Después de varias semanas que despertaron preocupación en el ambiente gastronómico y televisivo, Christian Petersen volvió a mostrarse públicamente. Lo hizo de manera fiel a su estilo: sin estridencias, sin dar explicaciones médicas y lejos de los sets de televisión. Una breve historia en Instagram, grabada en un entorno natural y acompañada por una frase simple pero elocuente (“Un guerrero en el jardín... Regenerando, día a día”) fue suficiente para confirmar que el chef ya está en su casa, atravesando un proceso de recuperación luego de haber pasado cerca de un mes internado.
La imagen, que rápidamente comenzó a circular, mostró a Petersen visiblemente más delgado, caminando con calma, mientras regaba plantas entre canteros elevados y vegetación. El cambio físico fue notorio y no pasó desapercibido. Sin embargo, más allá del impacto visual, el mensaje que transmitió fue de serenidad y paciencia, dos conceptos que parecen marcar esta nueva etapa de su vida.
El cocinero recibió el alta médica el pasado 6 de enero, tras permanecer 26 días internado como consecuencia de un delicado cuadro de salud. Todo comenzó el 12 de diciembre de 2025, durante una expedición al volcán Lanín, en la provincia de Neuquén. Allí empezó a manifestar un fuerte agotamiento y debió ser asistido por guardaparques del Parque Nacional Lanín. Tras las primeras atenciones, fue trasladado al hospital de Junín de los Andes y luego derivado al Hospital Ramón Carrillo de San Martín de los Andes, donde ingresó a terapia intensiva.
El diagnóstico fue grave: una fibrilación auricular que derivó en una falla multiorgánica, comprometiendo al menos dos órganos vitales. Una vez estabilizado, el equipo médico organizó un operativo sanitario para su traslado aéreo al Hospital Alemán de Buenos Aires, donde continuó su tratamiento hasta recibir el alta. Desde el primer momento, tanto su familia como las instituciones médicas optaron por mantener un fuerte hermetismo y priorizar la confidencialidad, evitando detalles innecesarios sobre su evolución clínica.
Ya en su casa, Petersen dio algunas señales más de su recuperación, siempre con bajo perfil. Días después del alta, compartió una imagen de su almuerzo: un caldo desgrasado de pollo con fideos cabello de ángel, pechuga, cubos de queso y medio huevo cocido durante siete minutos. El gesto, mínimo y cotidiano, fue leído como una manera de volver a conectar con lo que mejor sabe hacer, pero desde un lugar mucho más pausado. Incluso detalló el tiempo exacto de cocción del huevo, un guiño a su faceta pedagógica y a la pasión intacta por la cocina.
En otra publicación, mostró un diploma otorgado por la Fundación Temaikén al programa Los Petersen Cocineros, que realiza junto a su hermano Roberto, por su aporte a la protección de la naturaleza durante 2025. Ese reconocimiento funcionó también como una señal de continuidad, aunque sin apurar tiempos ni anticipar un regreso inmediato a la actividad televisiva.
Su primera comunicación directa tras la internación fue tan escueta como optimista: “Buenas, buenas. Suave, sin prisa pero sin pausa… A seguir”. El mensaje recibió cientos de comentarios de apoyo, tanto de colegas como de seguidores, que celebraron verlo nuevamente activo, aunque sea en pequeñas apariciones.
Por ahora, no hay confirmaciones sobre cuándo volverá a trabajar ni si retomará proyectos en el corto plazo. Todo indica que la prioridad es la recuperación progresiva, bajo control médico y lejos de la exposición mediática que caracterizó buena parte de su carrera. La imagen en el jardín, caminando entre plantas, sintetiza ese presente: introspectivo, silencioso y enfocado en sanar.
Sin grandes anuncios ni declaraciones, Petersen eligió mostrarse tal como está hoy. Más flaco, más calmo y atravesando un proceso de reconstrucción personal que recién comienza. Un primer paso visible que llevó tranquilidad a su entorno y a su público, y que dejó en claro que la recuperación avanza, día a día, sin prisa pero con firmeza.