Dos incidentes en tres meses: qué pasa en SpaceX con explosiones en el espacio

El incidente generó una nube de fragmentos a 560 kilómetros de altura, según LeoLabs

Un satélite de SpaceX explotó en el espacio y sus restos se desintegrarán en la atmósfera. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración

La seguridad en la órbita baja terrestre vuelve a estar bajo escrutinio tras confirmarse que el satélite Starlink 34343, operado por SpaceX, sufrió una anomalía crítica el 29 de marzo de 2026 que provocó su destrucción parcial y la generación de una nube de fragmentos en el espacio.

El incidente, ocurrido a unos 560 kilómetros de altitud, derivó en la pérdida total de comunicación con la unidad, lanzada en mayo de 2025. De acuerdo con datos de LeoLabs, el evento fue clasificado como una “creación de fragmentos”, término técnico utilizado para describir la liberación de múltiples piezas desde un objeto en órbita.

Los radares de seguimiento detectaron decenas de fragmentos desprendiéndose casi de inmediato, lo que apunta a una falla interna más que a una colisión externa.

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LeoLabs logró detectar que un satélite de SpaceX explotó en el espacio.

Una anomalía sin causa confirmada

Las investigaciones preliminares descartan un impacto con otros objetos o basura espacial. Según el análisis de LeoLabs, la causa más probable sería una “fuente energética interna”.

Entre las hipótesis que se manejan se encuentran fallos en el sistema de propulsión —específicamente en el tanque de argón a alta presión utilizado para maniobras orbitales— o problemas térmicos en las baterías del satélite. Este tipo de fallas puede desencadenar liberaciones de energía que terminan fragmentando la estructura.

A pesar de la magnitud del evento, los expertos estiman que la mayoría de los restos se desintegrarán en la atmósfera en pocas semanas debido a la relativamente baja altitud en la que ocurrió el incidente.

Satélite de Starlink, operado por SpaceX, fue captado mientra caía.

Un patrón que genera preocupación

El caso no es aislado. El 17 de diciembre de 2025, otro satélite de la constelación Starlink —el 35956— experimentó una anomalía similar que derivó en su fragmentación antes de reingresar a la atmósfera.

La repetición de estos incidentes en un periodo de apenas tres meses ha despertado inquietud en la comunidad científica, especialmente considerando la escala del proyecto. Actualmente, SpaceX opera más de 10.000 satélites activos y tiene planes de ampliar aún más su red, lo que incrementa la probabilidad estadística de eventos de este tipo.

Impacto en la órbita baja terrestre

Aunque la empresa ha asegurado que los fragmentos no representan un riesgo inmediato para la Estación Espacial Internacional ni para misiones en curso como Artemis II, el incidente pone en evidencia un problema creciente: la congestión en la órbita baja terrestre.

Los restos del satélite no representan un peligro para las naves que se encuentran en órbita. REUTERS/Gabriel V. Cardenas

Durante marzo de 2026, los satélites de Starlink registraron al menos nueve eventos de proximidad con otros objetos. Uno de los más críticos involucró el paso de un satélite a apenas nueve metros de una unidad china, lo que ilustra el nivel de saturación actual en esta región del espacio.

La acumulación de objetos en órbita aumenta el riesgo de colisiones y la generación de más basura espacial, un fenómeno conocido como síndrome de Kessler, que podría complicar futuras misiones si no se controla adecuadamente.

Medidas para mitigar riesgos

Ante este escenario, SpaceX ha puesto en marcha estrategias para reducir el impacto potencial de fallas en sus satélites. Una de las principales medidas consiste en bajar la altitud operativa de aproximadamente 4.400 unidades, pasando de 550 a 480 kilómetros.

SpaceX no ha revelado información sobre las causas de la explosión de uno de sus satélites en el espacio. REUTERS/Gabriel V. Cardenas

El objetivo es que, en caso de fallos, los satélites reingresen más rápidamente a la atmósfera y se desintegren, evitando que permanezcan como basura espacial durante largos periodos.

Este enfoque busca mitigar los riesgos asociados a la creciente densidad de objetos en órbita, aunque no elimina completamente la posibilidad de incidentes.

Un desafío para la industria espacial

El nuevo evento refuerza el debate sobre la sostenibilidad de las megaconstelaciones de satélites. Si bien estos sistemas han revolucionado el acceso a internet global, también plantean desafíos técnicos y regulatorios en materia de seguridad orbital.

SpaceX buscará reducir la cantidad de satélites que tiene en baja órbita. REUTERS/Steve Nesius/File Photo

La recurrencia de anomalías como las registradas en los últimos meses evidencia la necesidad de mejorar los sistemas de monitoreo, prevención y respuesta ante fallos en el espacio.

A medida que más actores ingresan a la órbita baja terrestre, la coordinación internacional y el desarrollo de estándares más estrictos serán clave para garantizar la seguridad de las operaciones espaciales en el largo plazo.

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