Hace una semana, la industria de la tecnología experimentó un vuelco con la noticia imprevista de que OpenAI, la organización detrás de ChatGPT, había optado por desvincularse de Sam Altman como su CEO.
De manera sorpresiva, el ejecutivo fue removido luego de una resolución del consejo administrativo, despertando el interés de Microsoft por incorporar a Altman a sus filas.
No obstante, en un giro inesperado, Altman reapareció en la firma como director ejecutivo, respaldado por un consejo renovado y acompañado por Greg Brockman, co-fundador de OpenAI, quien antes había dejado la empresa.
Desde la salida de Altman de OpenAI, han surgido diversas especulaciones sobre las razones que llevaron al consejo a tomar tal decisión. Se mencionó inicialmente que el desempeño del entonces CEO no se alineaba completamente con las prioridades de la compañía.
Recientemente, un reporte de Techspot ha proporcionado más detalles, indicando que Altman estaba en la búsqueda de capital para un nuevo proyecto vinculado a chips de inteligencia artificial. Esta actividad podría haber representado un conflicto de intereses estratégicos estadounidenses.
Altman en Medio Oriente
Según el medio mencionado, Altman se desplazó hacia el Oriente Medio con el objetivo de captar miles de millones de dólares de inversores importantes. Con ese capital, su meta era desarrollar nuevas unidades de procesamiento sensorial (TPU) optimizadas para manejar de manera eficaz grandes cantidades de datos específicos para inteligencia artificial.
Además, el proyecto de Altman apuntaba a establecer una opción competitiva frente a NVIDIA, empresa estadounidense que ha logrado ingresos récord recientemente debido a sus avances en inteligencia artificial.
Actualmente, Estados Unidos está aplicando restricciones a las empresas que procuran financiación externa para su expansión, con el fin de fortalecer la industria local. Por este motivo, dicha inversión debería ser pasiva, es decir, sin otorgar control o una posición en el consejo de administración, y no debería superar el 10% del total.
Aunque no se ha confirmado que la razón del despido de Altman tenga vinculación directa con estos hechos, el presunto interés manifestado por Altman en crear una nueva entidad podría haber sido un factor decisivo.
El regreso de Altman a OpenAI
La empresa, con sede en San Francisco, anunció el martes 21 de noviembre que Altman iba a regresar como CEO, acompañado de un nuevo consejo inicial conformado por figuras de la talla de Bret Taylor, ex co-CEO de Salesforce; Larry Summers, ex Secretario del Tesoro de EEUU; y Adam D’Angelo, CEO de Quora.
Este movimiento sorpresivo fue después de un fin de semana de intensas disputas internas y creciente presión de los inversores de la startup, tras la abrupta destitución de Altman el 17 de noviembre.
“Hemos alcanzado un principio de acuerdo para que Sam vuelva a OpenAI como director ejecutivo con un nuevo consejo formado por Bret Taylor (presidente), Larry Summers y Adam D’Angelo”, publicó la firma en la plataforma X.
La situación se complicó aún más cuando Microsoft, que ha invertido miles de millones en OpenAI y posee derechos sobre su tecnología, intervino rápidamente. El gigante tecnológico contrató a Altman el 20 de noviembre, así como a otro cofundador y ex presidente de OpenAI, Greg Brockman, quien había renunciado en protesta por la salida de Altman.
La decisión de Microsoft avivó la llama en OpenAI, con cerca de 770 empleados firmando una carta exigiendo la renuncia de la junta directiva y el regreso de Altman.
“Me encanta OpenAI, y todo lo que he hecho en los últimos días ha sido para mantener unido a este equipo y su misión. Cuando decidí unirme a Microsoft el domingo por la tarde, estaba claro que era el mejor camino para mí y para el equipo”, dijo Altman en la red social X.