Las redes sociales y las plataformas digitales moldean cada vez más la manera en que nos relacionamos, tomamos decisiones y comprendemos la sexualidad.
Durante 2025, ciertos hábitos y prácticas virales se instalaron entre los usuarios, pero especialistas de Boston Medical advirtieron que algunas de estas tendencias pueden tener efectos negativos en la vida íntima y emocional. Reconocerlas y tomar distancia es clave para preservar el bienestar y la salud sexual.
A continuación, un repaso por las cinco tendencias digitales más problemáticas del año y por qué los expertos recomiendan evitar o cuestionar su influencia.
1. Ghosting: desaparecer sin explicación
El ghosting, o la práctica de cortar contacto de forma repentina y sin aviso en relaciones afectivas, se ha vuelto común en redes sociales y aplicaciones de citas. Aunque siempre han existido personas que se alejan sin explicaciones, las plataformas digitales han facilitado este comportamiento, que deja a la otra parte sin respuestas ni cierre emocional.
Según los especialistas, el ghosting impide el desarrollo de relaciones sanas al bloquear el diálogo y la resolución de conflictos, lo que puede provocar ansiedad, inseguridad y dificultades para confiar en nuevas parejas.
2. Consumo excesivo de contenido para adultos
El acceso ilimitado a contenido para adultos desde cualquier dispositivo ha cambiado la percepción sobre la sexualidad y el cuerpo. Los expertos advierten que el consumo compulsivo de estos materiales puede distorsionar la visión de las relaciones reales, creando expectativas poco realistas y reduciendo la sensibilidad ante estímulos naturales.
Este hábito, al reforzarse en la privacidad y velocidad de los entornos digitales, puede interferir en la intimidad y dificultar la construcción de vínculos afectivos auténticos.
3. Retos y consejos virales sin base científica
Durante 2025, proliferaron retos y desafíos virales relacionados con la sexualidad en redes sociales. Muchos de estos contenidos promueven mitos, desinforman y pueden poner en riesgo la salud. Ejemplos como la creencia de que “no masturbarse aumenta la testosterona” o que “comer piña cambia el sabor del semen” circulan sin respaldo científico.
Los especialistas insisten en la importancia de acudir a fuentes confiables antes de seguir recomendaciones que afectan el cuerpo o la vida íntima, ya que la información errónea puede llevar a decisiones perjudiciales.
4. Seguir tratamientos de influencers sin asesoría médica
El auge de los influencers como referentes en temas de sexualidad ha generado una tendencia preocupante: la automedicación y el uso de potenciadores sexuales sin control médico. Muchos productos promovidos como “naturales” contienen sustancias no declaradas, con riesgos de dependencia y disfunción eréctil.
En varios países, estos suplementos han sido objeto de alertas sanitarias. Los expertos de Boston Medical subrayaron que internet no reemplaza la consulta profesional, y que cualquier tratamiento relacionado con la salud sexual debe ser supervisado por un médico.
5. Manosfera: comunidades que refuerzan estereotipos nocivos
La manosfera engloba grupos y foros en línea que promueven una masculinidad rígida, basada en discursos de odio y misoginia. Aunque prometen empoderamiento y pertenencia, estos espacios refuerzan estereotipos que aíslan y afectan negativamente a quienes los integran.
El consumo de estos contenidos puede dificultar la expresión emocional, perpetuar ideas erróneas sobre género y debilitar la capacidad de disfrutar relaciones saludables y equitativas.
Frente a este panorama, los profesionales de la salud insisten en la necesidad de fortalecer la educación sexual, fomentar el pensamiento crítico ante los contenidos digitales y garantizar el acceso a información médica confiable.
Desarrollar habilidades para discernir entre lo que suma y lo que daña es clave en una época donde las tendencias virales pueden moldear comportamientos y decisiones con impacto duradero.
Adoptar una actitud crítica y responsable frente a las redes sociales permite construir relaciones más sanas, fortalecer el bienestar individual y evitar riesgos innecesarios para la salud sexual y emocional.