La escena se repite en muchos hogares: padres en su celular distraidos de todo lo que está pasando a su al redor, mientras su hijo intenta llamar su atención. Una situación que parece inofensiva, pero que tiene efectos poderosos en los menores.
Un estudio reciente realizado por el Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare en Pensilvania advierte que esta situación puede tener consecuencias en la seguridad emocional y el desarrollo de los adolescentes. Las conclusiones apuntan a una relación directa entre la distracción parental por dispositivos móviles y el surgimiento de estilos de apego inseguros en los menores.
Cómo los hijos ‘pagan’ la distracción de los padres
El uso habitual del celular por parte de los adultos no solo redefine la dinámica familiar, sino que también introduce nuevas fuentes de inseguridad en los hijos. Según el estudio, los adolescentes que sienten que deben competir con el teléfono de sus cuidadores por atención presentan más probabilidades de desarrollar un estilo de apego inseguro.
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Esto implica que pueden volverse ansiosos y dependientes en las relaciones afectivas, o bien, distantes y evasivos para protegerse de posibles rechazos.
El apego inseguro, definido como un vínculo emocional disfuncional originado en la infancia por la inestabilidad o la ausencia emocional de los cuidadores, se vincula con una peor salud mental y mayores dificultades para mantener relaciones sanas.
En contraste, el apego seguro está relacionado con relaciones personales más satisfactorias y un mayor bienestar general. La investigación subraya que el apego es un mecanismo maleable: incluso si un niño ha desarrollado inicialmente un apego seguro, este puede transformarse en inseguro durante la adolescencia si percibe una disminución en la disponibilidad emocional de sus padres.
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Uno de los aspectos más llamativos del trabajo es la percepción subjetiva de los adolescentes. Muchos relatan que sus padres muestran una atención fragmentada, interrumpida continuamente por las notificaciones o el uso constante del móvil.
Tal como relata Don Grant, uno de los autores del estudio, hace una década comenzó a notar conductas preocupantes en la relación de sus pacientes adolescentes con los dispositivos de sus padres: “Mis pacientes adolescentes, muy inseguros, comenzaron a compartir sus sentimientos negativos sobre esos mismos comportamientos. Estos también fueron presentados por los niños durante nuestras sesiones de terapia familiar”.
La preocupación no solo se limita a la consulta clínica. Una colega de Grant, psicóloga clínica, le transmitió una inquietante anécdota familiar: su propia hija le preguntó si quería más a su teléfono que a ella. Este tipo de preguntas ilustra el peso que adquiere la percepción de los hijos sobre las prioridades emocionales de sus padres y cómo puede afectar su autoestima y seguridad personal.
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Para llegar a esta conclución, el equipo de Newport Healthcare diseñó una herramienta específica: la llamada “escala de interferencia del apego a los dispositivos”. Esta escala evalúa cómo los hijos perciben el uso de dispositivos por parte de sus padres y hasta qué punto sienten que esto afecta la atención, la disponibilidad emocional y la calidad de las interacciones familiares.
Los investigadores reclutaron una muestra representativa de 600 adolescentes de Estados Unidos, de entre 12 y 17 años, quienes completaron encuestas sobre su estilo de apego y su experiencia respecto al uso de dispositivos de sus padres.
Los resultados fueron contundentes: los adolescentes que obtuvieron puntuaciones más altas en la escala reportaron niveles significativamente superiores de apego inseguro, tanto en su variante ansiosa como en la evitativa.
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Según Grant, “el hecho de que nuestros resultados fueran tan significativos en todos los ámbitos significa que este problema parece ser mucho más frecuente”.
La investigación advierte que los millennials, considerados la primera generación “nativa digital”, pueden ser especialmente vulnerables a desarrollar dependencia de sus dispositivos.
Cuáles son los efectos a largo plazo en la salud mental adolescente
El impacto de un apego inseguro no se limita a la infancia o la adolescencia. Estudios previos y el propio trabajo del Newport Healthcare Innovation Center corroboran que los patrones de apego formados en la niñez y la adolescencia influyen en la capacidad de los individuos para establecer relaciones afectivas saludables en la adultez, así como en su bienestar psicológico general.
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Un adolescente que percibe a sus padres como emocionalmente indisponibles o distraídos puede desarrollar ansiedad ante la posibilidad de rechazo o abandono.
Algunos tenderán a buscar constantemente la aprobación y la cercanía de los demás, mientras que otros optarán por distanciarse y evitar los vínculos íntimos para protegerse del dolor emocional. Estos estilos de apego se asocian con una mayor prevalencia de trastornos de ansiedad, depresión, dificultades de socialización y baja autoestima.