La creadora de ChatGPT, OpenAI, perdió durante 2026, al menos 14 altos cargos, entre ellos responsables de operaciones, seguridad, ética y producto. Las reunicias también pasaron en Anthropic. Jacob Coxon, investigador de preentrenamiento que anteriormente trabajó en OpenAI, renunció en 2026 y acusó a ambos laboratorios de “jugar con nuestras vidas” en la carrera por desarrollar sistemas cada vez más autónomos.
El patrón, según expertos consultados por Infobae Tecno, refleja una tensión de fondo: la velocidad con la que avanza la tecnología choca contra la capacidad de las grandes empresas para gestionar sus riesgos.
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Qué implicaciones tiene la renuncia de varios directivos de OpenAI
En abril de 2026, Kevin Weil, Bill Peebles y Srinivas Narayanan anunciaron sus salidas en una sola jornada. Weil había dirigido producto y después la iniciativa OpenAI for Science; Peebles lideraba el equipo de generación de video Sora, y Narayanan era director de tecnología para aplicaciones empresariales.
Ninguno de los tres casos tuvo una explicación única: la compañía atravesaba una reorganización que integraba sus proyectos científicos en otras áreas y concentraba recursos en herramientas para empresas.
César Tejada, director de operaciones en Noventiq Colombia, dijo a Infobae Tecno que ese giro no respondería a una revelación ética repentina de los ejecutivos, sino a que “el negocio de la IA ha ido evolucionando a nivel de riesgos financieros y operativos”, con regulaciones y vigilancia crecientes que afectan la reputación de las compañías.
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Jose Ignacio Diaz, Senior Research de IDC a nivel global, coincide en que las salidas no deben leerse de forma aislada: “Desde una perspectiva de mercado es esperable que, a medida que aumenta la autonomía de estos sistemas de decisión digitales y el mayor desarrollo en torno a ellos, se intensifique el debate sobre límites, controles y responsabilidades”.
Por qué se dan renuncias en equipos de ciberseguridad
Jan Leike, codirector del equipo de Superalignment, renunció en mayo de 2024 y afirmó que estaba en desacuerdo con la dirección sobre las prioridades fundamentales de OpenAI, porque los procesos de seguridad habían quedado relegados frente a los “productos brillantes”.
En 2026, Johannes Heidecke, responsable de sistemas de seguridad, y Chloé Bakalar, líder de ética en inteligencia artificial, dejaron la compañía mientras OpenAI reorganizaba sus equipos para integrar la seguridad con la investigación.
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Luis Manuel Faviani, Chief Business Officer de Xertica.ai, señaló a Infobae que la falta de marcos claros desde el inicio explica parte de esta tensión: “Deberíamos de tener marcos de trabajo de cuáles son los alcances que van a tener los agentes, cómo desarrollan, cómo son los ambientes de prueba”, y subrayó la necesidad de mantener control humano antes de liberar nuevas versiones.
Por qué se prioriza la velocidad de avance en lugar de la mitigación de riesgos
Para Tejada, el desarrollo acelerado de estas tecnologías responde a una lógica propia de las startups de Silicon Valley, resumida en la frase “Muévete rápido y rompe cosas”: el foco inicial está en la velocidad y la masificación del uso, no en la prevención de riesgos.
“Hasta que una compañía o una iniciativa no escala y no se vuelve financieramente viable, puede quedar en la estantería y nunca darse en la realidad como un negocio”, explicó. Esa dinámica prioriza el retorno económico para los accionistas antes que el impacto de largo plazo sobre las personas.
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Faviani coincide en que buena parte del problema surgió porque las empresas adoptaron la inteligencia artificial “por el tema del FOMO”, sin haber definido primero políticas claras de desarrollo, uso y acceso a los datos.
Advirtió que la seguridad y la privacidad se volvieron prioritarias recién cuando las organizaciones detectaron que datos sensibles quedaban expuestos al usar herramientas gratuitas sin control, lo que llevó a incorporar capas técnicas adicionales, como repositorios de datos verificados y sistemas de validación humana antes de aceptar cualquier respuesta generada por estos modelos.
Asimismo, Sam Altman, fundador de OpenAI, reconoció recientemente que la industria, incluida OpenAI, ha hecho un “trabajo terrible” al explicar los beneficios de la inteligencia artificial y cómo mitigar sus efectos negativos.
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Cómo va a evolucionar la inteligencia artificial en los próximos años
Según Díaz, el fenómeno de la inteligencia artificial está en una transición más amplia: “De tecnologías que registraban y analizaban información a sistemas capaces de recomendar, decidir y ejecutar”.
De acuerdo con sus proyecciones, hacia 2030 existirán unos 86 millones de agentes de inteligencia artificial activos, y hacia 2029 estos ejecutarán alrededor de 217.000 millones de acciones diarias, mientras las organizaciones ya destinan cerca del 17% de su inversión en IA a seguridad y gobernanza.
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