Julio Bocca: “La danza me dio la vida, me protegió y fue mi coraza”

A horas de presentar un nuevo espectáculo en Buenos Aires el prestigioso bailarín recibe a Teleshow y reflexiona sobre la importancia de la cultura y los valores en la sociedad. Además cuenta cómo la pandemia lo hizo revalorar su lugar en la danza y confiesa que alguna vez tuvo una mala función: “Empecé a llorar en el camarín porque sentía que había engañado al público”

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Julio Bocca: "Soy un privilegiado, vivo bien. No te voy a decir que como un futbolista, pero estoy bien"

“Soy un hombre feliz y agradecido”, asegura Julio Bocca, el prestigioso bailarín que pisó los mejores escenarios del mundo donde es ovacionado y hoy se presenta nuevamente como director artístico en la Argentina.

Los primeros pasos los dio en la escuela de baile de su madre y nunca más paró. Con solo 8 años ingresó al Instituto Superior de Artes del Teatro Colón y a los 18 años obtuvo el primer premio en el V Concurso Internacional de Ballet de Moscú, el certamen de danza clásica más importante del planeta.

Instalado junto a su pareja en Montevideo, Bocca dirige el Ballet Nacional del Sodre y disfruta de su rol de maestro mientras retoma los viajes por el mundo y planifica el documental de su vida, pero no por eso deja de pensar en el presente de su país: “Hay que cambiar la cultura desde pequeños, saber que si opinás diferente está bien, tener gobernantes que vayan a gobernar y no que piensen en cuánto falta para la próxima elección”.

Hoy, Bocca recibe a Teleshow desde el Teatro Coliseo. Esta noche, sobre ese escenario, se realizará la celebración de Ástor Piazzolla, en el marco del saludo de fin de año que hace el Cónsul General de Italia en Buenos Aires. Bocca, junto a Victoria Balanza, son los directores artísticos del espectáculo en el que también tocará Juan Carlos Baglietto y acompañará en la dirección musical Lito Vitale.

Julio Bocca comparte con Teleshow el aprendizaje que le dejó la pandemia: "Estar tranquilo y disfrutar el momentito"

—¿Cómo te encontrás como director artístico y ya no en escena?

—Con los nervios de siempre en diferentes formas. Cuando preparás algo nuevo, en este caso fue bastante, no difícil, pero no poder estar presente porque tenía otras cosas... Uno va viendo y aprendiendo de otra forma.

—¿El director disfruta la noche o la sufre?

—Cuando empieza, hasta ahí no es que lo sufro, estoy nervioso y ansioso. Después, trato de disfrutarlo. Por supuesto, si pasan cosas a uno le da bronca, pero al mismo tiempo el vivo tiene eso: que algo falle, que un bailarín se tropiece...

—¿Pasa esto de pensar cómo lo resolverías si estuvieras vos arriba del escenario?

—Sí, te pasa por la cabeza lo que uno hubiera hecho, pero quizás también en ese momento me puede agarrar una laguna. En esos casos, si pasa algo técnico, tratás de preguntar, ayudar.

—¿Desde dónde lo ves?

—A mí me gusta siempre verlo en la consola al final de la platea, atrás, parado. No me puedo quedar quietito: me muevo, como que voy bailando.

—Tuve la posibilidad de charlar con vos cuando arrancaba esta locura que estamos viviendo. ¿Quedó algún aprendizaje de la pandemia?

—El aprendizaje fue estar tranquilo y disfrutar el momentito que estamos ahora porque no sabés...

—Tenías años y años por delante de una agenda marcada con distintos eventos, shows, espectáculos. El aprendizaje del aquí y ahora debe ser importante.

—Sí, sobre todo que me dio tiempo para mí, y eso quedó. El otro día con Raquel (Flotta, su agente de prensa), no me acuerdo por qué... hubo una discusión o algo así, y le digo: “Tranquila, ahora estoy disfrutando momentos. Si sale sale, si no, no”. Me quedo bien, tomándolo de esa forma.

—Ahora que pudiste retomar los espectáculos y después de tantos años de carrera, ¿seguís disfrutando como siempre?

—Sí, no sabés lo que fue ver un espectáculo en un teatro con gente. En La Scala, de golpe tener a alguien al lado, eso fue como... (risas). “¡¿Qué hacemos ahora?!”. Cantidad de gente en la calle. Milán era impresionante. Estaba sorprendido, y antes era normal. Fue maravilloso volver a estar en eso.

—¿Tuviste alguna mala función?

—Tuve varias, no una (risas). Uno es un ser humano. A veces el público no se llega a dar cuenta pero uno siente que no hizo lo que podía llegar a hacer. Un giro menos o el salto que no fue tan alto, me olvidé de estirar el pie o cosas de partenaire. Terminar una función y sentir que artísticamente no había dado lo que podía dar.

—También tiene que ver con ese nivel de exigencia que te ha convertido en el número uno del mundo. ¿Te fuiste enojado alguna vez?

—Sí, me he ido enojado. Hubo una función de un ballet que escribió Eleo (Eleonora Cassano). Terminó la función y me sentí tan mal porque sentí que era una máquina, que no había sentimiento, no había interpretado, y empecé a llorar en el camarín porque sentía que había engañado al público. Cuando Eleo vino después de la función me dijo: “Esta bueno porque ahí uno va creciendo como artista”. El público igual ni se dio cuenta creo.

Julio Bocca: "Necesitamos gobernantes que vayan a gobernar y no que piensen en cuánto falta para la próxima elección"

—¿Cuándo te diste cuenta de que eras el mejor?

—En esta pandemia. Ver los premios... Cuando estás en la vorágine de hacer, hacer, hacer, no tenés un momento. Ahora encontré un videíto… ¿En el 92 fue? Sí. Era una gala donde estaba Plácido Domingo cantando y nosotros bailando “El día que me quieras”. Después, al final, canté con Gal Costa en el escenario. Uno no dice que es el mejor, simplemente me sorprendí de todo lo que hice.

—¿Qué queda del nene de Munro?

—Todo: el barrio siempre está. Sigo en contacto con mis amigos. Es lindo tener ese recuerdo y mantener ese contacto. No sé hace cuánto que no nos vemos, pero cada tanto te escribís y recordás anécdotas.

—Estés trabajando en el documental de tu propia vida. ¿Estás muy encima del tema?

—Como la canción: quiero que sea “A mí manera”, no que alguien diga lo que vio, sino como yo lo viví.

—¿Arranca en la infancia con esa familia que acompañó siempre? Qué importante es el rol de la familia.

—Es muy importante no solo para alguien que quiera hacer ballet sino en general. Saber que tenés una madre, un abuelo, una abuela, una hermana que están ahí siempre es lo principal, porque de ahí salen los valores.

—Pareciera más fácil o más común que una familia acompañe cuando el hijo quiere ser contador. Pero una carrera artística y de semejante exigencia...

—En mi familia la parte artística siempre estuvo, eso ayudó. Al mismo tiempo, estamos en épocas donde ya está, no sigamos con la misma situación. Hagamos el cambio incluso desde los gobernantes. Tomen en valor lo que es el arte, no es un hobby. Si un niño que empieza la edad escolar dentro de la currícula tiene una horita de danza, de canto, de teatro... Y si ves que le interesa, sentarse a hablar con los padres, decirles. No está dentro del pensamiento y eso ayudaría a ser mejores como sociedad.

—La importancia de la cultura en una sociedad y en un país.

Destrabás todas las discriminaciones, cosas que todavía seguimos...

—Hay quien plantea que un país con las crisis económicas que atraviesa la Argentina no debería destinar ciertas partidas presupuestarias a la cultura.

—Yo creo que sí. Estoy hablando de la educación. Merece tener un presupuesto más amplio. Imaginate un niño que haga una hora de danza y después, una hora de fútbol. Que sea algo normal, no visto como un hobby o que no podés vivir de eso.

—¿Cómo nos ves en materia de cultura comparados con el mundo?

—Tenemos una cultura muy rica separada, no es una unión, pero las cosas que se hacen acá son increíbles, y los talentos que hay... En eso estamos muy bien posicionados, pero no en lo que vale ese trabajo: el trabajo del niño, cómo incentivarlo, cómo entrar dentro de la sociedad.

—¿Cómo es la relación de Julio Bocca con el baile abajo de un escenario? Te invitan a un casamiento, ¿bailás un reggaeton?

Julio Bocca baila cuando tomó unas copas de más (risas). Soy bastante más tranquilo, me muevo en la silla pero no...

—Sos el que agita desde la silla.

—Sí, soy más ese. Si es una fiesta de amigos, sí, sale todo: música, danza.

—No imagino la resaca del día siguiente.

—No es el día siguiente: son como dos o tres días. Ahora intento hacer fiesta los viernes, cosa de tener el sábado tengo y el domingo para llegar al lunes fresco (risas).

—Causó sensación tu pico con Jey Mammón el otro día. En realidad, los picos.

—Bueno, porque me dijeron que no se había visto. Dije: “Si no lo vieron, está”. Si hubiera sabido no lo repetía.

—¿Hubo reclamo en casa?

—No, todo bien, todo bien.

—Ustedes llevan 14 años de pareja ¿Te acompaña en los viajes o se queda?

—Cuando puede, acompaña. Sí, 14... Es un montón pero, por suerte, bien. Toco madera.

—14, y con una pandemia en el medio.

—Sí, fue difícil porque con los viajes tenés un respiro.

—¿Sigue rondando en algún lugar la fantasía de tener un hijo?

—Sigue, pero no tanto como antes.

—¿Hoy te sentís un hombre feliz?

—Sí, feliz, agradecido.

—La pandemia también permitió parar la pelota y darse cuenta de que uno es un privilegiado.

—Totalmente. Uno ha hecho una carrera privilegiada donde, a pesar de todo esto, se levanta y enseguida vuelve a tener trabajo y los reconocimientos que te van haciendo. Soy un privilegiado, vivo bien. No te voy a decir que como un futbolista, pero estoy bien: pude mantenerme en esta pandemia.

—¿Cómo encontrás a la Argentina?

—La encontré linda; es linda. Pero llegué recién e hice lo que tenía que hacer y el tráfico sigue igual.

—No es lo único que sigue igual. Somos cíclicos: estamos de vuelta en una crisis, hablando de dólares, peleados entre nosotros...

—No podemos cambiar esa parte de la cultura. El respeto de los valores, de saber que si opinás diferente está bien, tener gobernantes que vayan a gobernar y no que piensen en cuánto falta para la próxima elección. Cosas simples que tienen que venir desde abajo. Tenemos que empezar a dar el cambio nosotros. La familia es muy importante, inculcar esos valores desde chicos. El respeto, la convivencia, el trabajo. El trabajo es salud, alegría, no es obligación, puede ser esas cosas también.

—Le diste todo a la danza. ¿La danza a vos, qué te dio?

—Todo también. Me dio la vida en el sentido, me protegió muchas veces, fue mi coraza. Para avanzar y aprender. Y por suerte, me sigue dando increíbles cosas. Me sigue dando posibilidades de hacer y viajar y de estar con gente y ver cómo en el mundo también hay un respeto dentro de las compañías por mi desde directores y de los teatros increíble, que es maravilloso.

Mirá la entrevista completa:

Agradecimiento: Elisabetta Riva, Director general y artística del teatro Coliseo.

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