Una quemadura solar fue el punto de partida para una investigación que podría cambiar el futuro del almacenamiento energético. La profesora Grace Han, de la Universidad de California, desarrolló junto a su equipo un sistema molecular experimental capaz de capturar y liberar energía térmica inspirado en las reacciones químicas que ocurren en el ADN humano cuando se expone al sol.
El estudio, publicado en febrero de 2026, propone una nueva aproximación a los llamados sistemas MOST (Molecular Solar Thermal Energy Storage), una tecnología que busca almacenar energía solar en moléculas que cambian de forma y liberan calor posteriormente. La investigación ha despertado interés porque logró alcanzar una densidad energética superior a la de algunas baterías de iones de litio actuales utilizadas en celulares y vehículos eléctricos.
La idea nació cuando Han se mudó desde Boston hacia el sur de California y comenzó a experimentar una exposición solar más intensa. Esa experiencia cotidiana la llevó a investigar cómo el ADN humano responde a la radiación ultravioleta y cómo ciertas moléculas dañadas por el sol modifican temporalmente su estructura.
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Inspiración en los mecanismos naturales del ADN
Durante su investigación, Han observó que algunos procesos biológicos presentes en organismos vivos podrían servir como modelo para almacenar energía. En particular, se interesó por el funcionamiento de enzimas como la fotoliasa, encargada de reparar moléculas alteradas por la radiación solar.
Según explicó la científica, los seres vivos llevan millones de años perfeccionando mecanismos moleculares altamente eficientes, por lo que la naturaleza ofrecía una referencia ideal para desarrollar nuevos sistemas energéticos.
El resultado fue la creación de moléculas extremadamente pequeñas capaces de almacenar grandes cantidades de energía térmica por unidad de masa. Durante las pruebas de laboratorio, el sistema logró almacenar suficiente energía como para hervir rápidamente una pequeña cantidad de agua dentro de un vial experimental.
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El estudio reportó una densidad energética de 1,65 megajulios por kilogramo, una cifra que supera a la de algunas baterías de litio comerciales actuales. Además del trabajo experimental, el proyecto contó con simulaciones computacionales desarrolladas por el investigador Kendall Houk y su equipo, quienes ayudaron a predecir el comportamiento químico de las moléculas utilizadas.
Cómo funciona la tecnología MOST
Los sistemas MOST funcionan mediante moléculas fotosensibles que cambian de estructura cuando absorben luz solar. Ese cambio molecular permite almacenar energía química durante largos periodos sin pérdidas importantes.
Posteriormente, la energía puede liberarse nuevamente en forma de calor mediante distintos procesos químicos. A diferencia de las baterías tradicionales, estos sistemas no almacenan electricidad directamente, sino energía térmica.
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Uno de los principales atractivos de esta tecnología es que podría conservar energía durante años o incluso décadas. El investigador Kasper Moth-Poulsen, especializado en MOST, destacó que la principal ventaja del sistema es que “opera sin quemar nada”, lo que podría ayudar a reducir el uso de combustibles fósiles.
Los científicos creen que estas soluciones podrían utilizarse especialmente en calefacción doméstica, un sector que todavía depende ampliamente del gas y otros combustibles contaminantes.
Los desafíos que aún enfrenta el sistema
Pese a los avances, la tecnología todavía enfrenta limitaciones importantes antes de llegar a aplicaciones comerciales.
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Actualmente, el sistema necesita radiación ultravioleta de aproximadamente 300 nanómetros para activarse, un tipo de luz solar que llega en cantidades reducidas a la superficie terrestre. Además, la liberación de la energía almacenada todavía depende del uso de ácido clorhídrico, una sustancia corrosiva que requiere neutralización posterior.
El investigador John Griffin señaló que la dependencia de radiación ultravioleta intensa representa uno de los principales obstáculos para escalar esta tecnología.
Por otro lado, Harry Hoster explicó que las moléculas fotosensibles necesitan distribuirse en capas extremadamente delgadas para que la luz pueda penetrar de forma uniforme, lo que añade complejidad técnica y costos industriales.
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Actualmente, varios grupos de investigación trabajan en versiones sólidas del sistema. Entre las aplicaciones futuras aparecen recubrimientos transparentes para ventanas capaces de liberar calor, reducir condensación o calefaccionar ambientes utilizando únicamente energía solar almacenada.
Aunque el desarrollo aún se encuentra en una fase experimental, especialistas consideran que el potencial científico de la tecnología MOST es considerable y podría convertirse en una alternativa relevante para el almacenamiento energético del futuro.