Nuevamente un vehículo autónomo de Tesla está involucrado en un choque. La empresa reconoció el accidente que sucedió en Huston, Estados Unidos, en el que el auto golpeó un árbol.
La empresa aseguró que el hecho se presentó mientras el vehículo era conducido por un operador a distancia, quitando responsabilidad a la inteligencia artificial encargada del sistema.
Cómo fue el accidente del robotaxi de Tesla en Houston
El caso quedó registrado ante la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras de Estados Unidos (NHTSA, por sus siglas en inglés). Según la información oficial, el accidente sucedió en mayo en una calle residencial sin salida de Houston, donde un robotaxi Model Y de Tesla se había quedado atascado.
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Para resolver la situación, un operador humano tomó el control del coche de manera remota, con el objetivo de sacar el vehículo de la calle.
Durante la maniobra, el coche avanzó por una pendiente cubierta de hierba. Mientras el operador seguía intentando recuperar el control del coche, el vehículo impactó contra un tocón de árbol oculto. El coche circulaba a poco más de 3 km/h en el momento del impacto, lo que derivó únicamente en daños materiales menores: no fue necesario activar airbags, no hubo heridos y tampoco se requirió llamar a una grúa.
Tesla especificó por primera vez en sus informes que el conductor era un “operador remoto”, lo que representa un cambio en la política de comunicación de la empresa, ya que hasta ahora no reconocía públicamente la intervención humana a distancia en este tipo de incidentes.
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Antecedentes y patrón de choques con operadores remotos
Este no es el único accidente de un robotaxi de Tesla en el que un operador remoto es responsable directo. Según los datos divulgados, ya son tres los accidentes confirmados de este tipo.
En uno de los casos anteriores, ocurrido en julio de 2025, un teleoperador tomó el control porque el sistema autónomo no avanzaba; aceleró, giró a la izquierda y subió el coche por el bordillo hasta estrellarse contra una valla metálica a 13 km/h. En enero de 2026, otro supervisor solicitó ayuda de navegación; el operador remoto tomó el control y chocó contra una barrera temporal de obras a 15 km/h.
En los tres casos, la intervención remota se produjo en lugares sin tráfico peligroso, con el coche circulando a baja velocidad. Sin embargo, todos terminaron en colisión.
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Esto ha abierto interrogantes sobre la viabilidad y seguridad real de la conducción remota en vehículos autónomos. Cada vez que un operador remoto interviene, la probabilidad de accidente parece aumentar, aunque los incidentes han resultado leves y no han provocado víctimas.
Hasta hace poco, Tesla mantenía un alto grado de secretismo respecto a los accidentes de sus robotaxis. La compañía se negaba a publicar los detalles de cada incidente, a diferencia de competidores como Waymo, Zoox o May Mobility, que sí lo hacían.
Tesla argumentaba que liberar esa información podría causarle “daño financiero”. Sin embargo, la presión del mercado y la práctica de la competencia forzaron a la empresa a divulgar los informes.
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Los desafíos de la conducción remota y la autonomía real
El caso de Houston pone de manifiesto un aspecto poco discutido en el desarrollo de los robotaxis: la teleoperación sigue siendo un recurso necesario cuando los sistemas autónomos fallan o no pueden resolver situaciones complejas, como quedar atascados en una calle sin salida.
Sin embargo, conducir un coche a distancia presenta retos técnicos, como la latencia en la conexión, la limitada percepción del entorno y la falta de sensación física sobre el vehículo.
Mientras que empresas como Waymo han optado por limitar al máximo la intervención remota directa, Tesla ha permitido que sus operadores tomen el control total del vehículo en situaciones de emergencia, lo que ha desencadenado estos accidentes. La diferencia de enfoque revela los riesgos y dificultades que aún enfrenta el sector para alcanzar una autonomía total y segura.
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