fue la experiencia de casarse y cómo viven la relación con Martina?
—Nos casamos en Mar del Plata el 24 de octubre del año pasado. Fue hermoso. Creo que nos merecíamos ese viaje con Marti, desconectar de todo y... Uno se casa una sola vez, y el viaje que vos hacés, tu luna de miel es única. Gracias a Dios, obviamente, yo sí... mi economía no me lo permitía irme tanto tiempo, pero bueno, al tener doscientos veinte invitados y nosotros pusimos una lista de invitados, que los invitados pudieran colaborar con lo que pudieran, gracias a eso pudimos armar un viaje lindo y nos fuimos con los regalos, de cada uno y aprovechamos para aprovechar la máxima cantidad de tiempo, porque nosotros ya teníamos todo el verano armado, preproducido. No teníamos ganas de volver, sí teníamos muchas ganas de venir a trabajar y nos pasaba algo que extrañábamos mucho a nuestros perros, Salchicha, mucho.
—¿Cómo es la convivencia y el día a día en pareja?
—Martina es ser marplatense. Nosotros nos casamos y propusimos que nuestro primer proyecto personal sea hacer base en Mar del Plata, más allá de la temporada. En marzo yo no vuelvo a Buenos Aires. Vuelvo para terminar de desarmar el departamento, para entregarlo, que lo vendí, y alquilamos un departamento acá yendo para Constitución, sobre el mar, y estoy viviendo acá. Nos mudamos a Mar del Plata y para mí es un paraíso, es una ciudad que yo vine... Yo venía a veranear con mis viejos acá, desde la panza de mi mamá y a Miramar. Y si algo me faltaba a mí para ser marplatense era... así como a veces te dan la green card si te casás con una gringa. Bueno, yo me casé con una marplatense y me dieron la marplacard. Así que nada, feliz, feliz, contento. Es una ciudad que amo y bueno, hacer base acá. Después veré de qué laburo, qué hago, iré a Buenos Aires, vendré, algo saldrá. No es un tema secundario, pero la tranquilidad y la calidad de vida... Y uno ya se pone más grande y ya buscás que la persona que te rodea y la gente que está cerca tuyo estén felices y yo ver a Marti feliz. Por ejemplo, yo estoy acá trabajando y ella está... se fue a ver a la hermana, a la playa.
—¿Tienen proyectos de familia, piensan en ser padres?
—Sí, tenemos ganas de que sea para el año que viene, 2027. Este año queremos aprovecharlo para trabajar, para adaptarnos acá a Mar del Plata, preparar la temporada del año que viene y yo el año que viene cumplo cincuenta, así que sería un hermoso regalo, ¿no? Y ella es muy joven y ella tiene muchas ganas, así que ojalá. Sería, para mí sería un sueño el 2027. Además, yo quiero ser un padre presente absolutamente, en todo el proceso, en acompañarla a ella en todos sus procesos, sus chequeos, sus controles, su seguimiento. Yo soy tóxico del amor, soy extremadamente, invasivo en ese sentido y que no invasivo, sino que me gusta estar presente y que ella se sienta acompañada. Así que me gustaría ya estar un poco más estabilizado, no sé si estar de gira o estar laburando, porque me gustaría estar muy presente.
—¿Ya pensaron en los nombres para sus futuros hijos?
—Ya tienen. Si es mujer, cada uno eligió un sexo, ella eligió, si era mujer, se va a llamar Alfonsina Jazmín. Y yo, si es hombre, se va a llamar Otto. Otto Juan. Porque mi papá se llamaba Juan Carlos, yo me llamo Juan Matías, entonces vamos a poner Otto Juan, el tercer Juan.
—¿Mirás para atrás y pensás en todo lo que viviste estos años, cómo lo ves?
—Yo a veces me pongo a pensar y digo: “¿Cómo llegué acá?” Y la verdad que si vos me preguntabas hace diez años, no te decía que iba a estar así. Pasé por un montón de momentos, buenos y malos. Algunos muy duros, pero siempre tuve la suerte de tener gente que me quiere y que me acompaña. Hoy me siento en paz, estoy haciendo lo que me gusta y siento que aprendí mucho de todo lo vivido.
—¿Qué aprendiste de los momentos difíciles?
—Que uno nunca está solo, que siempre hay alguien que te sostiene, aunque uno no lo vea. Aprendí a valorar las cosas simples, a buscar la tranquilidad y a no correr detrás de lo que no suma. Me costó llegar a este lugar, pero hoy disfruto mucho de lo que tengo.
—¿La exposición mediática te afectó en algún momento?
—Sí, claro. En algunos momentos me pesó, me dolió, pero aprendí a poner límites y a elegir en qué quiero estar. Hoy me cuido mucho más, elijo a quién le doy notas, elijo dónde quiero estar y con quién. Eso me da mucha tranquilidad.
—¿Qué te gustaría que la gente sepa de vos hoy?
—Que soy feliz, que estoy bien, que hago lo que me gusta y que lo más importante para mí es mi familia, mi pareja, mis amigos y la gente que me acompaña. Todo lo demás es secundario. Yo ya no busco la aprobación de nadie, busco estar bien conmigo y con los que quiero.